Se enciende la polémica por el destino de la colección Gelman, con obras de Frida y Rivera declaradas monumento artístico
Denuncian “contradicciones” y “falta de transparencia” en el caso de este cofre de oro del arte moderno mexicano del siglo XX que sale del país rumbo a España
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Ciudad de México.— El escándalo sobre la Colección Gelman abrió esta semana una nueva fase de controversia en México, con la denuncia de “contradicciones” y “falta de transparencia” sobre la Secretaría de Cultura, al momento de dar explicaciones “tranquilizadoras” sobre la salida hacia España del acervo que contiene piezas de Frida Kahlo y Diego Rivera, cuya obra, entre otros, tiene declaratoria de protección.
Expertos en arte cargan contra el acuerdo entre el gobierno y la Fundación Santander, para la gestión de un acervo que contiene piezas de los mayores artistas del país, y lanzan la comparación: “es como si España entregara todos sus Velázquez a una entidad extranjera”.
Se trata de la colección de unas 300 piezas, reunida por Jacques y Natasha Gelman desde 1940 a 1998, un cofre de oro del arte moderno mexicano del siglo XX, con piezas de los grandes nombres del arte de México: Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, Francisco Toledo, Lola Álvarez Bravo, Manuel Álvarez Bravo, Tina Modotti, Graciela Iturbide.
“Aquí el tema más sensible es que pareciera que todo se queda en una situación entre particulares y no es así”, dijo a LA NACION Alfonso Miranda, presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, con conocimiento directo del caso.
Desconocimiento de la Ley
La naturaleza de origen privado de la colección ha sido esgrimida por las autoridades a la hora de eludir explicaciones sobre los términos del acuerdo con el Banco Santander, a quien cedió en enero último la gestión de la colección. Y es justo lo que encendió las alarmas de defensores del patrimonio, que denunciaron “evidente desconocimiento” de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
Tras el escándalo, las obras fueron aplazadas en su envío y algunas se exhiben en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, hasta el cierre del Mundial de Fútbol, para el que México es sede.
La preocupación por el destino de las obras surgió con los dichos de enero último de Daniel Vega Pérez, director del recinto El Faro Santander, que albergará los cuadros, al afirmar que la colección tendrá en España una “presencia permanente, pero dinámica”, y expresó su confianza en que las licencias de exportación temporal de obras patrimoniales, incluyendo Kahlo, podrían permanecer bajo su custodia por tiempo ilimitado. Al decir del designado administrador del recinto, la legislación es “flexible”. La cuestión del regreso de las obras a México sería más que “un mero trámite”.

A través de un petitorio, intelectuales, periodistas, críticos y expertos en patrimonio reconocen que el cambio de propietario corresponde al ámbito privado, pero remarcan que el destino de las obras protegidas “atañe a todos” y exigen “transparencia” en la difusión de los acuerdos.
“Habrá que recordar que estas obras que tienen declaratorias están sujetas al Centro Nacional de Conservación y Registro de Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), donde hay científicos y restauradores, para ver las condiciones de las piezas”, recuerda Miranda, una de las voces más respetadas en el mundo del arte de México. El pedido de explicaciones al Estado mexicano se apoya en el particular instrumento legal que posee México para la protección de su patrimonio que es casi un modelo en la Región: la declaratoria de monumento artístico.
Ese instrumento facilita al Estado la conservación, preservación y resguardo de las obras, con independencia de que pertenezcan a colecciones particulares o públicas. Esa declaratoria obliga a personas e instituciones que posean obra de algún artista a rendir cuentas ante el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) sobre el estado y localización de las piezas. Así, el poseedor de una obra de Frida detenta derechos de tenencia, pero no de explotación patrimonial; si desea vender o ceder a préstamo la pieza, debe pedir permiso a las autoridades, para que libren la orden que consienta que salga del país. El Nobel de Literatura Octavio Paz goza de ese estatus, por ejemplo.
