Un estadista hábil y pragmático
FRONDIZI Por Celia Szusterman (Emecé)-421 páginas-($ 22)
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MUY pocos gobernantes posteriores a la ley Sáenz Peña fueron al mismo tiempo estadistas. Entre los que sí lo fueron se cuenta Arturo Frondizi. Hombre de vastas lecturas, supo además escuchar, lo que explica, por una parte, su versación en temas políticos y económico-sociales y, por la otra, una flexibilidad de espíritu gracias a la cual evolucionó desde un nacionalismo de izquierda hasta la concepción desarrollista de su trunca gestión en la Casa Rosada. Por eso cobra importancia este libro, inspirado en la tesis doctoral que la autora, Celia Szusterman, presentó como culminación de sus estudios en la universidad de Oxford.
El trabajo, subtitulado "La política del desconcierto", analiza la actuación de Frondizi entre 1958 y 1962 como titular del Poder Ejecutivo recibido de manos del régimen militar que, en 1955, había derrocado a Perón. Desprendimiento del tronco de la Unión Cívica Radical tradicional, el radicalismo intransigente de Frondizi despertó la esperanza de las mayorías, al anunciar su plan de modernización. No lo habían logrado los dirigentes del viejo partido de Alem e Yrigoyen, imbuidos de principios, aunque carentes de una ideología ajustada a la realidad.
Tampoco el peronismo había efectuado los cambios de rumbo requeridos. Al contrario, estancó el país en el aislamiento de la autocracia de tipo corporativo implantada por su líder.
El crecimiento de la industria nacional y los contratos con compañías privadas extranjeras para la explotación del petróleo fueron los soportes de la transformación encarada por Frondizi. Szusterman enuncia los aspectos positivos del desarrollismo, aunque señala el pacto secreto con el ex dictador proscripto y las negociaciones clandestinas, reñidas con la democracia, de las que se valió el ex presidente para alcanzar sus metas.
A más de tres décadas de la frustrada experiencia modernizadora de la UCRI, Menem acometió idéntica empresa. Sin embargo, en ambas oportunidades fue necesario engañar a los votantes con un previo proselitismo populista, para sorprenderlos luego, conseguido el poder, con medidas antiestatistas. Eso confirma el hecho de que la duplicidad parece pecado venial en los políticos, cuando se ve pragmáticamente justificada.
Por algo la autora transcribe la reflexión de un ex embajador británico acerca de "... los bajos niveles de inteligencia, moralidad y capacitación endémicos en Sudamérica". En respuesta a la ríspida opinión, consignemos a modo de refutación que, en nuestro medio, la conciencia cívica ha madurado indiscutiblemente en los últimos años.





