
Se arruinan obras de arte en una iglesia céntrica
Grave deterioro de los frescos pintados por Augusto Ferrari
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Después de casi siete años de haber sido cerrada al público por desprendimientos de revoques externos y cornisas interiores, la iglesia San Miguel Arcángel verá entrar en las próximas semanas a los primeros restauradores.
Oculto detrás de andamios y carteles publicitarios, en la esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha, el viejo templo que fue testigo de las Invasiones Inglesas en 1807 es ahora un involuntario verdugo de los curiosos frescos de Augusto Ferrari, padre del polémico León Ferrari, que hace dos años y medio mantuvo una fuerte controversia con la Iglesia por una polémica muestra en el Centro Cultural Recoleta.
Según pudo ver LA NACION en una recorrida por el templo de la parroquia San Miguel, las manchas blancas de humedad afectaron seriamente las pinturas en las que Ferrari retrató escenas fundamentales de la vida de Jesús, como las bodas de Caná, la liberación de esclavos y la Ultima Cena.
"Ferrari era un pintor muy particular, fuera de serie, y esas pinturas en San Miguel lo demuestran", dijo el profesor Héctor Schenone, hasta hace poco vicepresidente de la Academia Nacional de Bellas Artes. Schenone visitó la iglesia hace un tiempo y considera que las obras son recuperables.
La misma opinión la dieron hace tres años los expertos del World Monument Found, entidad estadounidense dedicada a la recuperación de edificios históricos. Así lo contó a LA NACION Susana Ferrari, hija del pintor y arquitecto que trabajó en ese templo entre 1918 y 1922.
"Si se restaura una de las pinturas, se podrían hacer visitas guiadas y conseguir más fondos para continuar con las otras. Lo importante es que intervengan profesionales bien preparados", sugiere Susana, y recuerda que en esas pinturas están retratados muchos miembros de su familia porque Ferrari los fotografiaba y usaba como modelos. "Esa forma de trabajar era novedosa para la época", dijo, por su parte, Schenone.
Costos y letreros
Afuera, en uno de los muros, un cartel de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos anuncia trabajos de restauración de fachadas, cubiertas, instalación eléctrica, iluminación y sonido con un presupuesto oficial de 380.000 pesos.
A su lado, otro letrero instalado por el Arzobispado de Buenos Aires explica que la parroquia está temporalmente cerrada y ruega: "Necesitamos su colaboración para reabrirla cuanto antes".
Ambos mensajes fueron escritos en junio de 2000, cuando el cierre de la iglesia construida en 1780 movilizó a los fieles que organizaron una recolección de hasta 10.000 firmas y cientos de miles de adhesiones para una rápida reapertura. Pero nada fue suficiente. Las obras no empezaron hasta 2004, y por unos pocos meses.
La responsabilidad última de la iglesia San Miguel Arcángel es del Estado, ya que el edificio fue declarado en 1983 monumento histórico nacional.
Según informó a LA NACION el arquitecto Guillermo Frontera, jefe del distrito Capital Federal y Buenos Aires de la Dirección Nacional de Arquitectura (DNA), ya se impermeabilizaron los techos y se reemplazó el sistema eléctrico, porque era obsoleto y ya había provocado varios cortocircuitos.
"Los trabajos se detuvieron por problemas legales que queremos solucionar pronto porque la intención de la DNA es seguir con la segunda etapa del proyecto de restauración, que incluye todo el interior del templo", explicó Frontera, quien no quiso dar ninguna fecha para la finalización de los trabajos.
Según explicó el arquitecto Pablo Paul, a cargo de las obras, se repondrán las seis ventanas que dan sobre Suipacha y se restaurarán los entablamientos (más conocidas como cornisas) de ese lado del templo. Esto se financiará con un subsidio de 80.000 pesos otorgado a la iglesia por el Fondo de Cultura del gobierno porteño.
Paul explicó también que está pendiente la autorización de la DNA para hacer un tratamiento para secar y frenar la humedad de los gruesos muros -que tienen 2,50 m de espesor. "Es un sistema alemán por electroósmosis, que cuesta 13.000 dólares; lo elegimos porque es el único que no agrede los muros y quita la humedad de forma permanente", dijo Paul.
Dotro y Paul anunciaron que están preparando un encuentro abierto con el público interesado en los trabajos de restauración del templo. Se haría, según presumen, los primeros días de mayo en el interior del templo.
En esa ocasión, los visitantes podrán volver a apreciar el magnífico piso de mármoles de distintos colores combinados en formas geométricas (que conserva en la entrada las marcas del incendio de 1955), los altos zócalos de mármol y estuco (yeso y pintura símil mármol), los frisos, los vitrales traídos de Burdeos y los frescos de Ferrari.
En tanto, los bancos apilados en el centro de la nave esperan en respetuoso silencio el momento de volver a alojar a los fieles creyentes.
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