
Sombras siniestras
FANTASMAS Por Chuck Palahniuk-(Mondadori)-Trad.: Javier Calvo-442 páginas-($ 39)
1 minuto de lectura'
Chuck Palahniuk (Portland, Oregon, 1964) se hizo conocido en la escena literaria internacional a partir de El club de la pelea , novela en la que se basó el film homónimo de David Fincher, un relato provocativo que tematizaba la relación entre sexo, misantropía, violencia y deseo, aspecto que reaparece en su nueva novela, Fantasmas .
Luego de haberse dedicado por largo tiempo al periodismo, Palahniuk logró, con aquella novela, vencer la resistencia de distintas editoriales a publicar sus trabajos por esa característica cruda y perturbadora de su estilo y sus temas, y el texto se impuso por su fuerte crítica nihilista al american way of life , en su registro finisecular.
Fantasmas es, hasta hoy, su propuesta más provocativa. A partir de un anuncio público, un grupo de escritores sin reconocimiento acude a un retiro para artistas en el que podrán desplegar su imaginación sin ser molestados. El anfitrión, el señor Whittier, los recibe en un antiguo teatro abandonado que cuenta con electricidad y agua pero carece de casi todas las comodidades de la vida moderna. Los incita a escribir relatos terroríficos en esas condiciones precarias, emulando el famoso retiro romántico de Villa Diodati, a orillas del lago Leman, en Ginebra, donde la noche del 16 de junio de 1816 amalgamaron su imaginación John Polidori, Matthew Lewis, Lord Byron, Percy Shelley y Mary Shelley, quien concibió allí Frankenstein . Los concurrentes, para satisfacer su ansia feroz de notoriedad, aceptan jugar el juego sangriento y homicida de destruirse recíprocamente luego de confeccionar una "obra maestra", para que, después de conocida la tragedia colectiva y activado el sensacionalismo mediático, sus relatos accedan sin obstáculos a la posteridad.
A la manera de un fixing heterogéneo, que irónicamente remite una y otra vez a los Cuentos de Canterbury , la novela va compaginando distintas escrituras: las confidencias de los huéspedes de Whittier, sus macabros relatos y sus extraños poemas. El primer relato, "Tripas", es un tour de force sobre experiencias de onanismo violento y masoquismo. Los siguientes veintidós presentan la misma truculencia pero aspiran además a convertirse en un catálogo pesadillesco del horror cotidiano en una sociedad como la de nuestros días, muy lejana del gótico decimonónico, pero no exenta de monstruos estrafalarios e implacables.
Por ejemplo, "Cráteres hirvientes" y "Sonado a golpes" revisan con acidez la intolerancia de los fundamentalismos; "Decir cosas amargas" denuncia la discriminación sexista y "Posproducción", el intercambio de los roles de víctima y verdugo en las relaciones conyugales; la pederastia y el abuso sexual infantil aparecen en "Exodo", un trabajo de humor negro donde los niños son en realidad muñecos inflables. La proliferación de prácticas religiosas extravagantes y de cultos disparatados, en una clara referencia a la cientología y la dianética, se destaca en "Obsoleto".
El mayor logro de Fantasmas se halla en es esta recopilación de cuentos. Su impiadoso registro satírico contrasta con la línea narrativa que la engarza, es decir, la historia de la degradación de los escritores, quienes, incitados por su anfitrión y enceguecidos por la búsqueda de gloria póstuma, caen en la tortura, la mutilación y la antropofagia. La principal falencia de la novela, en cambio, es el desequilibrio entre sus dos partes. El remedo de grand guignol y el efectista crescendo de horror perjudican, en cierta medida, el interés del texto por subrayar críticamente la depreciación de valores, el vacío existencial y el consumismo poshumano de nuestra época.
Con su prosa cortante, seca y minimalista, Fantasmas es una novela de sombras siniestras en la que la referencia a los clásicos del terror revela la necesidad contemporánea de integrar lo pesadillesco y lo monstruoso a una escritura que huya de los límites del género. Ese imaginario canónico de lo horripilante, actualizado por Palahniuk, ya no presenta ninguna animalizada deformidad; es el lado oscuro, apenas disimulado, de la vida cotidiana de hoy.



