“Tres noches”, una obra de Kuitca nunca exhibida en el país, saldrá de su letargo con el toque mágico de una bailarina
El coleccionista Andrés Buhar cuenta cuándo y cómo compró esta pintura y la coreógrafa Diana Szeinblum anticipa en qué consistirá su activación; la propuesta acompañará en el auditorio de Arthaus la muestra de los “Diarios” del pintor, que comienza mañana
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Hay una historia para contar detrás de Tres noches, pintura de Guillermo Kuitca que pronto saldrá de la trastienda del coleccionista Andrés Buhar para colgarse de forma atípica en el auditorio de Arthaus. El cuadro en cuestión nunca se vio en un museo ni en una muestra en el país y, sin embargo, parece tan conocido… A primera vista, se lo emparenta con otras obras de la serie “Siete últimas canciones” (1986) como las que se vieron el año pasado en el Malba. Ahora, mientras en la sala de la planta baja se exhiban los tondos que componen los Diarios del artista, la bailarina y coreógrafa Diana Szeinblum tendrá la misión de despertar de su letargo aquella escena que ha quedado como interrumpida bajo un trío de lunas, entre una cama y un puñado de inconfundibles sillas.
En verdad, lo que comienza mañana se parece más a un “proyecto Kuitca” que a una exposición: por un lado, están las 45 piezas realizadas entre 2000 y la fecha, que pueden leerse como una sola obra desplegada con los años sobre una mesa redonda en el taller. Por otro, Ignacio Masllorens dialogará con ese material en una videoinstalación titulada Estas cosas llevan tiempo y presentada en pantallas circulares, en el primer piso. Y finalmente, en el lugar destinado a las artes escénicas –y no a las visuales- tendrá lugar el 27 y 28 de junio, con dos funciones cada día, la intervención de danza alrededor de Tres noches.
Si bien Szeinblum y Kuitca se encontraron cara a cara hace relativamente poco, son viejos conocidos. Pina Bausch ha sido como una médium entre los dos: la obra de la genial coreógrafa alemana, es sabido, resulta gran fuente de inspiración para ambos. “De muy jovencita sigo a Guillermo y así como Pina me marcó en la danza, podría decir que él me marcó en el mundo de la pintura. Vi su proceso, cómo de las escenas pasó a un trabajo mucho más conceptual, algo que a mí me ocurrió también; siento mucha afinidad. Y es un honor esta posibilidad de activar una obra suya”. En principio, Szeinblum transmite que la búsqueda estará en entender qué pasa con un cuadro colgado en un espacio escénico y está atravesada por una palabra clave, “reverberación”, que va de la pintura al movimiento a través de la música: unos “nocturnos” para piano de Ismael Pinkler. “Son piezas que definitivamente te hacen entrar en un estado somnoliento. Yo voy a hacer algunas apariciones salteadas con esta premisa de reverberar. El público va a poder acostarse en el espacio, entrar en una duermevela, en un estado de noche. Comprobar que, si cierran los ojos y los vuelven a abrir, el cuadro sigue estando ahí, y quizá vean otra cosa”. En un ámbito “perceptivo, abierto, nocturno, repetitivo”, la bailarina irá deambulando cual sueño entre todos los cuerpos.

En una visita exclusiva a la flamante reserva que Buhar se armó junto a su oficina del sexto piso, donde guarda unas 300 obras de arte de gran impacto, recibe un friso escultórico de Gabriel Baggio, Matar y morir (2020), que viste de dorado a una pared con figuras trágicas, réplicas de rostros sufrientes tomados de pinturas de la antigüedad, el renacimiento y el romanticismo. Entre tanto, frente a un Berni, el coleccionista deja ver otro inédito: El sueño de la razón, impresionante díptico de Mondongo que evoca el asesinato de una joven violada en la República de los Niños. Plastilina, lana, hilos, galones, vidrio, espejos, alfileres, brea. No faltará mucho para que decida mostrarlo. Pero volviendo a Tres noches, confiesa que si hasta ahora no se exhibió es porque estaba afuera del país, en Estados Unidos, hasta que apareció a la vista del público por única vez en el stand de la galería Barro en arteba 2025. Decíamos en las crónicas de esos días que por “un precio muy alto”, un comprador no revelado se había quedado con la pintura en la previa de la feria, pero que se exhibiría de todos modos. “Me la habían mostrado antes, en una foto, pero los cuadros buenos siempre son mejores que en las fotos”. Cuando la tuvo enfrente, no lo dudó. “Ya viste cómo son los enamoramientos”, se ríe. “Es casi como algo físico, sentís el impacto de la obra”.
Abrir canales, ampliar audiencias
Con el mismo afán de acercarse al espectador de maneras inusuales, de abrir nuevos canales y ampliar las audiencias –una intención que Arthaus viene manifestando en sus diferentes espacios: además de las salas de exposición están el auditorio, que oficia de teatro sin escenario, y una terraza, que funciona como cine con una platea de reposeras–, fuera de sede el tour de Mondongo que comenzó en noviembre en Rosario abrió una senda. El jueves llegó a su segunda estación, el Bellas Artes de San Juan. “La gira de Argentina (Paisajes) por la Argentina abrió caminos; ahora vamos a pensar una gira federal con los Diarios de Kuitca también, que continúe con esa lógica de colaboración con las instituciones del interior del país, que promueva un diálogo como el que ya tenemos acá con el Teatro Colón, con el Bellas Artes, pero con los museos de las provincias”, anuncia.
“Inventar, probar, arriesgar y equivocarse también. Ampliar, sorprender, mezclar”, todos esos verbos vuelven con insistencia durante una conversación sobre la programación de este año. En mayo también se inaugurará una muestra de dibujos hechos con papelitos de colores, a seis manos por Manuel Mendanha, Juliana Laffitte y el escritor Sergio Bizzio. “Un día voy al taller de Mondongo y veo ese trabajo que fueron haciendo al mismo tiempo que el Baptisterio de los colores. Les dije: ‘Mostrémoslos’. Tenemos libre la sala que está al lado, donde estaban los Paisajes. Así que allí se verán: son 108 obras de papeles cortados. ¿Sabés cómo las hacen? Se ponen en una mesa, siempre en el mismo lugar: Juliana, Manuel, Sergio. Empieza uno, hace una acción, pasa la obra, el otro hace una acción, pasa la obra, y el otro. Así. Hay una especie de automatismo o de ritmo, mientras va girando. Cada uno tiene tres intervenciones y ahí se acabó”. Todo como un gran cadáver exquisito.
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