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Cuando se habla del uso de la inteligencia artificial en el ámbito cultural, suele asociarse a herramientas capaces de escribir textos, incluso imitando el estilo de reconocidos escritores, o de generar imágenes, lo que ha abierto intensos debates sobre derechos y propiedad intelectual entre autores, artistas e ilustradores. Sin embargo, algunas de sus implementaciones más prometedoras apuntan en otra dirección. La reciente lectura de un rollo de papiro carbonizado por la erupción del Monte Vesubio es apenas uno de los ejemplos más visibles de una tecnología que comienza a utilizarse para estudiar el patrimonio cultural y recuperar información que hasta hace poco permanecía inaccesible.



