
Rehabilitará Benedicto XVI el antiguo rito de la misa en latín
En los próximos días emitirá un documento que facilitará esa celebración
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ROMA.- Después de meses de indiscreciones, falsos anuncios, adelantos y resistencia de parte de varios sectores, el Vaticano anunció que el Papa publicará en cuestión de días el esperado y controvertido Motu Proprio -documento por iniciativa propia- que rehabilitará la antigua misa en latín según el rito tridentino, suprimida en 1969 por la reforma litúrgica de Pablo VI, fruto del Concilio Vaticano II.
Según un comunicado de la Santa Sede, el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, presentó el contenido y el espíritu de este documento a representantes de diversas conferencias episcopales, con quien el Papa tuvo una profunda conversación durante una hora.
"La publicación del documento, que será acompañado por una amplia carta del Santo Padre a los obispos, está prevista para dentro de unos días. El texto será enviado a todos los obispos con la indicación de su sucesiva entrada en vigor", agregó el comunicado.
Aunque habrá que esperar hasta entonces para conocer el exacto contenido del documento -que demoró en salir por la fuerte resistencia de varios obispos y cardenales, especialmente franceses, suizos y alemanes-, se cree que el Motu Proprio de Benedicto XVI sobre el uso del misal promulgado por Juan XXIII en 1962, rehabilitará el uso de la denominada misa tridentina, o de San Pío V, que se remonta a 1570.
Este rito -que es en latín, con el sacerdote enfrentado al altar y de espaldas a la asamblea de fieles- sigue el antiguo misal preconciliar de 1962, que fue suprimido y reemplazado por el nuevo misal romano de 1969. Este, tal como quiso el Concilio Vaticano II (1962-1965), habilitó la celebración de las misas modernas en las lenguas nacionales, con el sacerdote mirando a los fieles y una participación más activa de la asamblea.
Trámite más flexible
Actualmente, la misa según el rito tridentino sólo es permitida luego de un trámite y de la autorización expresa de un obispo local.
Con el inminente Motu Proprio del Pontífice -un nostálgico de las tradiciones, que nunca ocultó su apego a la vieja misa en latín y crítico acérrimo de la reforma litúrgica de 1969- se espera una "liberalización" del antiguo rito tridentino, es decir, que todo sea más fácil para los fieles que quieren seguir este rito, que pasaría a ser "extraordinario", pero que podría celebrarse sin limitaciones.
Según pudo saber LA NACION de fuentes bien informadas, en la reunión sub secreto (´bajo secreto ) de anteayer, que reunió a unos 20 cardenales y obispos, el cardenal Bertone explicó que la razón principal del inminente Motu Proprio del Papa alemán es favorecer la reconciliación con los ultraortodoxos lefebvrianos de la Fraternidad San Pío X. El abandono de la misa en el antiguo rito en latín que determinó el Concilio Vaticano II fue, en efecto, una de las causas de la ruptura protagonizada por los seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, excomulgado por Juan Pablo II en 1988 por ordenar a cuatro obispos sin la aprobación del Papa.
En agosto de 2005 Benedicto XVI se reunió con el obispo Bernard Fellay, actual cabeza de la Fraternidad de San Pío X, que le pidió la restauración del rito tridentino como una "señal de buena voluntad" en vistas de una superación del cisma.
El segundo motivo del Motu Proprio es satisfacer y aplacar las demandas de los sectores tradicionalistas, que si bien no se fueron con los lefebvristas, añoran el restablecimiento del viejo rito en latín. Y el tercero y último es "no perder los tesoros del pasado" implícitos en la liturgia latina, que ostenta una coreografía mucho más compleja, sino integrarlos en la cultura moderna. No hay que olvidar que Benedicto XVI, amante de las tradiciones, intelectual y músico refinado, nunca ocultó su disgusto ante los abusos litúrgicos y su aversión por las misas que se convierten en shows.
Lo cierto es que al haber convocado a los prelados para explicar de antemano sus razones, el Papa parece ser consciente de la resistencia que tendrá el documento, que podrá ser visto por muchos como un retroceso y un virtual cachetazo a la apertura de la Iglesia hacia el mundo que significó el Concilio Vaticano II.
Muchos obispos temen que el documento pueda llegar a crear divisiones o confusiones en la Iglesia, sin contar el aprieto de muchos sacerdotes que no conocen el latín y no fueron entrenados para celebrar el antiguo rito tridentino.
Asistieron a la reunión el cardenal italiano Camillo Ruini, vicario de Roma, y Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal italiana; los estadounidenses Sean O Malley, de Boston, y Raymond Burke, de Saint Louis; el cardenal Jean-Pierre Ricard, que preside el episcopado francés, y el alemán Karl Lehman, entre otros. Salvo el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, prefecto del Clero, y ultraconservador a quien el Papa le encargó el acercamiento con los lefebvristas, los latinoamericanos brillaron por su ausencia.
Dificultades y alcance
- ROMA (De nuestra corresponsal).- El cardenal Tarcisio Bertone entregó a cada participante de la reunión en la que se explicó el contenido y el espíritu del inminente Motu Proprio , una copia del texto, en latín. Vaya paradoja: algunos prelados tuvieron dificultades para entender el texto. Como informó LA NACION en marzo último, la habilitación del antiguo rito tridentino no implicará cambios en las misas que se ofician habitualmente en todas las parroquias. Se autorizará a quienes lo deseen la celebración según el rito del Concilio de Trento, pero seguirán vigentes las reformas del Concilio Vaticano II.
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