Recordando a Cary Grant
Por Alfredo Bryce Echenique Para LA NACION -- Lima, 2006
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A veinte años de su muerte, es indudable que Cary Grant continúa siendo un ícono del cine. Murió a los 82 años, dos décadas después de haberse retirado de los escenarios en 1964, tras rodar Apartamento para tres y alejarse para siempre del glamour que lo había acompañado a lo largo de su extensa carrera. Respetando su última voluntad, fue incinerado sin ceremonia alguna en su escondite de Davenport (Iowa). Tampoco se supo nunca el lugar donde su esposa Barbara Harris y su hija Jennifer esparcieron sus cenizas. Fue el epílogo de una carrera que se prolongó durante 35 años. Cary Grant había nacido en Bristol, Inglaterra, y su verdadero nombre fue Archibald Alexander Leach.
Nació pobre, hijo de Elías, un alcohólico adúltero, y de Elsie, que enfermó de la mente cuando perdió a su primer hijo de un año. El médico le dijo que tuviera otro para disminuir su dolor, pero el nacimiento del futuro actor no atenuó la depresión, por lo que fue internada en un psiquiátrico. Cuando Cary, de 9 años, regresó del colegio, su padre le dijo que "mamá estaba de vacaciones". Cary no descubrió la verdad hasta pasados veinte años.
Fue un niño despierto y precoz que quiso ser actor como su abuelo. Recibió clases de piano y frecuentó las salas de cine y teatro siempre que la menguada economía paterna se lo permitió. Empezó trabajando en un teatro como ayudante de electricista y mensajero y a los 14 años huyó de su casa, al ser expulsado del colegio, para unirse al grupo de acróbatas comediantes Bob Pender´s Trouppe con el propósito de empezar a hacer méritos. En 1920 se embarcó hacia los Estados Unidos. Cuando el grupo regresó a Inglaterra, Cary decidió quedarse en Nueva York, sin otro capital que la experiencia de las quinientas representaciones que había hecho con los Pender´s. Su primer papel lo protagonizó en Holywood en el musical Boom-boom en el año 1929, cobrando 350 dólares semanales en plena depresión económica.
Su primera película fue Singapore Sue. Con la credencial de aquel pequeño papel se marchó a Hollywood para someterse a un casting para la Paramount Pictures que lo contrató por cinco años a bajo precio para ser un remedo barato de Gary Cooper. Allí se deshizo de su acento callejero y cambió su nombre por el de Cary Grant. Archibald Alexander Leach dio paso al que iba a ser uno de los actores más rutilantes de Hollywood. Su primera película importante fue La Venus rubia, de Joseph von Stenberg, con Marlene Dietrich, no sólo por su papel sino porque Von Stenberg configuró su rostro. Le cambió la raya del pelo, pasándola de la izquierda a la derecha. La raya, el hoyuelo de la barbilla, la reciedumbre de su cabeza de cabello negro muy bien peinado, siempre, su mirada penetrante y la finura de sus maneras y porte le convirtieron en un gran seductor, en un galán de comedia irresistible que después de rodar su película número veintiuno se independizó de la Paramount para elegir libremente la compañía, los directores y los guionistas.
Lo dirigieron Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Stanler Kramer y Franz Capra. "Me desenvolví bien en los dos géneros, la comedia y la tragedía", solía decir, y trabajó con estrellas de la talla de Mae West, Katherine Hepburn, Leslie Caron, Jean Arthur, Ingrid Bergman, Eva Marie Saint, Marilyn Monroe, Grace Kelly y Audrey Hepburn.
Desde La Venus rubia (1932) hasta Apartamento para tres (1966) Cary Grant creó una imagen que englobaba también su vida privada. Se reinventó a sí mismo. El actor y el hombre eran sinónimos no por exigencias publicitarias de las productoras, sino por decisión de Grant, que desde el inicio de su carrera se fabricó un personaje a su medida para distanciarse del hombre que había sido en Inglaterra. Cary Grant y Archibald Alexander Leach se ayuntaron, pero fue la estrella la que eclipsó al individuo hasta el extremo de presentar una profunda crisis de identidad. "He pasado una buena parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach y Cary Grant", confesó. En 1957 su psiquiatra le recetó LSD (ácido lisérgico) para que lo ayudase a adentrarse en sí mismo. Sin embargo, la búsqueda de su identidad no fue su único problema. Sus tormentosas relaciones conyugales y muy especialmente la lucha por la custodia de su única hija acabaron pasándole factura.
Entre 1932 y 1966 rodó setenta películas, algunas tan relevantes como Con la muerte en los talones, en la que volcó su talento creativo para transmitir emociones tan contrapuestas como la intriga, la comedia y el miedo con imágenes inolvidables como la persecución de Richard Thornhill a través de los campos de trigo que ha quedado inscrita en la memoria colectiva cinematográfica, Noche y día, Para Atrapar al ladrón, Sospecha, y Encadenados. Estuvo nominado para el Oscar en 1941 por Penny serenade y en 1944 por None but lonely heart, pero la Academia de Hollywood no se lo concedió. En 1970 los académicos rectificaron ese error otorgándole el Oscar honorífico.
Cary Grant tuvo una amplia y complicada vida sentimental, como se deduce de sus cinco matrimonios. El primero en 1934 con Virginia Cherill, la actriz que hacía de ciega en Luces de la ciudad, de Charles Chaplin. En 1942 se casó con la excéntrica millonaria Barbara Hutton. A raíz de aquella boda se popularizó la expresión "Cash and Cary" (Guita y Gary), pero el matrimonio apenas duró tres años. Cary volvió a casarse en 1949 con otra actriz, Betsy Drake, de 26 años, cuando él ya andaba por los 45. El matrimonio duró hasta 1962 en medio de serias discrepancias. En 1965 Grant insistió con otra actriz de la misma edad, 26 años: Dyan Cannon. ...l tenía entonces 61. Del matrimonio nació Jennifer, su única hija. Cary y Dyan se divorciaron en 1968. Mientras Cary dijo que Jennifer era "su mejor producción", Dyan lo acusó de malos tratos y le reprochó su adicción al LSD. Grant había tomado la droga durante diez años en más de 100 ocasiones. "Me ayudó mucho", confesó más de un vez. Grant estaba aterrorizado porque podía perder la custodia de la niña, pero logró dos meses de visitas por año y los fines de semana. En 1970 inició otra relación con la periodista Maureen Donaldson, de 26 años, que lo abandonó en 1977 por Warren Beatty. Contrajo matrimonio por quinta vez en 1981 con Barbara Harris. A la boda sólo asistió Jennifer.
A tan seductor caballero se le atribuyeron numerosas amantes, unas ciertas y otras ficticias. En 1956 le pidió matrimonio a Sofía Loren, durante el rodaje de Orgullo y pasión, pero ella lo rechazó. No hay que olvidar tampoco en su currículo sentimental lo que se dijo sobre su supuesta bisexualidad, desde que se fue a vivir un año con el actor Randolph Scott.




