Sophie Calle, en el espejo

La más célebre de las artistas conceptuales francesas recibió a adnCULTURA en su casa de las afueras de París, meses antes de viajar a Buenos Aires. "A través de mi vida, mis sufrimientos y mis fracasos, la gente ve reflejada su propia vida", dice esta exorcista del dolor, mientras siembre polémicas en la 52° Bienal de Venecia con obras que desnudan su intimidad
Luisa Corradini
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20 de octubre de 2007  

Para LA NACION - PARÍS 2007

¿Sophie Calle es un genio, un monstruo o se ríe del universo entero? A simple vista, la última hipótesis parece la más tentadora. Pero hay cosas desconcertantes en su personalidad que incitan a contemplar las otras posibilidades. En la actual edición de la Bienal de Venecia, por ejemplo, la más célebre de las artistas conceptuales francesas proyecta un video con los últimos siete minutos de la agonía de su madre. De modo que la cuestión es pertinente.

¿Qué pensar de una escritora y fotógrafa mediocre, que husmea a la gente por la calle para ver lo que hace; se hace seguir por un detective privado para saber qué se siente; invita a desconocidos a dormir en su cama para estudiarlos; hace striptease en un parque de diversiones o se hace contratar como mucama en un hotel para entrar en los cuartos y revisar la intimidad de los huéspedes durante su ausencia? Y después, cada vez, monta una exposición con las fotos y los apuntes que tomó. A veces, incluso, con fotos que tomaron otros.

Cualquiera sea la respuesta, Sophie Calle es un personaje que no deja indiferente. Sus obras, casi siempre autobiográficas, provocan polémicas. Su método: hacer de su experiencia personal el punto de partida de un juego en el cual es ella quien establece las reglas.

Calle pone en escena su intimidad o penetra por la fuerza en la privacidad de los otros. Para ella, el menor acontecimiento cotidiano -una agenda encontrada en la calle, la desaparición de una joven o una pena de amor- puede desencadenar el deseo de hacer "una obra de arte".

Con las historias que fabrica, esta atractiva mujer de 54 años, calificada de narradora, de heroína, de exhibicionista o de voyeuse , intenta exorcizar sus propios sufrimientos, poner al desnudo la tragedia de la existencia.

Calle expuso su última desilusión amorosa en el pabellón francés de la 52a Bienal de Venecia. Y tuvo, como de costumbre, un éxito planetario.

Hace tres años, recibió un mail de ruptura que descubrió en la pantalla de su teléfono mientras estaba de viaje. "No era la carta de un sinvergüenza, pero terminaba con la frase Prenez soin de vous (cuidate). Y eso me indignó. Al no saber cómo responder, le pedí a 107 mujeres que la interpretaran según sus profesiones, la analizaran, comentaran, actuaran, bailaran y cantaran en mi lugar. Entre otras profesiones, convoqué a una mediadora familiar, una jueza, una criminóloga, escritoras, actrices, cantantes ", detalló la artista al recibir a LA NACION en su casa de las afueras de París.

Cada una de esas mujeres tuvo que trabajar desde su propio lenguaje profesional. Una periodista de la Agencia France-Presse escribió una información, una especialista en palabras cruzadas hizo un crucigrama con el contenido del mail ; una lingüista le corrigió las faltas de ortografía y de estilo; una doctora en física comparó la ruptura del átomo con una ruptura sentimental y una jueza estableció un paralelo entre un contrato inmobiliario y un contrato amoroso. Todo fue fotografiado o filmado y forma parte de la exposición.

-¿Hizo todo eso para vengarse?

-Me lo pregunté al comienzo. Pero no. Fue una forma de exorcizar mi propia impotencia. Me sentí incapaz de responder sola y terminé pidiendo ayuda.

-¿Y le sirvió para olvidar?

-En realidad, dos meses después de comenzar a recoger testimonios, rogaba que ese hombre no reapareciera. En ese momento solo me importaba el proyecto artístico.

-¿Ese hombre volvió alguna vez?

-No.

En verdad, desde hace tres años, Calle vive una satisfactoria relación con un arquitecto. Prudente, este le hizo prometer que nunca sería objeto de una exposición.

En la 52a Bienal de Venecia, que termina el 21 de noviembre, Calle también muestra un video casi insoportable con los siete últimos minutos de la agonía de su madre. Si esta mujer no tuviera un aspecto absolutamente normal, se podría sospechar que no está en sus cabales.

-¿Por qué hizo eso?

-Porque cuando comencé a preparar la exposición, mi madre se enteró de que le quedaban pocos meses de vida y me dijo: "Lo único que lamento es que no podré estar allí". Sabiendo que la gente suele esperar que sus seres queridos se alejen un momento para morir, decidí filmarla para estar con ella hasta el final. Después, me di cuenta de que era la mejor forma de que me acompañara a Venecia.

-¿Ella supo que la filmaba?

-Sí, sabía.

