
Rafael y sus críticos
Para el autor de esta nota, en la obra del gran maestro de Urbino está el germen de la modernidad: un genio en perfecto equilibrio que anticipa tanto el arte figurativo como la abstracción.
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No han faltado, a lo largo de la historia, críticos que se han quejado de que el arte de Rafael Sanzio de Urbino (1483-1520) es demasiado dulce, llegando a lo almibarado. Bien dice Gracián que son "tontos todos los que lo parecen, y la mitad de los que no lo parecen". Prolongación sin duda de la filosofía atribuida al rey Salomón en el Eclesiastés, cuando afirma que el número de necios es incontable.
Giorgio Vasari, el historiador y crítico renacentista, abre su testimonio sobre Rafael en sus Vidas de artistas ilustres con estas palabras: "La liberalidad con que el cielo une en una persona incontables riquezas y todas las gracias y raros dones que suelen ser distribuidos entre varias personas resultan reunidas en Rafael Sanzio de Urbino, tan excelente como liberal, con tanta modestia como bondad, gentil, afable y compañero sin tacha... La mayoría de los artistas tienen algo de alocados que a menudo los hace excéntricos. En Rafael en cambio todo era gracias, diligencia, belleza, modestia y carácter sin mácula. Bien podemos decir que los humanos dotados de tales cualidades nos parecen dioses mortales...". Tal vez por eso la historia hace referencia al maestro de Urbino como "el divino Rafael".
Ya en el siglo XX el gran crítico Berenson nos advierte que, si bien es posible que Miguel Angel tuviese mayor grandiosidad en su arte, Leonardo mayor profundidad y Tiziano más riqueza de color, Rafael estaba dotado de una imaginación visual jamás igualada en amplitud, alcance y cordura. El encarna, para la mayoría de los seres humanos, sus mayores ideales y aspiraciones espirituales. "Bella como una mujer de Rafael" se mantiene como un dicho popular de nuestros días. Tal vez por eso se lo conmemore en Urbino como si fuese un santo patrono, cuando se cumplen sus aniversarios, recordando que su muerte ocurrió un viernes santo de 1520 cuando apenas cumplía 37 años.
Los críticos del surrealismo lo han reclamado entre sus antecedentes, sobre todo por algunos de sus motivos ornamentales. También entre los contemporáneos Hetzer apuntó sus implicancias simbolistas. Una de sus Madonnas resulta tema para una conferencia de Gombrich, que ve en ella la perfección de la concepción estética.
Es interminable la cantidad de juicios que se han vertido sobre el divino Rafael, sin olvidarnos de los prerrafaelistas que, en la búsqueda de fuentes anteriores para su inspiración, terminaron siendo émulos valiosos del maestro de Urbino.
¿Dónde hemos de encontrar el secreto de todas estas loas, a veces ditirámbicas, matizadas con algún maullido? El don supremo de Rafael es su equilibrio, aquello que nos permite decir que los humanos somos humanos, un término estrechamente vinculado con el concepto de pietas . Piedad para con los semejantes y piedad para con los dioses. Todo el esfuerzo de la cultura es para que los humanos sean cada vez más humanos. Los conceptos parecen sencillos; lo que es menos sencillo es traducirlos al plano de nuestras propias vidas.
El genio tiende a descompensarse en otros planos, como lo señaló Vasari. El doble genio de Rafael reside en que mantiene su equilibrio en todos los planos de la realidad, desde la más inmedita hasta la más metafísica.
En una época, al buscar la figura antecedente del arte moderno, la encontré en Cézanne, luego en Goya, luego en Velázquez, hasta que, tras años de rumiar, llegué a la conclusión de que el padre del arte moderno es Rafael Sanzio. Estudiando sus frescos de las cámaras del Vaticano -las célebres loggie que empezó por encargarle Julio II y que luego continuó León X, el papa Médicis-, descubrí en la célebre Escuela de Atenas , así como en el Incendio del Borgo y otras cámaras que terminó con ayuda de discípulos, una modernidad que encierra no sólo el arte figurativo, sino el abstracto de nuestro época.
Se trata de saber mirar, de aprender a mirar. Todo está presagiado allí, desde "la pequeña sensación" de Cézanne hasta la plástica nueva de Mondrian. No en vano uno de los personajes maneja un compás (¿antecedente de MacEntyre?)
Razón y sentimiento, nervio óptico y nervio intelectual; ése es el equilibrio perfecto al que hago referencia. Y por ello el deslumbramiento frente a su persona, tanto como el deslumbramiento frente a su arte.
Que Rafael es cúspide del Renacimiento es una afirmación admitida. Lo que ha sido menos claro es que esa cúspide también es antecedente de todo lo que vendrá después: padre legítimo del arte moderno.
( En el Vaticano y los principales museos del mundo, hasta que dure el mundo civilizado. )




