
Se retira la congregación de Santo Domingo
Podría dejar también otros puntos del país
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SANTA FE.- La congregación de Santo Domingo, fundada por el papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216, cuyo aporte evangelizador tiene más de 400 años en el país, cerrará dos de sus principales plazas: Santa Fe y San Luis. La decisión, según pudo saber LA NACION, ya fue adelantada a los laicos y se tomó en el marco de una reestructuración que deberá completarse antes de 2007.
En ese proceso no se descarta la desactivación de otras casas del interior del país. El cierre de la congregación en esta capital, prevista para el año próximo, incluiría la desactivación del histórico Convento de Santo Domingo, ubicado a dos cuadras del arzobispado y a igual distancia de la Casa de Gobierno, un ejemplo de la arquitectura religiosa, que en 1810 sirvió de alojamiento al general Manuel Belgrano, en marcha al Paraguay. Allí descansan los restos de los padres del brigadier general Estanislao López, entre otras destacadas personalidades.
La medida, confirmada por el prior provincial de la congregación, Javier María Pose, significará además, la desactivación de la única casa domínica en las provincias del Litoral. En el caso de San Luis, la decisión también es conocida por la comunidad religiosa de aquella provincia. El millar de fieles que reciben asistencia religiosa periódica de los pastores que residen en el convento comenzó a expresar sus diferencias con la decisión y prepara una ofensiva, incluso ante el Nuncio Apostólico en la Argentina. Los fieles sostienen la necesidad de plantear "una reforma espiritual y no simplemente numérica o material", según se supo la semana pasada, al término de una reunión con una autoridad de la congregación que visitó esta capital para conocer las opiniones de los fieles.
El primer religioso domínico que arribó a estas tierras fue fray Juan Veloso, en diciembre de 1600. Cuatro años después fue fundado el Convento de Predicadores de San Pablo Primer Ermitaño (ése es el nombre oficial del convento) en Santa Fe de los Quiloazas -después Cayastá-, a cuyo cargo quedó el fray Acacio de Naveda.