Según afirma, su excentricidad es herencia familiar. La ausencia, la pérdida, la ruptura, todos esos dolores que habitan su obra son el resultado de una educación fuera de lo común. Su padre, Bob Calle, era un hombre reservado, conocido oncólogo, cuya pasión por el arte conceptual -que siempre coleccionó- influyó profundamente en su hija. Su madre era "una extravagante que mostraba una inconsciencia total en su vida de noctambulismo y alcohol", declaró hace un tiempo al diario Le Monde .

Desde aquellos años infantiles, Sophie Calle transforma toda contrariedad en su beneficio. En 1979, "por simple juego", pidió a un grupo de desconocidos que pasara cierta cantidad de horas en su propia cama a fin de ocuparla en forma permanente durante ocho días, mientras ella fotografiaba y anotaba los detalles importantes de cada breve encuentro. Ese trabajo, titulado Les Dormeurs ( Los durmientes ) atrajo la atención del crítico Bernard Lamarche-Vadel, que la invitó a la Bienal de Jóvenes de París. "En realidad, fue él quien decidió que yo era una

artista", reconoce. En 1980 fotografió y siguió en secreto hasta Venecia a un desconocido que había cruzado en París ( Suite Vénitienne ).

-¿Para qué le servía seguir a la gente?

-En esa época yo estaba totalmente perdida. Acababa de regresar a Francia después de una ausencia de siete años y creía que siguiendo a alguien, viendo qué hacía y cómo vivía, podría darle un sentido a mi vida.

En 1983 encontró una agenda en la calle, pidió a las personas agendadas que le hablaran de su propietario y cada día publicó un texto en el diario Libération sobre él. El desconocido estaba de viaje y al regresar, furioso, obligó al matutino a publicar una foto de la artista desnuda. Después, la amenazó con un juicio si persistía en su intención de publicar un libro sobre la experiencia.

-¿Nunca pensó que no se podía invadir de esa manera la intimidad de la gente?

-Esa fue la única vez en que me dije que quizás estaba yendo demasiado lejos. Pero me engañó la respuesta positiva de la gente que figuraba en la agenda, que decía que mi idea era totalmente apropiada para el personaje.

-Y cuando se conocieron, ¿qué le dijo ese hombre?

-Nada. Nunca lo conocí. Es una lástima, porque realmente me había encariñado con él.

Un año más tarde, le pidió a su madre que empleara un detective privado para que la siguiera. En la muestra que resultó, Calle expuso las fotos que le sacó el detective y la descripción de sus idas y venidas.

-Esa experiencia estaba falseada, porque usted sabía que la seguían.

-Igual me afectó cuando ese hombre dejó de seguirme. Fue como si me abandonara.

Después de muchos esfuerzos, ese mismo año consiguió un puesto de mucama en un hotel de Venecia durante tres semanas. Su misión consistió en estudiar, fotografiar y anotar el interior de cada una de las 12 habitaciones que le adjudicaron en el tercer piso. Las fotos de la exposición ( L Hôtel ) muestran ropa interior en desorden, el contenido de cestos de basura, ropa adentro de los placares y las camas de los huéspedes deshechas.

En 1984, en el tren transiberiano que une Moscú y Vladivostok, compartió su cabina con un ruso llamado Anatoli. Ambos hablaban idiomas diferentes, pero al término del viaje Calle conocía lo esencial de la vida de ese desconocido y posteriormente publicó un libro de fotografías ( Anatoli ).

En 1992, hizo un viaje a Estados Unidos con su amante Greg Shepard, de quien estaba a punto de separarse. Cada uno con una cámara de video, ambos debían contar sus sentimientos cotidianos más profundos. Al término del viaje, se casaron. Esa aventura dio origen a No sex last night .

Dos años después, nació Gotham Handbook , producto de un "contrato" entre ella y el escritor Paul Auster. Esa disparatada historia comenzó cuando el célebre escritor norteamericano se inspiró en ciertos aspectos de la vida de Calle para crear el personaje de María en su libro Leviatán . "María aparece entre las páginas 84 y 93, pero después me deja para vivir su propia vida", precisa.

Calle propuso entonces a Auster hacer el camino inverso: que el escritor creara un personaje de ficción, al cual ella intentaría imitar. Auster -aterrado- se negó, pero aceptó enviarle Instrucciones personales a fin de mejorar la vida en Nueva York . Entre las indicaciones: sonreír, hablar con los desconocidos, tener en cuenta a los sin-techo, adoptar una dieta monocromática o vivir cada día bajo el imperio de una letra del abecedario. Último detalle: "Adoptar un sitio de residencia" para recibir visitas. Calle escogió una cabina telefónica, la decoró con flores, con bebidas y se sentó a esperar a la gente.

En Chambre avec vue (2002), con motivo de la Noche Blanca que se organiza cada año entre el 5 y el 6 de octubre en París, instaló una habitación en el cuarto piso de la Torre Eiffel e invitó a la gente a que se acercara para contarle historias. Hasta las 7 de la mañana, ella escuchó los relatos metida en su cama, vestida con un camisón.

