Un templo del rock vernáculo

Adriana Franco
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19 de junio de 2015  

Parece que nadie sabe a ciencia cierta cuál fue el primer recital en Cemento. Al menos es lo que asegura Nicolás Igarzábal, autor del imprescindible Cemento, el semillero del rock. La falta de precisión no hace más que agigantar el mito de ese lugar que fue una suerte de "primer hogar" para muchas de las bandas que hoy llenan estadios y también para gente del teatro y el varieté. Algunos dicen que fue un show de los Redondos, en agosto de 1985, dos meses después de su inauguración, en una noche de lluvia y excesos, con Omar Chabán al frente de todo y Katja Aleman, su mujer y socia, entrando como una valkiria. En ese punto, el de la inauguración, comienza el libro para luego recorrer la historia hasta el final, que trajo aparejada la tremenda tragedia de Cromañón (el nuevo espacio que había sumado Chabán).

Los que hablan, recuerdan y cuentan las anécdotas que acumularon esas paredes desangeladas son los músicos que tocaron allí, de Divididos a Miranda!, de Todos Tus Muertos a Ratones Paranoicos, pasando por troupes como La Organización Negra.

Es la historia de Cemento, pero también la del rock argentino, y la de su fundador. No es extraño, por lo tanto, que este libro no sea un objeto aislado y que ahora mismo se esté filmando un documental sobre el espacio, que se esté organizando un festival para recordar los treinta años de su inauguración y que en las redes sociales haya surgido una página que suma testimonios ocurridos allí y otra dedicada a Chabán y su funcion de sostén de muchas bandas under argentinas. ß Adriana Franco

Cemento, el semillero del rock

Nicolás Igarzabal

Gourmet Musical

256 páginas

$ 240

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