
Tras la revisión, la editorial mexicana, la fundación española y el jurado de escritoras respaldan al autor de “Donde el agua trabaja”
Reclaman además una disculpa pública del diario español “El País” que difundió un informe basado en un detector de IA; el desenlace llega después del comunicado del escritor peruano David Silva Rojas
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Tras la “revisión detallada” que se había prometido días atrás, luego de la publicación en el diario El País donde se consignaba que la novela ganadora de la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat había sido escrita (según el detector Pangram) nada menos que en un 99% con inteligencia artificial (IA), los organizadores del certamen y el jurado respaldaron al autor de Donde el agua trabaja, David Silva Rojas. También reclaman una disculpa por parte del diario español que, a su vez, indicó que no se había aportado prueba alguna.
Días atrás, el escritor peruano había negado que su novela hubiera sido escrita con IA y que aportaría pruebas concretas a los organzadores del certamen, como un cuaderno de notas y versiones previas del manuscrito. El reporte de El País lleva la firma de Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras.
Comunicado de Almadía: pic.twitter.com/zgl15BM1E0
— Jorge Carrión (@jorgecarrion21) November 6, 2026
“La editorial reitera su confianza en David Silva Rojas y mantiene el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Quienes suscribimos este comunicado compartimos esa confianza y respaldamos la decisión”, sostienen la editorial, la fundación española y las juradas Cristina Rivera Garza, Mónica Ojeda y Selva Almada.
Agradecen además “las innumerables muestras de cariño y apoyo” de escritores, lectores, libreros y editores. “Su respaldo, además de hermoso, ha sido fundamental para el autor y para quienes formamos parte de este premio. Estamos agradecidos también con quienes han pedido prudencia, han formulado preguntas y han defendido la necesidad de examinar los hechos sin convertir la sospecha en condena pública”, señalan. Sin embargo, las muestras de apoyo no diluyeron por completo las dudas acerca del método de escritura aplicado a la obra ganadora de 20.000 euros.
Esto del premio Almadía es un temazo y hoy ha tenido capítulo nuevo con la editorial tirando por la calle de en medio y cerrándose en banda a aceptar que a lo mejor se la han colado.
— Diego Álvarez (@diegoalvarezmgl) November 6, 2026
Hay que decir que, probablemente, la postura de la editorial es la más inteligente y la que… https://t.co/iP6xoKi7l5
“La revisión se llevó a cabo a partir de los materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura de la novela”, el comunicado. Detallan que el autor mantuvo “una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada”.
La editorial basó su resolución en “criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las distintas conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso”. Se ignora por el momento la identidad de estos expertos.
“El fallo de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda fue una decisión literaria, tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron -alegan-. Respaldamos ese fallo y reafirmamos la independencia del criterio de las integrantes del jurado. A lo largo de más de veinte años, Almadía ha construido vínculos que requieren atención, diálogo y confianza. [...] Compartimos la convicción de que la relación entre escritores y editores debe conservar esa confianza y no convertirse en una vigilancia permanente”.
Luego se hacen consideraciones sobre el informe de El País: “Entendemos que las dudas sobre una novela premiada tienen interés periodístico y deben examinarse con seriedad. También creemos que los resultados de una herramienta de detección no bastan por sí solos para dar por demostrado cómo se escribió una obra. Cuando está en juego la reputación de alguien, es necesario escuchar a las personas involucradas, dar tiempo para sus respuestas y examinar el conjunto de la información disponible”. El diario publicó su informe sin las voces de los organizadores del premio ni del autor.
La decisión de suspender la gira del autor por España se hizo “para protegerlo y evitar que una presentación se convirtiera en un interrogatorio”.
Ahora los periodistas de la nota del país sobre el uso de la IA son jueces de tribunal a los que hay que llevarles pruebas y mostrar inocencia. No bueno.
— Sara Uribe (@RaraUribe) November 6, 2026
“La cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española nos lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronunciamos -estiman-. A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad. En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de verlo, un gesto de respeto y consideración”.
Comparten al final una curiosa reflexión postcolonial: “Desde nuestra vinculación con la literatura latinoamericana, también nos preguntamos qué implicaciones tiene conceder a empresas del norte global la autoridad para validar nuestras formas de escribir. Nos preocupa que esa autoridad termine condicionando la propia escritura. En 1984, George Orwell puso en boca de Syme esta frase: ‘Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño’. ¿Qué ocurre, entonces, cuando alguien evita una palabra, una cadencia o un procedimiento por temor a ser calificado por una máquina? No nos interesa convertir esta controversia en una discusión interminable. El uso de la inteligencia artificial como herramienta de detección ha abierto un debate en el mundo editorial. Por nuestra parte, preferimos seguir confiando en el criterio humano”.
El comunicado concluye un desiderátum: “Queremos seguir haciendo lo que nos reúne: leer, escribir, editar, publicar y compartir literatura. Acompañar a quienes escriben y propiciar su encuentro con los lectores seguirá siendo el centro de nuestro trabajo”. Hasta el 22 de diciembre, continúa abierta la recepción de manuscritos para la segunda edición del premio de novela breve, con el mismo jurado de escritoras.
Que cada cual saque sus propias conclusiones. A día de hoy, yo no he visto ninguna prueba ni investigación interna que desmienta la investigación que llevó a cabo El País a propósito de 'Donde el agua trabaja' de David Silva Rojas. https://t.co/R5kAmh0qM8 pic.twitter.com/mltIWCNMBC
— Elizabeth Duval ☀️ (@_elizabethduval) November 6, 2026
Duval, que es escritora además de periodista, aclaró en su cuenta de X que no haría rectificación alguna: “Que cada cual saque sus propias conclusiones. A día de hoy, yo no he visto ninguna prueba ni investigación interna que desmienta la investigación que llevó a cabo El País a propósito de Donde el agua trabaja de David Silva Rojas. Si se aportaran esas pruebas y explicara razonadamente en qué ha consistido la ‘investigación interna’, yo, al menos, no tendría ningún problema ni en disculparme ni en retractarme públicamente. Pero pedir fe en un comunicado es tanto como pedir fe en Dios”.



