
Tim Burton y los misterios del barbero asesino de la calle Fleet
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Para Tim Burton, que venía marcando el paso en términos de efectividad narrativa, creatividad y hasta emoción, la aparición en su camino de un proyecto como Sweeney Todd revestía un riesgo tremendo: adaptar el clásico musical de Stephen Sondheim al cine podía ser el camino directo al desastre, y eso temía la mayoría cuando el proyecto pasó a manos de Burton.
Contra toda esperanza, el tipo sale adelante. No es como para exagerar y decir en forma apresurada que es su mejor película desde los días de Ed Wood (1995), porque en realidad su nuevo film funciona en otro nivel de dificultad. El relato acerca del horror desatado por Mr. Todd y Mrs. Lovett, un barbero y una cocinera victorianos, quienes asesinan a una buena cantidad de clientes, a los que faenan y venden convertidos en pasteles, se adentra en el terreno de la tragedia, de lo grotesco y del asco, público y privado.
Burton rara vez se había aventurado a explorar otra cosa que no fuese su condición de extraño frente al mundo ( El joven manos de tijera ), sus abstractas ideas sobre la rareza de los demás ( Charlie y la fábrica de chocolate ) o su resistencia frente a las figuras de autoridad ( El gran pez ), pero al meterse con Todd se obligó a poner un pie fuera de su patio. Basado en una grotesca y popular pieza de teatro británica, el drama musical escrito por Sondheim funciona como historia de crónica roja, homenaje a los misterios de Londres y oscura fábula sobre los desbordes de la era industrial, pero en su dimensión más terrible es un relato apocalíptico, donde los que parecían condenados desde el principio acaban sumidos en infiernos más allá de su propia imaginación.
El realizador ya había intentado una versión casi juvenil de esas sensaciones en Batman inicia -de hecho, si Todd se parece a alguien en la filmografía de Burton es al Pingüino-, pero, a medida que la trama sigue veloz a las notables melodías y canciones, los contornos de la pesadilla adquieren un carácter inconfundiblemente adulto: Sweeney Todd escapó de la prisión para recuperar a su familia, pero como de esta ya solo quedan escombros, la posibilidad de formar una nueva junto a una encariñada Mrs. Lovett no es más que una risible parodia.
Que la soledad afectiva se haya transformado para alguien ensimismado como Tim Burton casi en un horror cardinal califica como una revelación, pero se condice perfectamente con los intereses de Sondheim, quien se condenó a sí mismo a explorar esos abismos y transformarlos en canción. Que ahora se hayan convertido en esta película representa para él y para Burton el mejor de los premios.
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