
Un recorrido por joyas históricas que se esconden en el Tigre
Se trata de la Casa de Sarmiento, el Museo de la Reconquista y el Naval de la Nación
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El Tigre, además de su belleza natural, sorprende con algunas joyas históricas que muchas veces pasan inadvertidas para los visitantes.
Para quien decida pasar un día en esta ciudad -ubicada 32 kilómetros al norte de Buenos Aires- y disfrutar del entorno natural del Delta proponemos no dejar de visitar tres lugares. Estos son: el Museo Casa de Domingo Faustino Sarmiento, ubicado en la confluencia del río Sarmiento con el arroyo Los Reyes; el Museo de la Reconquista y el Museo Naval de la Nación, ambos en el centro de la ciudad.
Para llegar a la casa del escritor, estadista y educador sanjuanino es preciso embarcarse en una lancha en la estación fluvial de Tigre. En veinte minutos de viaje se llega a lo que fue la residencia de fin de semana del prócer.
Se trata de una pequeña casita de madera clara pintada, ubicada frente al río, donde los únicos dueños de casa que reciben al visitante que desembarca son los pájaros, que no cesan de cantar. El silencio y la soledad son impagables.
La casa se encuentra actualmente rodeada de cristales, instalados por la Municipalidad de Tigre en 1996, cuando se hizo cargo de la refacción de la edificación.
Esta construcción de tres salas, declarada monumento histórico provincial, es pequeña. No así el parque que la rodea, donde es posible ver un busto de Sarmiento realizado por el escultor Víctor de Pol (único ante el cual posó el prócer) y otro de doña Paula Albarracín de Sarmiento.
La casita edificada sobre pilotes posee dos habitaciones y una sala principal donde se pueden ver el mobiliario perteneciente a Sarmiento: su cama, una colección de fotos y un pintoresco cuadro del barco de vapor Talita, en el que el prócer llevaba a autoridades y amigos a conocer el Delta.
Ante el peligro de que la casa se derrumbe, la Municipalidad de Tigre no permite que la gente ingrese y la recorra. De todas maneras, el balcón que la rodea permite ver las tres salas desde afuera con tranquilidad.
Según el museólogo Pablo Pereyra, conocedor como pocos de la historia del Tigre, Sarmiento utilizó este lugar de reposo durante unos pocos veranos cuando fue presidente.
"Se instalaba allí un mes o más", precisó Pereyra.
Leopoldo Lugones describe la isla que tenía Sarmiento en el Delta y cuenta que el sanjuanino "pasaba días felices remando en su canoa inglesa, estudiando y hasta explorando la vegetación pantanosa en su viejo pony zaino". Este era su sitio de sosiego, un lugar donde la vegetación húmeda invade cada rincón, y donde la tranquilidad y el incesante movimiento del agua sosiegan el alma.
Reponer fuerzas
Algo que no se interrumpe completamente cuando, una vez en el continente, se visita el Museo de la Reconquista, ubicado frente al río homónimo, en el lugar histórico donde el 4 de agosto de 1806 desembarcó Santiago de Liniers para reconquistar la ciudad de Buenos Aires. Por aquel entonces la capital estaba en manos de los ingleses.
En aquella fecha, Liniers se encontraba en lo que era la Banda Oriental, cruzó el Río de la Plata y, como se había desatado una fuerte sudestada, decidió desembarcar en una de las márgenes de lo que era el río Las Conchas (hoy río Reconquista) y pernoctar en casa de su amigo Martín José Goyechea (actual Museo de la Reconquista). Allí durmió y ultimó detalles para avanzar a reconquistar Buenos Aires.
Características coloniales
El museo es una casa preciosa, blanca, con características coloniales, rodeada de un tupido parque. Su interior consta de tres naves en las cuales se pueden apreciar réplicas de uniformes de la época virreinal, armas, documentos y retratos de la Reconquista (incluso maquetas perfectamente diseñadas). Otra de las naves presenta objetos y fotografías donados por los vecinos de Tigre (llamado en el siglo XVI Pago de las Conchas).
Por último, a tres cuadras del Museo de la Reconquista, el Museo Naval de la Nación es imperdible. Fundado el 20 de mayo de 1892, esta institución de la Armada Argentina informa acerca de la historia, la tradición y la cultura navales.
La casa, de estilo ecléctico europeo, se construyó cuando Sarmiento era presidente (1868-1874). Surgió cuando el país compró los primeros buques de guerra a Inglaterra, como lugar ideal para repararlos. Lo que hoy es el museo fue un taller de la Marina.
Según el museólogo Pereyra, la sala de historia de la navegación cuenta con réplicas de los primeros modelos sobre los cuales navegó el hombre y, entre otros objetos, embarcaciones indígenas americanas.
Existe otra sala que está dedicada a la historia naval del país (las invasiones inglesas y las luchas por la independencia, la guerra contra Brasil, la Conquista del Desierto, el Chaco y el Sur). En otro de los salones es posible apreciar las armas navales, una colección de torpedos, artillería de buques e infantería de marina. Por último, en otro recinto se exhiben modelos de unidades de la Marina Mercante.
Los tres museos son joyas que merecen un alto de los visitantes que en estas vacaciones decidan tomar un día libre en la zona del Delta.
Carta a un amigo
- En una carta a su amigo José Posse, fechada el 15 de enero de 1874, cuyo original se encuentra en la biblioteca pública municipal, Sarmiento hace referencia a su residencia: "Todo va bien, me levanto en mi casita, planto un jardín, navego y vuelvo con entusiasmo a mis sueños juveniles. Es posible que me quede por allí. Tengo árboles colosales, botes, y tendré una vida rural vital sin mucho dinero. Pero una vida tranquila y según mis gustos".




