
Queja de mujer
1 minuto de lectura'
JOSTEIN GAARDER dice haber adquirido en una librería de viejo, aquí en Buenos Aires, una posible copia (siglo XVI) del Codex Floriae . Se trataría de una larga carta dirigida por Floria, inteligentísima mujer, al que después sería san Agustín, por aquel entonces no tan santo. Gaarder afirma: "En otoño de 1996 llevé el manuscrito a Roma, a la Biblioteca del Vaticano, con el fin de conseguir un análisis más preciso. Pero allí me ayudaron poco, más bien al contrario: en el Vaticano sostienen tenazmente que jamás ha existido un Codex Floriae . No me sorprendería que la Iglesia Católica hubiera querido ocultar la carta de Floria si tuvo conocimiento de ella. Naturalmente, me había quedado con una fotocopia del manuscrito, y durante la primavera de 1996 intenté darle forma en noruego".
Pues bien: ahora tenemos la versión española. Se titula Vita brevis y es una epístola que casi podría considerarse una novela, no sabemos si por lo que constituía en sí misma o por aquel "darle forma" de Gaarder . Sea como fuere, se trata de un interesantísimo aporte histórico y literario del autor de El mundo de Sofía , que una vez más se revela como un erudito capaz de hacer llegar con fluidez sus conocimientos al gran público.
Esta "Carta de Floria Emilia a Aurelio Agustín", obispo de Hipona, ha sido escrita después de que la autora ha leído las Confesiones del destinatario. Floria recuerda su pasado junto a Agustín, el sólido amor que los uniera en Cartago, la dureza de Mónica -su suegra-, el viaje a Italia, la adopción del cristianismo como credo, la existencia de un hijo -muerto en la adolescencia- y la separación impuesta contra su voluntad. Todo esto hace a lo que podríamos llamar la "historia", a manera de narración anecdótica. Pero en el fondo hay mucho más: el justificado reproche de la mujer al varón.
Floria toma conceptos de las Confesiones para descubrir que la fuerza de Agustín fue en realidad su debilidad disfrazada, que primero se dejó dominar por su madre y que, desaparecida ella, la reemplazó por Dios. Y que al obligarse a la castidad, el luego santo condenaba en realidad a Eva, a la mujer. Dice: "Has dejado de amar, Aurelio. De igual modo has dejado de disfrutar de la comida, has dejado de oler las flores, y casi has dejado de escuchar el canto de los salmos". Al cerrarse los sentidos se cierra también el alma. Ésta es una parte del mensaje.
El libro contiene numerosas notas que permiten asociaciones e investigaciones para quien quiera realizarlas. No interfieren en la lectura sino que la complementan. Equilibran la ironía de ciertas partes del texto; un texto sumamente interesante en cuanto reinvindica la sensualidad y señala que prejuicios y represiones son caminos sin salida. (Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo; 130 páginas).
Eduardo Gudiño Kieffer
(c)
La Nacion


