
Se cumplen hoy 100 años del nacimiento de Celedonio Flores
El Negro Cele vive en Corrientes y Esmeralda; aunque nunca publicó su primer libro de versos, Flores y yuyos, sus obras tangueras dan cuenta de una portentosa sensibilidad canyengue y constituyen un vasto friso de las congojas populares.
1 minuto de lectura'
El Morocho se le acercó con un ejemplar de Ultima Hora en la mano y le preguntó si él -un muchacho de 18 años- era, no más, el autor de ese poema en versos alejandrinos que acababa de ganar un concurso de letras de tango organizado por ese periódico. La composición se titulaba Por la pinta y empezaba así: Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada, / que has nacido en la miseria de un convento de arrabal...
Corría 1914, la escena pudo ocurrir en un cafetín del Abasto, y por entonces Celedonio Esteban Flores era todavía un autor inédito, voraz admirador de Rubén Darío (que moriría dos años después), de Delmira Agustoni, de Almafuerte, de Leopoldo Lugones, de Evaristo Carriego... Poeta suscripto al más doliente romanticismo, no tardó en convertirse en una de las plumas precursoras de la incipiente música de Buenos Aires.
Por la pinta adquirió fama tanguera con otro nombre, Margot, propuesto por Gardel, y se convirtió en la décima pieza del género incorporada a su repertorio, todavía dominado -al gusto de José Razzano- por las canciones camperas.
Hoy se cumplen cien años del nacimiento del Negro Cele, hijo de un tipógrafo de la imprenta de Bartolomé Mitre, tan precozmente absorbido por la vocación literaria como por la frecuentación de los turbios andurriales de Villa Crespo, un suburbio rebosante de bodegones y bailongos, de guapos, gaviones y grelas diqueras, en el que transcurrió su indigente adolescencia.
Un testigo fiel
Aunque nunca publicó su primer libro de versos, Flores y yuyos, sus obras tangueras dan cuenta de una portentosa sensibilidad canyengue y constituyen un vasto friso de las congojas populares, de los infortunios de la pasión amorosa, del hostil resentimiento que sólo prosperan en la soledad y el resentimiento.
En Mano a mano, su segundo éxito (1920), le desliza fiero reproche a la percanta encandilada por las luces del centro: Tenés el mano lleno de infelices ilusiones... Y en Sentencia (1923) reconoce, casi autobiográficamente, que de muchacho no más hurgué en el cieno / donde van a podrirse las grandezas. / ¡Hay que ver, señor juez, cómo se vive, / para saber después cómo se pena! Empeñado en encontrar puntos de inflexión entre la jerga suburbana y el lenguaje culto, la mayoría de sus piezas (Viejo smoking, La mariposa, Atenti, pebeta, Cuando me entrés a fallar, El bulín de la calle Ayacucho, Tengo miedo) encuentran en ese atributo una clave de perdurabilidad reservada a los baluartes del romancero porteño.
La lectura de El hombre que está solo y espera, el más enjundioso libro de Raúl Scalabrini Ortiz, decidió a Flores, en 1933, a exhumar viejos versos para crear Corrientes y Esmeralda, acaso la más clara exposición de esos méritos y la que mejor traza el perfil de una bohemia ya lujosa, que recogía los ecos de la belle époque, propensa al champagne antes que al ajenjo.
Hombre de lucir impecable, burrero empedernido, boxeador frustrado y violinista de poco oído, Celedonio Flores abandonó la escuela secundaria cuando cursaba el tercer año comercial, pero los cuadernos de contabilidad le sirvieron para acopiar versos propios y ajenos, incluso un burlón remedo de la Sonatina de Rubén: La bacana está triste, / ¿qué tendrá la bacana? / Los suspiros escapan / de su boca de rana... Fatigas del corazón precipitaron su muerte, en su casa del barrio de Palermo, pocos días antes de cumplir los cincuenta años.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
3Helado Piedra Movediza: se inaugura una exposición sobre el exclusivo gusto tandilense y cucharitas gigantes
- 4
La mayor antología en español de Ray Bradbury: cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y relatos estremecedores