Los firmantes denuncian “falta de claridad institucional”, pese a que la normativa exige que las operaciones de cambio de propiedad se formalicen en escrituras públicas.
El gobierno insiste en que el papel del banco es “única y exclusivamente para apoyo en gestión”, pero la institución financiera declaró que espera que la colección funcione como un “depósito a largo plazo renovable” en El Faro Santander. Mientras la secretaria de Cultura, Claudia Curiel, habla de mera “gestión”, Santander describe una relación de permanencia que se asemeja a una cesión patrimonial.
Algunos sectores se preguntan dónde está la verdad, si en la letra del convenio (entre el nuevo propietario, de apellido Zambrano —que no es la familia cementera Cemex, alerta Miranda, sino un primero tercero sin trayectoria en el mundo del coleccionismo—, el Inbal y el Santander) o en las conferencias matutinas del gobierno. La renuencia a presentar el documento íntegro y aclarar si la “prórroga indefinida” requiere una nueva autorización del Inbal –o si opera automáticamente– alimentan la desconfianza desde ámbitos de la cultura.
“El caso me parece desafortunado desde todas las aristas, porque marca un precedente para coleccionistas y para la movilidad del arte, que hay que entender más allá de los valores intrínsecos, estéticos e históricos; es reducirlos sólo a un bien financiero. No es que busquemos expropiación ni mucho menos, sino transparencia en acuerdos”, dijo Miranda.
Frida, la gran preocupación
La colección cuenta con once lienzos de Frida Kahlo, precisó Alfonso Miranda, quien además es el director del Museo Soumaya. Y destacó: “la declaratoria de monumento artístico que recae sobre Kahlo es la más ruda”. A diferencia de otros artistas de la colección, cuya obra puede exportarse de manera definitiva bajo ciertas condiciones, la legislación establece que las piezas de la pintora solo pueden salir del país de forma temporal y bajo garantías estrictas de retorno.
“Su declaratoria dice que en casos extraordinarios puede salir una de sus piezas”, cuenta el experto. El tipo de exposición, la manipulación que puede sufrir una de sus obras y las condiciones del traslado, advierte, son variables que “pueden determinar que se quede en el país”. “No es perspicacia —aclara—, es una variable que tenemos que poner en la mesa de diálogo”, sostuvo.
En ese contexto, los firmantes de la carta pública advierten que cualquier modificación en la política de protección debería realizarse mediante procesos abiertos, con consulta a especialistas y, de ser necesario, mediante nuevos decretos. Mientras tanto, subrayan, la legislación es clara: la obra de Kahlo no puede salir de manera indefinida del país.
Para Miranda, el problema está en la ausencia de garantías: “No hay certeza de que las obras regresen ni de que, al hacerlo, sean accesibles al público. Si son de particulares, pueden permanecer en el ámbito privado”, especula, al lamentar que ese acervo “no se contempló para un bien mayor para todos los públicos, y quizás comenzando por los mexicanos, porque este patrimonio es de este país”.
El crítico también señala el incumplimiento a la voluntad testamentaria de Natasha Gelman, para que la colección permaneciera en México. Sin embargo, tras su muerte, la figura de Robert R. Littman, convertido en alabacea, introdujo una nueva lógica: la circulación internacional como modelo de rentabilidad.
“Ahí empieza una perversión”, afirma Miranda. La colección dejó de pensarse como patrimonio cultural para operar, en gran medida, como activo financiero, privilegiando su presencia en grandes exposiciones internacionales.
El episodio reciente —que incluye intentos de subasta en casas como Sotheby’s, frenados por el gobierno de México— y denuncias de salida ilegal de obras de Frida Kahlo, refuerza esa percepción.
El riesgo, concluye, es sistémico. La situación no solo afecta a la Colección Gelman, sino que “marca un precedente” que podría redefinir la relación entre patrimonio y mercado en México.
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