Reinauguraron el Museo Eduardo Sívori
Por primera vez: los nuevos pabellones del centro cultural albergan todas las obras ganadoras de premios municipales.
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Quedó inaugurada una nueva sala del Museo Sívori, instalado desde hace un mes en pleno corazón del parque de Palermo, pegado al Rosedal, en lo que fue el Hostal del Ciervo.
En el nuevo pabellón el público puede ver juntas, por primera vez, todas las obras ganadoras de los salones municipales de pintura, desde 1945 hasta 1995.
La muestra de los premiados se suma a la exposición de obras del período 1900-1960, que forman parte del patrimonio permanente del Sívori, y que están a la vista del público desde que se inauguró el museo, un viejo edificio reciclado.
La construcción, de principios de siglo, fue en su origen un tambo modelo para que los alumnos primarios tomaran leche al pie de la vaca. Más tarde pasó a ser confitería y boîte, hasta que en 1993 quedó abandonada a su suerte, a merced de vagabundos y linyeras.
Una obra en seis meses
A esa casa reciclada se suma ahora un moderno edificio de bloques de cemento y vidrio, lo que da al conjunto un total de 4000 m2 cubiertos.
La obra fue licitada en enero último y pone fin a un ciclo de vida trashumante para el museo de artes plásticas de la ciudad, que desde su fundación, en 1938, pasó por varias sedes: desde el Concejo Deliberante hasta los pisos superiores del Centro Cultural General San Martín.
Respetar el entorno
"No hemos sacado ningún árbol", nos dijo la directora del Museo, María Isabel de Larrañaga. En efecto, se puede ver que un muro externo es atravesado por una gruesa rama que no quisieron cortar.
Hija del pintor Enrique de Larrañaga (1900-1956), es funcionaria de carrera y dicta la cátedra de Historia de la Arquitectura y del Arte Argentinos en la Facultad de Arquitectura de la UBA.
Como historiadora, es partidaria de colocar cada obra según la fecha de su realización más que hacerla calzar en clasificaciones estéticas apriorísticas. Así, cuando uno recorre la muestra se topa con un Pettoruti de 1924, "Señorita con abanico verde", junto a cuadros de la misma década, aunque contraste con sus estilos y parezca anticiparse a otros de épocas posteriores.
Junto a obras del patrono del Museo, Eduardo Sívori (1843-1918), hay pinturas de Alice, Spilimbergo, Bernaldo de Quirós, Butler, Figari, Berni y muchos otros. Los primeros días estuvo expuesto "Chacareros", un enorme cuadro de Berni valuado en 1.300.000 pesos, que hubo que devolver al Concejo Deliberante pero que Larrañaga piensa que debería estar en el museo.
El símbolo de la muestra patrimonial es un cuadro de Consuelo González, "Reposo", un desnudo femenino de 1935. La autora, ya anciana, estuvo, feliz, en la inauguración.
En la entrada hay un recinto vidriado con muy buenas esculturas: de Yrurtia, Correa Morales, Badii, Pujía... Uno mira hacia arriba y ve, a través del techo, mecerse las ramas de los eucaliptus.
Más cerca de la gente
En medio de un parque, ¿está garantizada la seguridad de esas obras maestras? En la sala del patrimonio, explicó Larrañaga, hay un circuito cerrado de televisión y sensores por calor que pueden detectar desde un ratón hasta a una persona, con sistemas computadorizados. Hay detectores de fuego y de humo y alertas satelitales que suenan en patrulleros de la policía. Además, vigilan personal de seguridad privada, policías y bomberos.
La nueva ubicación del museo demandó obras por un valor cercano a 1.100.000 pesos.
La zona es un lugar de paseo y de deportes muy concurrido, y el museo abre sus puertas de 12 a 19 los días hábiles y de 10 a 19 los sábados, domingos y feriados. Cada fin de semana, unas 1500 personas se acercan a la muestra -algunas con ropa de gimnasia- y quedan asombradas. Un visitante preguntó, admirado: "¿Todo esto lo hicimos los argentinos?".




