
Un debate anacrónico en tiempos de diálogo
Contrasta con el nuevo estilo de la Iglesia
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Sólo parece haber espacio para la sorpresa.
En el rompecabezas del siglo XXI no es fácil hallar lugar para una situación anacrónica como la planteada en Catamarca. El debate por la enseñanza religiosa hace tiempo quedó atrás.
Hoy, con Juan Pablo II a la cabeza, la Iglesia pugna por la libertad de conciencia, defiende la libertad de creencia y ha pedido perdón por aquellos métodos de imposición.
Hoy sopla el vivificante viento del diálogo. No es tiempo de intemperancias. Y en la provincia de Catamarca, para más, aparecen estimuladas por los desaciertos de unos y otros.
Y el conflicto se agiganta cual bola de nieve, enriquecido por la desmesura de quienes rápidamente cuelgan a diestra y siniestra el sayo de la discriminación o por el despropósito de los que desempolvan un lenguaje antisemita.
Entonces, esa sociedad que gritó su hartazgo y supo encolumnarse detrás del valor esencial de la vida, en defensa de su propia dignidad, asiste hoy atónita a una escalada de actitudes destempladas, a un torneo de la insensatez.
Y así, la retórica proclama la defensa de la enseñanza religiosa y la actitud, el testimonio, reniegan de valores evangélicos esenciales.
Herramientas
Difícil componer una imagen armoniosa con los elementos que están a la mano.
¿Cómo compaginar la escena catamarqueña que se transmite hoy a la sociedad con la que ayer nomás se ofreció en la catedral metropolitana?
¿Cómo conciliarla con la reciente peregrinación del Papa por Grecia y Siria siguiendo las huellas de San Pablo o con su histórica oración en Jerusalén junto al Muro de los Lamentos?
Si lo que se procura es defender la difusión de valores esenciales, o reclamar el derecho de los padres a la educación de sus hijos, las herramientas de esa lucha no podrían ser otras que las que estimulan el encuentro y la comprensión.
No será con lenguaje de barricada que evoca tristes períodos, ni con actitudes altaneras que se contribuirá al restablecimiento del vínculo social del que ayer habló el cardenal Bergoglio.
Falta diálogo en Catamarca.



