
Proponen demoler una capilla histórica
Quieren construir un megatemplo en el barrio de Fisherton
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ROSARIO.- El proyecto de construir un templo de grandes dimensiones en el terreno que hoy ocupa la capilla Cristo Rey en el barrio de Fisherton, que ayer comenzó a ser evaluado por la comisión de Planeamiento del Consejo Municipal, encendió una polémica entre los rosarinos que amenaza con llegar hasta las más altas jerarquías de la Iglesia Católica.
La preocupación de los vecinos se debe a que la iniciativa impulsada por el Arzobispado de Rosario, a partir de una idea del cura párroco Libio Gorza, prevé que, para la construcción de la nueva iglesia, la capilla tendrá que ser demolida, una decisión que -consideran- provoca una pérdida irreparable para el patrimonio urbano y la memoria de la ciudad.
"La gente teme perder uno de los ejemplos de lo que constituye un conjunto urbanístico que se da en pocos lugares del mundo y que refleja un estilo de vida propio, por medio de una edificación armónica que hasta da una satisfacción contemplativa a la vista de la capilla", aseguró Jorge Aletta de Sylvas, profesor de derecho y feligrés de la parroquia.
La capilla Cristo Rey, fundada en 1927, está emplazada en el corazón de una de las más bellas zonas residenciales del municipio. Fue construida siguiendo las líneas trazadas por su entorno, con un espacio abierto de ingreso y rodeada por jardines, que respeta el concepto de "ciudad jardín" desarrollado por el movimiento de artes y oficios del siglo XIX.
Las reducidas dimensiones del templo, que no alcanzan para cubrir las demandas del barrio, son el principal argumento esgrimido por el padre Gorza para la construcción del nuevo templo. El párroco presentó una propuesta que contempla una ampliación de la nave central para que pueda albergar 320 personas sentadas donde hoy caben 70.
"Como si por ser pequeña no fuera un lugar indicado para comunicarse con Dios", enfatizó Aletta de Silvas, que estudió con el urbanista Oscar Monsfeld. Añadió: "La abadía de Westminster en Londres no es más grande que la parroquia de Fisherton, y a nadie se le ocurriría tirarla abajo porque no tiene capacidad para muchas personas".
En 1998, cuando asomó la intención de condenarla a la piqueta, la capilla fue declarada "de interés cultural y patrimonial arquitectónico de Rosario" por el Consejo Municipal, que sugirió la preservación del inmueble. Sin embargo, no se realizó un adecuado mantenimiento del edificio, cuyo estado de conservación dista de ser el esperable por su condición. "Los vecinos le ofrecimos plata al padre para que arregle la capilla porque la está dejando destruir a propósito", se quejó a LA NACION Marcela Atienza.
Detalló luego: "Le cortaron la enredadera que cubría el frente y dejaron las paredes al descubierto para acentuar el deterioro. Hace años que no se pone un peso para el mantenimiento".
En tanto, Javier Travella, uno de los vecinos que apoyan con entusiasmo la iniciativa, señaló: "La iglesia necesita urgente una ampliación. Hoy es una cáscara que se cae a pedazos. El proyecto de remodelación contempla las necesidades que tiene hoy la parroquia. Los que se oponen no participan de la comunidad y están atacando al padre".
Fuerte apoyo al nuevo templo
El grupo que impulsa la construcción del nuevo templo realizó una presentación ante las autoridades municipales avalada por 5000 firmas de rosarinos que apoyan su postura.
"Somos muchos los que pensamos como el padre Gorza y que creemos que Fisherton necesita un templo capaz de albergar a la mucha gente de fe que vive en el barrio", agregó Travella.
El proyecto contempla la edificación de una estructura de tipo radial, con una gran nave hexagonal y cuatro capillas laterales. La reforma apunta a lograr un espacio mayor para las ceremonias religiosas. De la actual construcción sólo quedará en pie el frontispicio, que será trasladado siete metros hacia adelante y oficiará de arco de entrada en el templo.
Los vecinos no se oponen a la construcción de un nuevo templo, sino a la demolición del actual. Incluso, proponen que se levante en un predio, ubicado a pocas cuadras de la locación de la capilla Cristo Rey, que tiene seis hectáreas de extensión y fue adquirido con el aporte de los vecinos para el campo de deportes del Colegio Stella Maris.
La presidenta de la comisión de Planeamiento del Consejo Municipal, Gladys Comba (PJ), apoya la propuesta del Arzobispado: "La capilla se construyó cuando en el pueblo de Fisherton habitaba un puñado de vecinos. Ahora en el barrio, que va más allá de la zona residencial, vive mucha más gente y la iglesia no tiene espacio para albergarlos".
Desde que se planteó la demolición de la capilla dos años atrás las opiniones de los rosarinos están divididas. En aquella oportunidad la cuestión se zanjó cuando se declaró al templo patrimonio histórico de la ciudad y el padre Gorza admitió: "Prefiero morirme sin hacer el templo antes que desunir a la comunidad". Hoy, la historia es otra.





