Sole Otero. Bordar historias con dibujos

La ilustradora Sole Otero lanza su tercer libro y es jurado de un concurso literario que premia también la novela gráfica
La ilustradora Sole Otero lanza su tercer libro y es jurado de un concurso literario que premia también la novela gráfica Fuente: LA NACION - Crédito: Sol Santarsiero
Luján Francos
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10 de octubre de 2020  

Sole Otero pasó la cuarentena tan encerrada como Rocío, la nieta de Vilma en su nueva novela gráfica, Naftalina. La joven protagonista revuelve cosas en la casa de su abuela sin salir para nada a lo largo de todo el libro. En un 2001 caótico, situada en el Conurbano, con miedo al afuera. "El tiempo en la etapa de pandemia fue muy raro. Viví la cuarentena como si estuviese un poco acompañada por lo que estaba pasando dentro de mi libro. Como que lo estaba viviendo afuera y adentro. Hay una especie de distorsión del tiempo, porque lo viví como que el tiempo pasó rapidísimo y al mismo tiempo fue infinito", dice la renombrada ilustradora infantil e historietista argentina desde Francia.

Está instalada en Angoulême en la Maison des Auteurs (La casa de los autores), porque ganó el XIII Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic, que marcó el ritmo bastante frenético de su trabajo en los últimos meses. En agosto descansó. Pero, fiel a su estilo, tiene varios proyectos al mismo tiempo. Para no aburrirse. Tiene 35 y, además de transitar el mundo de la ilustración, es diseñadora textil. Además, el bordado es como una especie de cable a tierra en su vida, y encara un proyecto para hacer una especie de instalación, de exhibición de bordado. "La idea es armar una mezcla entre todo lo que hago, usar una pared que no sé dónde va a estar, para hacer una especie de historieta con los bordados, pero en vez de hacer todo en el mismo lienzo usar diferentes marcos e ir armando diferentes momentos. Estoy tratando de hacer algo que se parezca a una pintura rupestre", explica. Mientras, está retomando su proyecto Truz, una historieta para chicos que ya tiene editor en Argentina.

"Tengo el impulso de contar anécdotas e historias, de decir algo, antes que las ganas de dibujar algo", detalla Otero
"Tengo el impulso de contar anécdotas e historias, de decir algo, antes que las ganas de dibujar algo", detalla Otero

Hoy se entusiasma, además, en ser una de los jurados del Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo,una convocatoria -hasta el 20 de octubre- de la Fundación Bunge y Born, Fundación Proa y LA NACION a escritores de todo el país a presentar proyectos de obra que reflejen, desde distintas perspectivas y códigos literarios, estos tiempos excepcionales.

"Me alegra muchísimo que estén considerando tanto al libro infantil como a la novela gráfica como dos categorías en un premio de este nivel -dice Otero-. Porque la historieta y la novela gráfica siempre han tenido esta lucha por ser reconocidas, siempre han sido dejadas un poco de lado". Ella, que ha estado en más de una oportunidad participando con éxito en diversos premios, cree que es fundamental que los proyectos tengan una dificultad en su producción, y que las personas se arriesguen a hacer cosas que no son tan comerciales, pero sí asombrosas.

¿Cómo articulás el lenguaje visual con el escrito en tus novelas gráficas?

Me siento diferente a otros colegas porque el dibujo es algo que hago y uso en función de lo que quiero contar y siempre está en segundo plano. Si bien mi profesión estuvo más ligada a que sé dibujar y a que me han contratado como dibujante, para mí el dibujo fue siempre una herramienta para contar algo que yo quería escribir. Tengo el impulso de contar anécdotas e historias, de decir algo, antes que las ganas de dibujar algo. Me cuesta mucho arrancar al revés, desde la forma. Entonces, la manera en la que articulo las dos cosas es partiendo de que primero vienen las ganas de contar. Me encantaría saber contar por escrito solamente, sin imágenes, y es algo que me debo porque en algún momento me gustaría incursionar en eso, pero siempre me resultó más fácil usar las imágenes para contar. Pero siempre hay una idea atrás y las imágenes vienen después.

¿Qué puntos en común tienen Poncho fue, Intensa y Naftalina?

Tanto Poncho fue como Intensa están centrados en relaciones de pareja, entonces no hay tantos personajes interactuando. Naftalina es bastante más amplia porque al ser la historia de toda una familia aparecen muchísimos más personajes. Hay más generaciones y más interacciones, pero siempre termino haciendo foco en las relaciones entre las personas, y la culpa siempre aparece en mis libros.

Naftalina parte de sus ganas de reflejar una constelación familiar en una historia, estudiar cómo ciertos parámetros de comportamiento se repiten o se repelen dentro de una familia. "Cómo a veces se repiten ciertos comportamientos y otras veces las distintas generaciones intentan alejarse y se van al extremo opuesto. Hay siempre un vaivén en ciertas problemáticas en relaciones familiares. Tomé un poco esa idea que viene de la constelación familiar y armé la historia de una familia, con algunas cosas que tienen que ver con la mía y otras que no", cuenta Sole.

