
Retrato de una época tensa
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La democracia derrotada
Quien busque en La democracia derrotada una biografía de Arturo Illia se llevará una sorpresa. Nada de eso. Es la época de Illia, algo que los autores reflejan con la lucidez de quienes se despegan para mirar mejor. Porque tanto Pandolfi como Gibaja lo acompañaron y discutieron con sus escudos civiles en una batalla contra militares golpistas.
Desde la provincia de Córdoba, donde el radicalismo era fuerte desde los tiempos de Amadeo Sabattini, con su estilo calmo y pausado, Illia saltó en 1963 a la Presidencia de la República. Buenos Aires lo recibió con frialdad. Los militares habían proscripto al peronismo, que sumó apenas el 18 por ciento de los votos. Illia lo superó con el 25.
Señalan los autores que la televisión engaña mucho más que el cine. Esto generó figuras jóvenes y representó a los mayores como limitados en su lucidez. Pocos recuerdan que Adenauer gobernó Alemania hasta los 87 años, que Churchill ejerció el poder en Gran Bretaña hasta los 81 y De Gaulle dejó el poder en Francia a los 79. Illia comenzó a gobernar a los 63 años, en plena madurez.
Pero la Argentina estaba sedienta de espectacularidad. Pandolfi y Gibaja observan que "la misma falta de escándalo de su gobierno, su suavidad, su previsibilidad, jugaban en contra". Illia era lúcido, pero no comprendía las perversiones de la gente. El dibujante Flax (Lino Palacio) lo presentaba con una paloma haciendo nido en su cabeza. Era el reverso de la viveza criolla. El periodismo estaba dominado por las revistas políticas, de las que Primera Plana fue sin duda la mejor. Fundada por Jacobo Timerman, cuando éste vendió su parte se fue a publicar Confirmado. Ambas habían apostado al derrocamiento de Illia por los militares, pero al descubrir que se trataba de un provinciano tranquilo decidieron ridiculizarlo. El humorista Landrú lo identificó en Tía Vicenta con una tortuga. Recuerdan los autores que "se lo presentaba como torpe y hasta se lo discutía como médico, siempre con una paloma en la cabeza". Pandolfi y Gibaja admiten que la imaginación no es el fuerte de los radicales y que por eso les cuesta ganar. No tienen mucha experiencia de poder. "Viven con culpa cualquier gesto de autoridad y tratan de privilegiar la racionalidad y la afabilidad".
Lo que ocurría entonces en la Universidad no tenía lógica alguna. Era una provocación de la izquierda imaginaria que favorecía a la derecha represiva. Regía el gobierno tripartito de la reforma y una autonomía envidiable, pero los estudiantes sacaban los bancos a la calle porque no había plata para mejorar las aulas. Y la televisión se regodeaba con esos jóvenes idealistas que no sabían realmente qué querían. El castigo les llegaría después, con Onganía y su Noche de los bastones largos. La obra encara no sólo las luchas universitarias, también rescata los presupuestos de educación y de salud, superiores al resto de los gobiernos y mayores que los de Defensa. No obstante, se preocupan los autores de describir la situación política de las fuerzas armadas y sus crecientes contactos con el sindicalismo peronista. Pero Illia respetó sus mecanismos, aun sabiendo que cuando el peronismo no gobierna no deja gobernar. Después, la gran mayoría de los golpistas que desalojaron a Illia terminaron pidiéndole perdón, en documentos y cartas que este libro fundamental para entender la Argentina reproduce textualmente.
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