
Un teórico de las apariencias
Para Jean Baudrillard, el arte se repite cada vez a más velocidad y tiende inevitablemente hacia la trivialidad
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El pensamiento de Jean Baudrillard, en el que se perciben, entre otras, las huellas de Friedrich Nietzsche, Charles Baudelaire y Roland Barthes, tuvo una favorable recepción por parte de muchos artistas emergentes hacia principios de la década de los ochenta. Habían encontrado en la simulación y la hiperrealidad conceptos claves. Asimismo, en los años noventa, en una situación opuesta por el vértice, el sociólogo y filósofo estuvo entre los intelectuales que sostuvieron con mayor vehemencia la hipótesis de que el nuevo arte se había edificado sobre una impostura.
En medio de esa trama de impugnaciones de toda índole, en la que también participaban Jean Clair (director del Museo Picasso), Ben Vautier y Jean-Philippe Domecq, Baudrillard publicó en Libération "El complot del arte", un artículo de tono escandaloso que comenzaba afirmando: "Si en la pornografía circundante se ha perdido la ilusión del deseo, en el arte contemporáneo se ha perdido el deseo de ilusión. En el porno no queda nada que desear". Más adelante aseveraba que toda la intención del arte contemporáneo residía en "reivindicar la nulidad, la insignificancia y el sinsentido".
La teoría de Baudrillard se fundaba en la idea de que el arte estaba muerto, pero "el mundo del arte", y particularmente el mercado, continuaban creyendo que existía. Las obras han pasado a ser objetos insustanciales que no cuestionan nada exterior y solo entran en juego con la distribución de los objetos en el espacio (como en la decoración de una casa). El arte, en definitiva, está volcado hacia una forma ritual del suicidio, una simulación en la que lo trivial aumenta su escala. Ese es el problema, lo banal termina siendo lo más importante: está sacralizado.
En una entrevista concedida a Catherine Francblin para Art Press , en 1996, Baudrillard apuntaba: "El arte no tiene ningún privilegio especial frente a otros sistemas de valores. La gente sigue considerando que el arte es una especie de recurso inesperado. Yo me opongo a esta versión edénica. [ ] Ya no parece que el arte siga teniendo una función vital".
Por otra parte, Baudrillard fue el inspirador incuestionable de algunas de las propuestas más lúcidas de muchos artistas de la década de los ochenta, en particular en Estados Unidos. Su teoría se convirtió en un instrumento fundamental para quienes crearon sus obras como un híbrido de productos de supermercado y de estilo geométrico minimalista, en el límite de la hiperrealidad (algo "más real que lo real"). Todos entendían que el objeto artístico, como cualquier mercancía sofisticada, debía producir cierta seducción, cierta erótica del deseo.
Con objetos conocidos en el mercado, de diseño agradable, apelando al packaging y a las técnicas de marketing , Haim Steinbach (nació en Israel, reside en Nueva York) creó "esculturas de bienes de consumo". Seguía las teorías de Baudrillard expuestas en El sistema de los objetos (1968), Crítica de la economía política del signo (1972) y La precesión de los simulacros (1978). Sin duda, en esa vía, el artista buscaba poner en evidencia que en la fase de supereconomía capitalista, lo que contaba no era el valor de uso (la función), sino el simple valor de cambio (el mercado). En definitiva, intentaba sustituir el arte por el diseño y el kitsch; las obras están en absoluto privadas de toda metáfora, también de toda poesía.
Un ejemplo paradigmático de la escultura de bienes de consumo es la serie compuesta con aspiradoras domésticas colocadas en cajas de plexiglás con tubos de luz fluorescente de Jeff Koons (nació en Nueva York), una estrella fulgurante del arte "posmoderno". El artista sabía que el sistema ya no vendía cosas sino deseos y símbolos de bienestar. Como señaló Baudrillard, la opulencia no debe ser entendida como posesión material de riquezas, sino como posesión de los símbolos estandarizados de la riqueza
Por su parte, los consumidores del arte, según el sociólogo, tienen razón cuando se muestran desengañados e irritados frente a obras que no entienden. El problema es que ya no es posible recurrir al tradicional mecanismo del juicio estético; asimismo, la pareja antagónica "arte, no-arte" resulta irremediablemente incongruente. Además, el arte hoy está en todas partes: en los museos, en las galerías, también en la banalidad de los objetos cotidianos, en la calle. Todo está estetizado por igual.
Jean Baudrillard, antiguo profesor de la Universidad de Nanterre, murió en París el 6 de marzo, tenía setenta y siete años. Pocas horas después de conocer la noticia, el filósofo Alain Badiou, en una conferencia, lo calificó como "el gran teórico de las apariencias del mundo contemporáneo".




