Sobre la identidad del Profeta
MOISES. EL HOMBRE, EN EGIPTO Por Jorge Dulitzky (Biblos)-278 páginas-($ 18)
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LOS interrogantes que rodean la figura de Moisés -entre ellos, el de su identidad- presentan, para los historiadores, un atractivo doble. El problema se vincula tanto con la Biblia, con el origen y la factibilidad de lo que en ella se relata, como con la historia del Antiguo Egipto, imperio que, entre otras peculiaridades, ejerció la obsesión de la escritura. Así, la escrupulosa actividad de sus escribas y sacerdotes produjo un enorme caudal de documentación en forma de papiros o como inscripciones sobre sus monumentos, semejantes a lápidas: las estelas. Sin embargo, desde 1822, año en que Jean-François Champollion pudo descifrar el monumental lenguaje de los jeroglíficos, resulta enigmático que el profuso testimonio escrito no mencione ni una sola vez al patriarca bíblico que estuvo al frente de la epopeya del pueblo judío conocida como Éxodo.
El egiptólogo argentino Jorge Dulitzky, en su libro Moisés, el hombre, en Egipto , expone una hipótesis acerca de la identidad del profeta con quien, de acuerdo con los últimos versículos del Deuteronomio, "Jehová trataba cara a cara". Aclaremos que plantear una hipótesis en este contexto requiere, no sólo ser capaz de dar coherencia a innumerables hechos, en principio, disconexos, sino también, mediante un trabajo riguroso de imaginación, debe ser posible la extensión de esta coherencia sobre zonas del pasado eclipsadas por la ausencia de documentos o su irresoluble ambigüedad. ¿Cuál fue el origen de la familia de Moisés?, ¿se trataba de una familia judía o egipcia?, ¿quiénes eran los judíos de Egipto?, ¿qué episodio de la historia egipcia puede identificarse con el Éxodo? y, finalmente, ¿quién o quiénes fueron representados por los escribas del Antiguo Testamento bajo el nombre de Moisés? Dulitzky advierte en las primeras páginas que no piensa "incursionar en el terreno de lo religioso" y que su hipótesis "está basada principalmente en hechos político-económicos, que hacen más comprensible el fenómeno migratorio conocido como Éxodo". Entre otros asuntos, esto implica que no se menciona el problema de la factibilidad de los milagros.
El historiador argentino toma como punto de partida el reinado de Akenatón, entre 1367 a.C. y 1350 a.C., faraón que impuso a su imperio la religión monoteísta de Atón, divinidad abstracta ligada a la energía solar y creadora de todo lo existente. A su muerte, esta creencia se extendió a los reinados de sus sucesores Smenker, Tutankamón y Ay. Más tarde, recuperadas las primitivas divinidades, este período fue considerado bochornoso y herético. Así, resulta comprensible -sugiere el egiptólogo argentino- que las generaciones posteriores hayan intentado eliminarlo de los registros históricos. Si la epopeya mosaica ocurrió en ese escenario, quedaría explicada su misteriosa ausencia en los jeroglíficos de la época.
Ahora bien, de acuerdo con Dulitzky, el Éxodo habría sido conducido por dos hombres a partir de los cuales fue moldeado el personaje legendario. El "primer" Moisés habría sido Horenheb, general enérgico y colérico, escriba versado en leyes y hábil estratega, quien abandonó el Éxodo durante el episodio del becerro de oro y, de regreso a Egipto, culminó su brillante carrera como faraón. El "segundo" Moisés propuesto por Dulitzky habría sido Tutmés, el segundo hijo de la reina y hermano del faraón hereje Akenatón. Si bien hay otro Tutmés, escultor de la corte de Akenatón y amante de la princesa Nefertiti, "el desafío mayor de mi hipótesis -afirma Dulitzky- es considerarlos la misma persona". Por último, el motivo del Éxodo pudo haber sido el deseo de "sacar del territorio egipcio a ese pueblo desordenado [...] cuyo número representaba un peligro potencial". La idea era llevarlos a Canaán, único paso entre Asia y Egipto, cerca de la frontera con Siria, "con el doble objetivo de servir como contención al avance hitita y difundir entre esas tribus el culto monoteísta recién creado".
El libro Moisés, el hombre, en Egipto presenta sus ideas en un marco de discusión y comparación con otras teorías sobre el Éxodo, incluidas las obras de ficción y el célebre estudio de Freud, "Moisés y el monoteísmo". Manejando registros difíciles de congeniar (como la divulgación de sutiles cuestiones de historia bíblica y su imbricación con leyendas y episodios relativos a los faraones y sus familias), el libro logra transmitir la extrañeza de una realidad separada del presente por más de tres milenios, a la vez que presenta una hipótesis en plena elaboración, búsqueda de pruebas y también, claro, de adeptos. Con cautela, Dulitzky teje a lo largo del libro una coherencia factible. Pero también advierte que aún pueden esperarse nuevas revelaciones de los documentos que duermen todavía bajo las arenas del desierto.



