
Un museo para Córdoba
Emilio Caraffa tuvo un decisivo protagonismo en la definición de edificios de valor patrimonial que marcaron el ingreso de la provincia mediterránea en el cauce de la modernidad
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Durante el proceso de modernización desarrollado en la Argentina durante los años que rondaron el paso del siglo XIX al XX, la ciudad de Córdoba dio en su arquitectura ejemplos de interés notable.
Dos acontecimientos de relevancia van a ser en la capital de la provincia la culminación de ese proceso de modernización: la creación del Museo Provincial de Bellas Artes y la conclusión del programa de ornamentación del interior de la Catedral, ambos sucedidos en 1914 y en los cuales el pintor Emilio Caraffa (1862-1939) tuvo un decisivo protagonismo.
Nacido en Catamarca y formado sucesivamente en Rosario, Buenos Aires y Madrid, Caraffa, integrante de la generación del 80, desarrolló en Córdoba una labor que se puede definir como paralela a la de Schiaffino en Buenos Aires. Academicista de convicción, como pintor fue el encargado de construir una nueva iconografía para la sociedad mediterránea. Como docente impulsó la creación, en 1896, de la primera Academia de Bellas Artes del Interior del país, aún en funcionamiento.
Desde la llegada del ferrocarril, en 1870, hasta la dotación, en 1890, de obras de infraestructura, como la electricidad y el agua corriente, más la anexión de un nuevo modelo urbano, la antigua aldea se irá transformando en una capital moderna.
La intención de la clase gobernante, asociada al oficialismo liberal porteño de afán cosmopolita, era despojar a la ciudad de toda evocación colonial. La urbe, definida por Sarmiento como "un claustro encerrado entre barrancas", se encamina hacia otro horizonte cambiando su fisonomía.
Comienzan a surgir numerosas construcciones que contribuirán a la transformación de la ciudad, como, por ejemplo, la sede central del Banco de la Provincia o el Teatro Nuevo (inaugurado en 1891, poco después Rivera Indarte, hoy Teatro del Libertador), ambas obras del arquitecto italiano Francisco Tamburini.
Nuevas sedes institucionales, academias, monumentos, avenidas, más importantes residencias particulares, hicieron que por entonces Córdoba adquiriera aires de gran ciudad. Un factor decisivo en este sentido fue la expansión hacia el Sur, con el trazado de la Nueva Córdoba y el diseño de un gran parque urbano, al mejor estilo parisino, ideado por el arquitecto paisajista francés Charles Thays, hoy llamado parque Sarmiento.
Es precisamente en el entorno del parque donde se levanta la sede del Museo Provincial de Bellas Artes, creado en 1914 e inaugurado dos años después por el gobernador Ramón J. Cárcano y una comisión integrada, entre otros "notables", por Emilio Caraffa.
El edificio, obra del arquitecto húngaro Juan Kronfuss, es una construcción que se define dentro del sistema del eclecticismo historicista, con citas al clasicismo, de gran riqueza simbólica. Un museo concebido con el molde decimonónico, de importante escala y dotado de grandes lucernarios que aprovechan la luz natural.
Situado frente a la plaza Chacabuco (hoy España), el diseño del edificio acompaña de una manera singular el trazado circular de la rotonda, un estratégico round point, que abre paso y comunica la ciudad con el parque.
Mil pesos en futurismo
Tras un préstamo inicial de la Comisión Nacional de Bellas Artes, durante sus casi 90 años de vida el museo ha incrementado su patrimonio de manera diversa, sin que se estableciera en el tiempo una coherencia en la gestión de las colecciones.
A pesar de ello, el acervo conserva obras que se han transformado en exponentes clave del arte argentino, mayoritariamente pinturas con obras de Genaro Pérez, Honorio Mossi, Eduardo Schiaffino, Fernando Fader, Lino Enea Spilimbergo, Ramón Gómez Cornet, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Juan Carlos Castagnino, entre otros, y un interesante conjunto de esculturas representado por trabajos de Gonzalo Leguizamón Pondal, Luis Falcini o Carlos Peitiado. A este conjunto se le suma un grupo especial de obras de artistas españoles como Mariano Fortuny, Joaquín Sorolla y Pablo Picasso. Los premios de pintura de los salones oficiales permitieron el ingreso de un singular conjunto de obras de los "paisajistas cordobeses", entre los que se destacan Octavio Pinto, Antonio Pedone, Francisco Vidal y José Malanca.
En 1926 se produce el ingreso de una obra del período europeo de Emilio Pettoruti, adquirida por un decreto del gobierno provincial, en medio de la furiosa crítica de la conservadora prensa local, que acusaba al ejecutivo de "gastar mil pesos en futurismo". La obra en cuestión, cuyo título es "Bailarines", representa a un amigo de Pettoruti, Xul Solar, bailando tango en una mansión de Florencia. Un dato paradójico si se tiene en cuenta que ésta es una de las primeras obras de "arte abstracto" que ingresa en una colección pública.
Este gesto fue siempre señalado por el mismo Pettoruti, que en agradecimiento envió varios años después, desde París y como donación, un conjunto de litografías de sus obras, realizadas en el prestigioso Taller Murlot.
Signo de los tiempos
La vida del museo se expande durante los agitados 60 y será la sede principal de las ya míticas bienales, impulsadas por Industrias Káiser Argentina. Este acontecimiento obliga la ampliación de sus salas, dando lugar a nuevos espacios de exposición y de servicios. El proyecto, concretado en 1962, de corte racionalista, está firmado, entre otros, por el arquitecto César Naselli. Un edificio anexo que se articula sabiamente con el cuerpo primigenio continuando su axialidad y respetando su volumetría.
Con las Bienales IKA Córdoba se internacionaliza, y la colección del museo se actualiza de manera notable con la incorporación de los premios, los que legitimaron a buena parte de los artistas de aquella década. Obras fundamentales de Jorge de la Vega, Rómulo Macció o Ernesto Deira integraron durante años el acervo, pero luego fueron traspasadas al Centro de Arte Contemporáneo Chateau Carreras, un proyecto entusiasta impulsado en 1988 y que lamentablemente hoy ha perdido su rumbo.
El Caraffa, como se lo llamó a partir de 1950, cumplió durante sus años de vida institucional las misiones fundamentales de todo museo (adquisición, conservación, difusión, exposición) y ha sido sede de innumerables eventos y exposiciones temporarias. Como referencia ineludible de la vida cultural de los cordobeses, espera los desafíos del nuevo siglo.
El autor es museólogo, miembro del Consejo Internacional de Museos.



