
Sueños pintados a mano
En la Fundación Klemm se exhibe un conjunto de pinturas surrealistas de misteriosa sugestión.
1 minuto de lectura'
EL surrealismo pictórico, movimiento considerado por muchos historiadores como el más importante del siglo XX, no deja de seducir, aun cuando han transcurrido ochenta años desde su nacimiento. Esta situación se puede comprobar en la muestra que se exhibe en la Fundación Klemm (Marcelo T. de Alvear 626).
Las pinturas expuestas, pertenecientes a integrantes históricos de la Scuola Metafisica y del surrealismo, así como a creadores argentinos de varias generaciones, son dignas de atención. No quitan interés a esos "sueños pintados a mano" ni las dimensiones pequeñas de algunos cuadros ni las fechas tardías de su realización.
Nada tiene sentido
Una de las más sugestivas obras expuestas, Risveglio de Ariadna (1974), es un óleo metafísico tardío de Giorgio De Chirico. En el centro de la explanada de una gran plaza, rodeada por edificios con arcadas, está la estatua de Ariadna (la enamorada que facilitó a Teseo el hilo que le permitió hallar la salida del laberinto del Minotauro). La joven ha sido representada en el momento de despertarse, luego de ser abandonada por Teseo en la isla de Naxos.
De Chirico, italiano nacido en Grecia, comenzó a pintar sus herméticos cuadros metafísicos hacia 1911. En esas obras aplicó un principio que atribuía a Schopenhauer: considerar "los sucesos más comunes" como si fueran "nuevos o insólitos". Entusiasta lector de ese filósofo alemán y de Nietzsche, De Chirico les atribuía el descubrimiento del non-senso della vita . Esa ausencia de sentido era lo que quería representar en sus cuadros. En ese intento, descubrió un mundo de enigmas globales, e indescifrable. En definitiva, su pintura metafísica -auténtico pre-surrealismo- se caracterizó siempre por la incertidumbre, el misterio, la soledad, la nostalgia y la melancolía de las escenas.
Ampliar el mundo
El surrealismo, movimiento al que pertenece la mayoría de los expositores, surgió después de la Primera Guerra Mundial, en un momento en el que tambaleaba la idea misma de Europa. Se originó entre los restos del descompuesto círculo dadaísta de París. De allí surgió el núcleo de poetas y pintores que lideró André Breton. Los estímulos más significativos que recibió el movimiento fueron los contactos con Apollinaire, con el pensamiento filosófico y poético de Duchamp, con la teoría del psicoanálisis de Freud y con la pintura metafísica de Giorgio De Chirico.
No puede ignorarse, por otra parte, la idea que los surrealistas tenían de la política y del rol que el arte debía desempeñar en ella. Breton, en un discurso preparado para un congreso de escritores (que se le impidió pronunciar), pensaba afirmar: " Transformar el mundo , dijo Marx; cambiar la vida , dijo Rimbaud; para nosotros esas dos consignas son una sola".
La búsqueda poética del surrealismo puede ser definida como una forma de ampliación de la realidad. Para acceder a ella, el arte debe fundir los estados, aparentemente opuestos, del sueño y de la vigilia. Por otra parte, el surrealismo no cree en los límites entre lo racional y lo irracional.
En cuanto a sus características estilísticas, este movimiento tiene una diversidad formal tan grande que se hace imposible formular una definición clara como sí ocurre en el caso del cubismo o del futurismo. Para comprobarlo basta comparar la abstracción de Miró con el realismo congelado de Magritte. La única posibilidad de establecer una definición de la pintura surrealista es aceptar la existencia de una vertiente automatista-abstracta y de otra figurativa-ilusionista, ligada con el sueño.
Los expositores
En 1925 se realizó la primera exposición colectiva de los surrealistas en una galería de París, con obras de nueve pintores. Tres de ellos (Giorgio De Chirico, Max Ernst y Man Ray) están presentes en la muestra de la Fundación Klemm. El belga René Magritte, de quien se exhibe una pequeña témpera con sus típicas yuxtaposiciones insólitas, pintó su primera obra surrealista en 1926 y sólo dos años más tarde se reunió con el grupo de París. Roberto Matta, de origen chileno, se incorporó al surrealismo en 1938, luego del "período heroico". En Nueva York, donde acompañó al surrealismo en el exilio, se convirtió en uno de los paradigmas de la nueva pintura norteamericana.
Xul Solar, una de las figuras más singulares del arte argentino, está presente en la muestra con Rochers , un óleo de 1951. Aunque su pintura se relaciona con el espiritualismo visionario, es evidente que, desde 1914, su obra constituyó un precedente singular del mundo imaginario del surrealismo.
Antonio Berni -de quien se exhiben obras notables- se relacionó con el surrealismo en París. Entre 1928 y 1932, realizó una serie de pinturas, fotomontajes y collages en los que abundan las asociaciones insólitas de objetos y personajes.
Juan Batlle Planas, de origen catalán, adscribió a ciertos principios del surrealismo hacia 1936. La obra expuesta, de 1959, pertenece a una etapa que recuerda levemente su origen surrealista. Del grupo Orión (que actuó entre 1939 y 1940 y desarrolló una estética ecléctica, de acentos surrealizantes) están presentes Orlando Pierri y Leopoldo Presas.
En la década del cincuenta, surgió una nueva generación ligada al surrealismo. Entre esos artistas se cuenta Roberto Aizenberg, de quien se exponen varias obras en las que se aprecian su característica geometría mágica y sus reminiscencias de sueños inquietantes. Víctor Chab, en una obra de 1952, muestra a un enigmático y sugestivo personaje que oscila entre las formas zoomorfas y las antropológicas.
Con distintas visiones de lo surreal, completan la exposición los trabajos de Fermín Eguía, Noé Nojechowiz y Mildred Burton.