Al año siguiente, en una gran retrospectiva organizada por el Centro Georges Pompidou, mostró por primera vez en texto y en imágenes Douleur exquise , el relato de cómo un hombre la había abandonado "el 25 de enero de 1985, a las 2 de la mañana".

-Cuando sucedió, mi enamorado tenía que reunirse conmigo en India y, a último momento, me enteré de que no vendría. A mi regreso, decidí contar la historia todo el tiempo y a todo el mundo, para hastiarme. A cambio, le pedí a la gente que me describiera el momento más doloroso de su vida, para relativizar mi propia historia.

-Pero demoró 18 años en mostrar esa exposición.

-Es cierto. Si bien tres meses después yo estaba curada, por una cosa u otra, tardé casi dos décadas en exhumar ese material.

-¿Se podría decir que los dolores y las pérdidas de su vida son la materia prima de su obra?

-No siempre. No es así cuando le pido a los ciegos que definan la belleza o a los vigías de museo que describan las obras ausentes o robadas. Pero es verdad que, cuando estoy mal, tengo tendencia a contarlo a todos. Y el proceso de creación es bastante similar: el primer gesto es siempre terapéutico, después la obra adquiere su lugar y se transforma en el único motor.

En el catálogo de la retrospectiva del Pompidou -que registró 200.000 visitantes-, su amigo y escritor Olivier Rolin escribió que "a los 9 años tomó al amante de su madre por su verdadero padre, sus padres se divorciaron, a los 6 años se desnudaba en el ascensor antes de entrar a su casa, a los 27 hizo striptease en Montmartre, uno de sus amantes estranguló a su gato y ella misma casi corre la misma suerte, estuvo enamorada de un torero y celebró varios falsos matrimonios".

A esos datos biográficos se podría agregar que cada jueves, cuando era niña, robaba en los grandes almacenes, que a los 13 años se enamoró de su profesora de ciencias naturales y decidió convertirse en escritora para impresionarla, que hasta los 17 le tuvo miedo a los hombres, que después comenzó a viajar, que vivió un año en México, que militó a favor del aborto y en contra de las prisiones.

Desde su adolescencia, para vengarse de los momentos difíciles, para exorcizarlos, Sophie Calle se deja llevar por el azar o tentar por el diablo. Su casa está habitada por esos fantasmas. En esa antigua fábrica transformada en luminoso loft , Calle convive con decenas de animales embalsamados: un tigre llamado Grégoire, dos cabezas de toro (adora las corridas), un flamenco rosa colocado en forma horizontal, un pavo real, un loro, una colección de lechuzas, un oso sentado en una mecedora y una cebra, bautizada Daniel. Las paredes están tapizadas de dibujos, cartas y recortes de diario.

En un muro hay una receta de tranquilizantes y en otro una hoja que dice: "Más vale casada que muerta". Al lado de la cocina, un pequeño cuarto de cristal de 2 x 2 metros es su "cementerio personal". En una de las paredes hay un cartel que anuncia Dead end (sin salida). En el suelo, otro que advierte "Aquí usted no tiene prioridad".

En medio de una profusión de plantas, pequeños carteles indican los datos biográficos de aquellos que ya no están, como su madre. En el resto de la casa, hay una infinidad de libretas, regalos y sobre todo cajas que contienen ideas de futuros proyectos. "Cuando esos objetos salen de las cajas para ir a las paredes, pierden su potencialidad artística", confesó alguna vez.

-¿Y estos minúsculos ataúdes?

-Encierran mis tesoros: aquí hay un mechón de pelo de mi galerista de Nueva York y aquí está el registro de conducir de mi ex novio, el torero.

-Todas sus muestras tienen un éxito descomunal. ¿A qué atribuye esa fascinación?

-Mis obras hablan de la vida cotidiana de cualquier ser humano. A través de mi vida, mis sufrimientos y mis fracasos, la gente ve reflejada su propia vida.

Volviendo a la cuestión inicial, ¿es realmente arte lo que hace Calle? Para sus detractores, en su obra nunca asoma el poder de las emociones o la fuerza del deseo: "Al recrear siempre relaciones humanas marcadas por el control, por la asimetría, por el dominio de uno (la artista) sobre el otro (el objeto de su obra), Calle vuelve imposible su realización final. Sus escenarios repetitivos, destinados a controlar la emoción, terminan por anular el efecto buscado", escribió el crítico François Granon.

El público argentino tendrá ocasión de interrogarla personalmente sobre la cuestión en febrero próximo, cuando viaje a Buenos Aires para la representación de su libro Douleur exquise , interpretada por el grupo de teatro El Periférico de Objetos. Será una buena ocasión para saber si Sophie Calle es un genio, un monstruo o si se ríe del universo entero.

La artista presenta su obra en www.sophiecalle.net

adnCALLE

A los 54 años, es la más célebre de las artistas conceptuales francesas. Captó la atención mundial con obras polémicas, casi siempre autobiográficas, como las que presentó en la 52a edición de la Bienal de Venecia: un proyecto basado en su última desilusión amorosa y un video con los últimos siete minutos de la agonía de su madre.

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