Polesello: retrato del artista que se adelantó a todas las épocas

A un año de su muerte, Malba presentará el jueves 120 obras fundacionales de su larga carrera
Celina Chatruc
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23 de junio de 2015  

Parecía una estrella de Hollywood. Como un Al Pacino criollo, a los 30 años Rogelio Polesello posaba para las revistas con mirada seductora, recostado sobre un sillón inflable en el living de su casa, o junto a dos modelos que asomaban entre coloridos objetos de acrílico. Apenas una parte de la extensa producción de arte óptico que lo hizo famoso a nivel internacional, y que ya integraba colecciones de importantes museos como el MoMA y el Guggenheim de Nueva York.

Con esas imágenes se encontraron Verónica Rossi y Josefina Barcia cuando abrieron decenas de cajas en la casa de Belgrano donde el artista trabajó hasta su muerte, el año pasado. El equipo enviado por el Malba preparaba entonces la muestra antológica que el museo porteño inaugurará pasado mañana, con las obras fundacionales de una carrera que abarcó más de cinco décadas.

"A los 20 años ya era considerado un niño prodigio por los principales críticos de la época", dice a LA NACION la curadora Mercedes Casanegra en la primera sala del recorrido, que sorprende con los trabajos menos conocidos de Polesello. Aquellas témperas, tintas, óleos y monocopias con formas geométricas que realizó a fines de la década de 1950, recién egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Es evidente su admiración de entonces por Victor Vasarely, padre del Op Art, a quien Jorge Romero Brest dedicó una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1958.

"Esa época estuvo marcada por el furor del informalismo, el pasaje entre la modernidad y la contemporaneidad. Pero estas obras ya son contemporáneas", opina Casanegra mientras avanza hacia un imponente mural nunca antes exhibido. Realizado entre 1960 y 61, Signos de arena permaneció hasta ahora en la casa de San Telmo del arquitecto Antonio Morello, radicado en Nueva York.

"Mientras colegas como Kenneth Kemble y Luis Wells integraban trapos o elementos de metal en las obras, Polesello usó chapas como matrices para crear tramas con la pintura", señala Victoria Giraudo, coordinadora ejecutiva de curaduría del Malba, en el segundo sector de esta muestra destinada a jerarquizar a uno de los principales artistas argentinos. En esa misma línea, el museo fundado por Eduardo Costantini dedicó sus principales salas a Víctor Grippo, Oscar Bony, Marta Minujín y Antonio Berni, entre otras figuras clave.

Vestido de negro y con zapatillas deportivas flúo, Agustín Pérez Rubio entra ahora como un torbellino y se disculpa con acento español por su paso fugaz mientras supervisa los últimos detalles de una producción que demandó casi tres años y que incluirá un libro/catálogo de 400 páginas. El director artístico del Malba parece entusiasmado con el legado que heredó de la gestión anterior, a cargo de Marcelo Pacheco.

Los nervios irán in crescendo hasta horas antes de la inauguración, cuando lleguen desde Bogotá las piezas que completarán las 120 provenientes de colecciones privadas y de otros museos como el Nacional de Bellas Artes (MNBA) y los de Arte Moderno (Mamba) y Contemporáneo (Macba) de Buenos Aires. Y no cederán hasta el cierre de la muestra, el 12 de octubre, ya que está prevista una convocatoria similar a la lograda con las de Andy Warhol, Julio Le Parc y Yayoi Kusama.

Una vez más, las redes sociales jugarán un papel clave. Acompañadas por el hashtag #polesellojoven, seguramente se viralizarán en segundos las imágenes de rostros deformados por los acrílicos transparentes, creados por un hombre que consideró fundamental la participación del espectador en su obra. Y que apeló a los efectos ópticos para multiplicar los puntos de vista, sin discriminar técnicas ni materiales. Desde tapices hasta anillos, tapas de revistas de tejido o murales de gran escala en lugares públicos, Polesello exploró todos los caminos que pudo guiado por su talento y una curiosidad insaciable, sin abandonar jamás su primer amor: la pintura.

"A diferencia de Noé, no le interesaba teorizar. Era un intuitivo absoluto", recuerda Casanegra. Presente en casi todas las inauguraciones de sus colegas, hasta sus últimos días mantuvo el interés por adaptarse a los nuevos tiempos. A los 30 años ya parecía haber encontrado la fórmula del éxito, luego de que el premio Esso y su participación en la Bienal de San Pablo le abrieran las puertas de una carrera internacional. Entonces llegó el acrílico, y "Pole" saltó al vacío.

El efecto "ojo de pez" que encontró en el material importado lo llevó a realizar objetos que dialogaran a su vez con otras obras. Una de sus lupas, colocadas sobre El matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck, suma una profundidad infinita al espejo pintado en el siglo XV por el pintor flamenco.

En esos detalles se detuvo Casanegra al preparar esta exposición, que tuvo en cuenta los deseos del propio artista. Por ejemplo al abrir un hueco en la pared de la última sala, para que una de sus obras funcionara como una ventana al exterior.

"Él concebía las placas de acrílicos como arte, aunque después la gente las usara como puertas. En la continuidad de su búsqueda artística abrió el concepto de obra", explica la curadora, parada en el núcleo final de la muestra. Allí donde se reúnen las piezas escultóricas de colores más vivos, y donde el reflejo de su imagen parece reproducirse hasta el infinito.

Los lisérgicos años 70 dejaron su huella en estas obras que Polesello realizó con su hermano Osvaldo. Había pasado poco más de una década desde aquellas témperas sobre papel inspiradas en Vasarely. El artista había madurado y, sin embargo, parecía cada vez más joven.

Polesello joven

1958-1974

Inaugura: jueves 25 de junio a las 19, con entrada gratis

Cierra: 12 de octubre

Dónde: Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415)

Redes sociales

Imágenes de la muestra se compartirán con el hashtag #polesellojoven. En Instagram y Facebook ya se puede seguir el montaje día a día

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