
Sapo de otro pozo en todos los pozos
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Dice el diccionario que cruzar es atravesar una cosa sobre otra en forma de cruz; atravesar un camino, un campo, una calle, pasando de una parte a otra; navegar en todas direcciones dentro de un espacio determinado y con fines diversos. Para hablar de Isol (nacida Marisol Misenta; Buenos Aires, 1972) esas tres acepciones bastan. Isol se dedica a dibujar y a cantar, dos disciplinas que desde ya se superponen; pero además es tan grande la cantidad de intersecciones que produce con la pluma y la palabra, que lo mejor será decir que Isol vive cruzando.
Un marido dramaturgo y actor (Rafael Spregelburd), un hermano músico, una madre cantante y un padre pintor ayudaron a entibiar el ambiente. Nunca dejó de estudiar canto, y cuando comenzó el magisterio en Bellas Artes en la Escuela Nacional "Rogelio Yrurtia", leía historietas y jugaba con las familiaridades entre disciplinas. Así comenzó su serie de cruces, que es la de los "híbridos", una palabra que solía usarse despectivamente pero que ha ido ganando en sugestión en la medida en que la pureza se puso rancia y ligeramente penitenciaria.
Dibujando, ella puede llegar a entretejer El cuento de Navidad de Auggie Wren de Paul Auster con unas siluetas como de un Tim Burton retro, todo en tono naïf oscuro. También puede contar la historia de una nena que convierte a su mamá en globo y se consuela pensando que no se puede tener todo en la vida: que si hay que elegir entre madre y globo, ella elige globo. Los dibujos ahí son sencillos hasta decir basta, que a fin de cuentas El globo (editado por Fondo de Cultura Económica, como buena parte de su obra) es un cuento de esos que suelen catalogarse "para chicos".
En su casa de Almagro Isol sirve el té de las cinco y dice que aquí y ahora hay muy buenos ilustradores, que mucha gente del comic , de la plástica y del diseño se volcó a hacer esos "libros infantiles" que en realidad son unos artefactos lindos y libres como pocos de los que se pueden encontrar en plaza.
-¿Va perdiendo terreno ese tipo de libro para chicos que se mueve entre lo bienpensante y lo lelo?
-Durante el menemismo vinieron muchísimos libros de afuera que renovaron el panorama, pero en 2001, como bien sabemos, eso se cortó. Y entonces se empezaron a producir cosas muy interesantes.
-Y antes de eso, ¿qué cosas había? ¿Se puede hablar de una cierta tradición?
-Desde los años 60 en este país hubo trabajos buenísimos. Pienso en los Cuentos de Polidoro , las cosas increíbles que hacía Hermenegildo Sábat, libros que leí cuando era chica, por los cuales me pareció normal hacer dibujos locos. Allí había unos colores, una vibración... ¡Una demencia! Esas cosas tan osadas, a fin de cuentas, no eran sino el producto de gente adulta haciendo arte en un género determinado.
El otro costado de la hibridación es el acercamiento a la música para crear configuraciones nuevas. Esta soprano dejó la lírica por la clásica contemporánea, se deslizó hacia el repertorio barroco, entró al pop , salió, pisó territorios de electrónica de vanguardia y ahora busca amalgamarlo todo o casi. Fue la voz - naïve -oscura, como sus dibujos- del trío de pop electrónico Entre Ríos, que completaban Sebastián Carreras y Gabriel Lucena. Hoy integra el ensamble barroco The Excuse, cantó la mitad del disco de Alsace Lorraine (alias del trabajo colectivo del norteamericano Paul Francke) y trabaja con su hermano, Federico Zypce, en un puñado de canciones electrónicas graciosamente radicalizadas en sus búsquedas sonoras. Isol es capaz de volver pop una pieza de John Dowland, laudista del rey Carlos I de Inglaterra, o de embutir en una caja de música industrial un texto del uruguayo Dani Umpi, sin que el conjunto, a la manera de la mejor Björk, pierda jamás la forma tangible de la canción.
"Cuando canto Monteverdi siento un placer corporal enorme. Y si hago ´shhhh en un micrófono y todo el mundo lo escucha, también", dice. Y aunque ese ir y venir perpetuo más de una vez la hizo sentirse sapo de otro pozo en todos los pozos, últimamente figuras como el dúo folk-trónico norteamericano CocoRosie o -sobre todo- el desconcertante Antony, el cantante favorito de Leonard Cohen y Lou Reed, le hicieron notar las ventajas de poder ir por la vida a los saltos. "Descubrí que había gente que hacía cosas super modernas sin desprenderse de su background lírico o jazzero. Antony es como un Nick Cave castrato , glam y warholiano que hace lo que se le canta. Es un artista, bah.
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