Quien esté libre de culpa
IMPOSTURAS INTELECTUALES Por Alan Sokal y Jean Bricmont (Paidós)-315 páginas-($ 27)
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SI es cierto que en algunos ámbitos de las ciencias sociales hay ambigüedad respecto de lo que se entiende por aporte teórico relevante, entonces es posible lograr que se publique en una de sus revistas un desatino. Esto fue lo que hizo Sokal, físico de la New York University. "Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica", es el título de su falso artículo, que fue publicado en un número especial (primavera/verano de 1996) de Social Text , revista dedicada a los cultural studies y editada por Duke University Press. El revuelo se desató cuando Sokal publicó un segundo trabajo en Lingua Franca , revista que difunde las novedades del ámbito académico norteamericano. "¿Pudieron realmente los editores [de Social Text ] no comprender -pregunta Sokal- que mi artículo fue escrito como una parodia?" Luego, explica con riguroso detalle (y también, con rigurosa malicia) las falacias que esconden los argumentos de su pseudoartículo. New York Times, Newsweek, Le Monde , entre otros medios, fueron arena de discusión, polémica, indignaciones y festejos. Nuevamente hubo quien denunció la prepotencia de las ciencias duras y quien denigró en bloque la totalidad de las ciencias sociales.
Finalmente, Sokal, esta vez en coautoría con Jean Bricmont -profesor de física en la Universidad de Lovaina y duro crítico de las incursiones filosóficas del premio Nobel de química, Ilya Prigogine- publicaron el libro Impostures intellectuelles (París, Editions Odile Jacob, 1997), editado el mismo año en Inglaterra y EE.UU. y recientemente en español con el título de Imposturas intelectuales .
"El presente libro -prologan sus autores- se ocupa de la mistificación, del lenguaje deliberadamente oscuro, la confusión de ideas y el mal uso de conceptos científicos". Varios de sus capítulos consisten en la reproducción de largas citas de Jacques Lacan, Julia Kristeva, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, entre otros, acompañadas de comentarios y notas que explican cómo -según Sokal y Bricmont- las nociones científicas que en ellos aparecen (mayoritariamente físicas y matemáticas) se usan de forma errónea, malintencionada o carente de significado.
Ahora bien, si se intenta deslindar el efecto retórico de lo efectivamente expuesto, queda claro que el libro impugna solamente los fragmentos que cita y que los escritos de Lacan o Deleuze -por ejemplo- no resultan de ningún modo afectados en su dimensión de obras.
Otros capítulos se dedican al relativismo epistémico en la filosofía de la ciencia y a las relaciones entre ciencia y filosofía. El círculo de Viena, Popper y otros -sostienen los dos físicos- han intentado codificar el método científico con un fracaso parcial. Es por esta grieta por donde se filtran las diversas formas del escepticismo radical e irracional.
A partir de este salto (para Sokal y Bricmont infundado), intelectuales como Barry Barnes, David Bloor y Bruno Latour -representantes más visibles del llamado "programa fuerte" en sociología de la ciencia- no sólo intentan explicar el contexto social en que se desarrolla la actividad científica sino que, "mucho más ambiciosos", intentan dar cuenta en términos puramente sociológicos del "contenido de las teorías científicas". Como es de esperar de dos físicos que se visten de filósofos, en sus consideraciones metodológicas, gnoseológicas e históricas acerca de la actividad científica, la física funciona como paradigma subyacente del "deber ser".
Para demostrar su ecuanimidad, los autores tal vez deberían publicar una colección de "imposturas" tomadas del hemisferio del conocimiento del cual provienen, como aquella del prestigioso cosmólogo inglés S. Hawking cuando afirma que "si existiera una teoría unificada completa, ésta también determinaría presumiblemente nuestras acciones".
Imposturas intelectuales agrega una batalla más a la interminable guerra de la independencia de las ciencias sociales.