En noviembre, Salamandra lo publicará en España y se estima que llegará al mismo tiempo a la Argentina. Es una historia muy íntima: la de una abuela que llega en barco desde Italia, en 1923. "Tiene bastante sobre la Argentina, un poquito sin querer y un poquito a propósito. Todo viene siempre de la mano de analizar las relaciones de poder entre las personas, las relaciones entre sí, las cosas que se repiten, los hábitos, las costumbres. Tiene bastante de análisis de terapia, de psicología. No sé si me salen las historias sociales o más amplias todavía. Siempre parto de las relaciones más íntimas", reflexiona.

¿Cómo ves a la Argentina y al mundo respecto de la novela gráfica y el libro infantil?

Creo que la Argentina tiene muy buenos autores que se han hecho ver en los últimos años en esos ámbitos, un montón. Y que se está produciendo obra. Lo que falta en la Argentina es un poco de industria, no hay mercado, entonces casi todos los autores producen un poco para el mercado interno, pero la mayoría de los que logran vivir de la historieta es porque están produciendo para algún lugar de afuera. Creo que hay muchísimo talento, pero falta que desde el país se estructure todo eso en un mercado interno.

Con más de 20 mil seguidores en Instagram, y algunos miles también en Twitter, donde también fue publicando los tweets dibujados que más tarde se convertirían en La pelusa de los días, sería lógico pensar que la relación con las redes es de mucha cercanía. Pues no. Entre el trabajo puertas adentro y la sobreinformación en relación a la pandemia, tomó distancia. "Tuve una relación bastante estrecha con las redes y la tecnología durante muchos años porque me la pasé haciendo comics web quizá cuando todavía no se hacían tanto. Formaba parte de Historietas reales, un blog colectivo que publicaba historietas todos los días. Crecí en ese ámbito del blog y después pasé al Facebook y al Twitter. Pero en este momento y después de haber publicado los libros y de haber encontrado una metodología que tiene más que ver con estar encerrada escribiendo y haciendo que con estar mostrando constantemente en redes, estoy un poco más ausente de las redes sociales".

¿Por qué fueron las dos experiencias tan diferentes en la residencia en Angoulême?

La primera vez llegué con temas personales por resolver y no conecté tanto con la ciudad. Estuve muy encerrada trabajando y era la primera vez que estaba quedándome por más de unas semanas en Europa. Trabajaba de manera intensiva y el resto del tiempo estaba yéndome para alguna otra ciudad, entonces no lo disfruté tanto. La segunda vez vine un poco más tranquila, conecté más con el lugar, me enamoré un poco más de los lagos, los ríos, la campiña francesa, empecé a cocinar más y ahí me terminé enamorando más del lugar. Fue una experiencia mucho más relajada.

Un concurso federal

Desde la "Silicon Valley" de la historieta, donde Sole Otero piensa quedarse mucho tiempo más, será una de los cuatro jurados del Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo, título que parece un guiño al libro de Julio Cortázar Todos los fuegos el fuego. "Lo más significativo es cómo desde el ámbito privado tres organizaciones como Techint a través de su Fundación Proa, la Fundación Bunge y Born y el diario LA NACION resolvieron salir a buscar talentos en el ámbito de lo federal - opina Norberto Frigerio, director de Relaciones Institucionales de LA NACION-. Es un premio que busca rastrear en todo el país obras que estén sin concluir, obras en desarrollo. Y en seis categorías distintas: Ficción; No ficción creativa; Dramaturgia; Guion; Novela gráfica, y libro infantil".

El director de teatro, actor y dramaturgo Alfredo Arias, el ensayista, crítico y traductor Pablo Gianera y la escritora Pola Oloixarac conforman también el jurado interdisciplinario para elegir a los ganadores de las seis categorías, que tendrán un premio de 300 mil pesos. Y las 18 menciones elegidas tendrán acceso a una clínica junto a dos grandes maestros que los guiarán para concluir sus obras.

El ganador de cada categoría del concurso recibirá un premio de $300.000, como estímulo para terminar su obra. El jurado está compuesto por Alfredo Arias, Pablo Gianera, Pola Oloixarac y Sole Otero

"Nos interesa la búsqueda de un perfil juvenil, gente de entre 20 y 40 años que está en proceso creativo de desarrollo, no necesariamente gente que ya ha publicado obras. Pero creo que hay otro aspecto muy interesante y es que pueden hacerlo en grupos de hasta cuatro personas", comenta Frigerio.

El título del concurso está también relacionado con este particular 2020 y el Covid-19, pero en realidad no tiene la marca profunda de la pandemia para sus obras. "Puede estar a caballo tanto de una cosa como de la otra: de lo que va a venir, de lo que estamos viviendo o de lo que fue. Se van a seleccionar las buenas semillas y se van a estimular y regar aquellas que merezcan florecer, por decirlo poéticamente", concluye Frigerio.

Y desde el otro lado del Atlántico, en su residencia rodeada de la vibra cosmopolita tan propia de la capital mundial del cómic, Sole Otero tendrá en sus manos las obras de las distintas categorías. Además de estar feliz por ser parte del jurado, celebra que va a poder estar leyendo y viviendo qué se hace en campos como la dramaturgia, que es algo con lo cual si bien no tiene tanto contacto siente que escribir el guion de una historieta y de una obra de teatro tienen ciertos puntos en común. "Me parece una experiencia súper interesante por un montón de razones. Por lo que me es más ajeno, pero también por lo que me resulta más conocido", se despide.

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