
Sutil e inteligente
PURAS MENTIRAS Por Juan Forn-(Alfaguara)-267 páginas-($ 16)
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Puras mentiras, la última novela de Juan Forn, vuelve sobre el tópico literario de la pérdida de la mujer amada como motor narrativo de la trama. La ausencia femenina desencadena el relato introspectivo de su protagonista, y también el relato de un viaje. Zabala abandona la ciudad de Buenos Aires en una noche de insomnio y amanece en Pampa del Mar, un remoto pueblo de la costa, donde intentará vivir una nueva vida, despojado de recuerdos y distante de los acontecimientos que lo rodean. Sin memoria del pasado, pero con poca conciencia de su presente, su historia se irá entrelazando con las historias locales hasta convertirlo en el protagonista inesperado del secuestro massmediático de Nieves, una adolescente de trece años que sabe enredarlo con versiones falsas y confusas sobre su identidad. Sin entender -sin querer entender demasiado- cuál es el rol que le han asignado en el tablado pueblerino, Zabala se deja narrar por otras voces que ordenan su historia: "Las cosas que nos pasan cobran sentido cuando las oímos contadas: recién ahí entendemos. Nieves cuenta cómo fueron pasando las cosas desde que llegué a Pampa del Mar [...] Cada tanto me pregunto: ¿entonces qué pasó? Y ella sigue contando. Y las piezas siguen llegando".
Dos temporalidades narrativas se superponen en la construcción de la historia. Con un sutil e inteligente entramado de voces narrativas, la novela presenta los diversos puntos de vista de sus personajes apelando a la elipsis, al vacío de explicaciones y al malentendido como recursos importantes en la configuración de subjetividades fracturadas. Pero sobre este entramado de voces, luego se imprime la poco feliz intromisión de los ritmos narrativos del periodismo. Porque Puras mentiras es también una fábula sobre el poder de los medios masivos en la construcción de realidades. Los periodistas que investigan -que inventan- el supuesto secuestro de la adolescente saturan con explicaciones los detalles de una ficción inexistente para construir el gran relato mediático, sensacionalista y sensiblero que el público estaba esperando. La mirada crítica de Puras mentiras sobre el periodismo funciona, sin embargo, como un boomerang , ya que su sola presencia acelera los tiempos de la novela, simplifica la construcción de su trama y reproduce, de alguna manera, aquello mismo que critica: hacia el final, la novela rellena sus blancos, explica sus sobreentendidos, revela sus enigmas.
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