
Un triángulo virtuoso
Buenos Aires, como Madrid, tiene su triángulo del arte, formado por el Museo Nacional de Bellas Artes, el Palais de Glace y el Centro Cultural Recoleta. La concentración de la oferta de exposiciones en pocas cuadras fue un gancho turístico aprovechado por la Comuna de Madrid con la promoción del Thyssen, del Prado y del Reina Sofía, ampliado por el francés Jean Nouvel. La capital de los argentinos está en condiciones de replicar el modelo.
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Desde la primera y vigorosa gestión de Osvaldo Giesso -el arquitecto que inventó la variable porteña del loft-, el Centro Recoleta demostró su capacidad de convocatoria con una programación ecléctica, abierta a todo tipo de expresiones. Gratuito y masivo, asumió desde el vamos la idea del arte como espectáculo, más cerca del entretenimiento propio de un espacio lúdico que del tradicional concepto del museo-reservorio. Giesso, Miguel Briante, Diana Saiegh, Teresa Anchorena y ahora Nora Horschbaum lograron, en gestiones sucesivas, proyección internacional con la puesta en valor de las salas y la apertura del auditorio, más conocido como La Capilla, que suele sorprender con una programación inusual. El viernes último, allí mismo, Felisa Rocha levantó la temperatura de la noche helada con un espectáculo distinto, refractario a las clasificaciones. Ella también escapa de los moldes, ¿actriz, diva, cantante, recitadora, provocadora? Todo esto junto se vio en la puesta del ritual de la Pachamama, oportunidad para ser testigo del despliegue de una personalidad desbordante.
Si bien han sido los norteamericanos los campeones del marketing, de las megamuestras y del merchandising de arte, el mejor ejemplo de la hibridación multidisciplinaria de una institución cultural pública llegó treinta años atrás con el Centro Georges Pompidou. La "cafetera" diseñada por Renzo Piano sigue siendo la máquina del éxito: tiene casi tantos visitantes como Disneyworld.
En esta parte del mundo, la ola turística (¿500.000?) confirma que Buenos Aires atrapa a los viajeros regionales. Chilenos, uruguayos y brasileños llegan atraídos por la arquitectura, las antigüedades, las galerías de arte, la gastronomía y la moda.
Ese mix resulta irresistible; lo admite una anticuaria paulista que pasa sus fines de semana en el Alvear y no pierde jamás su clase diaria de tango. No es menor el dato: todo suma a la hora de pensar en fuentes de trabajo. Por el mismo motivo, es una buena noticia anunciar el regreso de la tradicional Feria de Anticuarios, que será en el Palais de Glace, entre el 4 y el 12 de septiembre, organizada por la Asociación de Amigos del Museo de Arte Decorativo. Esta feria es una "remake" de aquel exitoso encuentro organizado altri tempi por Nelly Arrieta de Blaquier y Mimí Bullrich en la arena del Patio Bullrich, cuando era un predio para rematar toros y no un lujoso shopping urbano.
A pesar del tembladeral vivido en el área de Cultura tras la recordada boutade de Torcuato Di Tella, las iniciativas se multiplican. El diputado Jorge Argüello (PJ) ha puesto en órbita un proyecto de ley de mecenazgo y la Fundación Proa confirmó la inauguración, el martes próximo, de una retrospectiva consagrada a Cándido Portinari, con el apoyo de Itamaraty y de Petrobras. Entre la Argentina y Brasil, el arte es nuestra lengua común.





