Sin apuro
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Como una escenografía de Marcos López, pero sin el pop y sin lo latino. Como el eco de alguna pintura de caballete, pero sin el óleo ni los interiores, ni la cuidadosa exhibición de riqueza. Día de viento y llovizna en Wells. Hay un hombre al que se le dio vuelta el paraguas –ese gesto universal, común, pequeño y hecho para pasar desapercibido–; hay, también, una pareja que contempla esos escarceos. Está el perro, como suspendido en una danza secreta. Y una mujer que tanto podría estar grabando la escena como enviando algún mensaje por su celular. A todos ellos los une un hilo plácido. No parecen apurados; diríanse a salvo de la ira, el frenesí, la ansiedad que marcan a fuego esta época. Ni siquiera exudan la curiosidad eléctrica de los turistas. Se los ve apacibles, bendecidos por lejanas siluetas medievales, inscriptos en la honda sencillez de un tiempo escaso.
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