Reflexión del mundo
Irene Gruss reúne toda su obra poética hasta la fecha en La mitad de la verdad, colección que incluye piezas de gran condensación en las que el yo lírico se ve atravesado por la experiencia personal, el registro de los sentidos y el orden de las cosas
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Para LA NACION
La mitad de la verdad
Por Irene Gruss
Bajo la luna/339 páginas/$ 49
Siempre está a mano la tentación de encontrar una imagen, una frase, la definición perfecta que identifique el centro de gravedad de una obra. Con La mitad de la verdad , los poemas reunidos de Irene Gruss, se hará esta tentativa: "Una ciudad, una campiña, de lejos, es una ciudad y una campiña; pero a medida que uno se aproxima son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de hormigas, hasta lo infinito. Todo esto se envuelve bajo el nombre de campiña". La afirmación es de Pascal, y si bien no logra definir por completo la impresión que causa la lectura de estos poemas, indudablemente no la contradice. En ese movimiento de cámara que ensaya Pascal -desde un plano general hasta el fundido en negro, en el que una vez que la vista alcanza un punto es dejado atrás, y lo que parecía quedar definido pasa a ser otra cosa- está presente la noción que anima el título de la obra: la verdad sólo puede ser alcanzada en parte. Su otra mitad corre la suerte de Aquiles en la paradoja de Zenón, donde para recorrer la distancia entre un punto y otro siempre habrá que atravesar su mitad, y así hasta el infinito. No es casual, entonces, que el título elegido por Gruss para su obra reunida dialogue con aquel que nombra su segundo libro: El mundo incompleto , que es otra forma de postular lo mismo. A fin de cuentas, se trata de señalar la unidad de una poética que asume el verso como una instancia del lenguaje en el que tanto cabe el registro sensorial de la experiencia del mundo, estar entre los seres y las cosas, como tensar la cuerda de la reflexión, sin perder de vista que aquello que se dice es incierto, inacabado, y aun así hay que decirlo. Y que, tratándose de poemas, ésa es la única apuesta.
El primer libro, La luz en la ventana , proyecta en silencio, sin estridencias, la oscura sombra de una época. Publicado en 1982, no es posible soslayar lo ominoso del tiempo histórico en que fue escrito, incluso cuando los poemas discurran acerca de avatares íntimos. O justamente por ello. La casa es a un tiempo refugio y lugar de encierro; el cuadrado de la ventana aparece como el límite que divide el mundo interior del exterior; la metáfora de la luz se extiende en claroscuro más allá del espacio de la claridad, como recordando el verso de Paul Celan al decir, "verdad habla quien sombras habla". Las pequeñas alegrías -los poemas con hijo, por ejemplo, lo tibio del sol sobre la nuca- están cercadas por la pérdida, las despedidas, los amores a término, como en "Ceniza de rey", o como en "Gravedad", donde "la caída del dolor/ [...] no tiene cuerpo".
Hay un poema de ese primer libro que tiende un puente entre la experiencia íntima y la escena pública, y que va encontrar su eco en el libro siguiente, El mundo incompleto (1987). Una mujer lava la ropa y ve, o cree ver en cada burbuja de jabón, algo que quiere ser dicho, que debe ser nombrado para que hable. En "Mientras tanto", otra mujer, o acaso la misma, lava la ropa y parece percibir en el estallido de las burbujas, lo que en el libro anterior había quedado enmudecido: "Yo estuve lavando ropa/ mientras mucha gente/ desapareció/ [...] y mientras pasaban/ sirenas y disparos, ruido seco/ yo estuve lavando la ropa,/ acunando,/ cantaba,/ y la persiana a oscuras".
Sin grandes saltos temáticos o de estilo, de El mundo incompleto a La calma (1991), y de allí al último libro, la poesía de Gruss se afirma en los rasgos que mostró en La luz... , a los que agrega el uso elegante de la ironía. El verso breve en poemas, por lo general, también breves, el corte en el verso marcando una dicción apropiada a una emoción contenida-sensible sin sentimentalismo, el sentido de las palabras en comunión con el justo ritmo muestran, para usar una imagen musical, un dominio cada vez mayor del instrumento, como si lo vivido -la suma de la propia vida y la literatura- dotara a su poesía de nuevas y más intensas capas de lenguaje. La incorporación de otras voces, ya como título, epígrafe o parte de la trama del propio discurso poético presupone no sólo un marco de referencias de lectura, sino también un modo de componer el propio sujeto lírico: Gruss define de este modo cuál es su tradición, cuál su pertenencia, en la que conviven Raúl González Tuñón, Djuna Barnes, Paul ...luard, o sus contemporáneos Jorge Aulicino, María del Carmen Colombo o Susana Villalba, para citar algunos nombres. De paso, se permite amonestar a quien pretenda creer en su originalidad: "Nunca digan que poseo una voz/ particular, nunca mi garganta plagió tanto/ el borde de este río."
Los libros Sobre el asma (1995) y En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000) transmiten con inteligencia la ilusión del tratado poético, y resumen en buena medida la posición que asume el yo lírico de la autora en su obra, un sujeto de enunciación y conocimiento, atravesado por la experiencia personal y el orden de las cosas. Piezas breves de gran condensación formal y semántica acechan lo real desde cierta anomalía, la dificultad respiratoria, la distorsión implícita en la experiencia orgánica de mirar. La tensión entre lo real y lo aparente es constante ("La realidad es que el aire no sale/ pero la impresión/ es que el aire/ no entra, ¿el alma,/ el asma de quién?"); imposible decidir con acierto dónde está la verdad: "Espejismo: lo que se ve/ es ambiguo, tiniebla y/ luz: pareciera que/ Dios no ha separado nada". La realidad como selva oscura.
Nacida en Buenos Aires en 1950, Irene Gruss reúne en este volumen el trabajo de una vida dedicada a la escritura. Como quien riega una planta (en el poema "Fe"), como quien entiende que "la dicha" no es tonta felicidad sino una ética que sabe de la gracia aun en el dolor, Gruss persiste en su apuesta con una serie de inéditos que se incluyen al final del volumen, donde podemos leer: "Reparar, dice, reparar/ lo ido o lo deshecho,/ la simple necesidad perdura/ o el corazón se acaba".





