Un violín rescatado del olvido regresó con todo su esplendor
El músico Pablo Saraví ejecutó ayer un Guarnerius que estuvo 83 años guardado
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Un violín excepcional, que permaneció mudo durante 83 años y fue encontrado casi por casualidad en 2006 por el músico mendocino Pablo Saraví, volvió a sonar ayer como lo hizo en el siglo XIX en los salones y teatros de París.
Fue anoche, durante un concierto ante unos 150 invitados especiales en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, en cuyos depósitos el violín Guarnerius, de 1732, fue identificado por el mismo Saraví.
Restaurado gratuitamente por el eximio luthier argentino -radicado en Nueva York- Horacio Piñeiro, que participó de la presentación, el instrumento construido por Giusseppe Guarneri en 1732 volvió a la vida musical. Y con su magia intacta.
Según dijo Saraví, se trata de uno de los 180 instrumentos fabricados por ese prestigioso luthier de Cremona, la ciudad italiana de la lombardía cuna del violín -allí se fabricó el primero, en 1560-, de los cuales se conservan muy pocos.
"Esto es único. Y está en nuestro país, así que si alguien lo quiere ver tendrá que venir a Buenos Aries", afirmó el músico, que expresó a LA NACION su anhelo de volver a ofrecer un concierto con este instrumento para el público que, por la capacidad limitada de la sala, no pudo ingresar ayer.
Jorge Cometti, director del Museo Fernández Blanco, destacó el apoyo recibido, a través de la ley de mecenazgo, de la empresa American Express y el compromiso de la Asociación de Amigos de ese museo. Cometti también presentó el libro Un Guarnerius en Buenos Aires, que, acompañado con un CD, fue realizado por Saraví y registra su investigación sobre el origen y devenir del instrumento "estrella" de la "pequeña pero valiosísima colección musical" acuñada por Fernández Blanco.
Violinista aficionado, Fernández Blanco compró el Guarnerius en 1900, en un remate en París. Después de su muerte, en 1928, el instrumento permaneció guardado en su estuche en un depósito del museo hasta 2006, cuando se hizo una reclasificación y reorganización del patrimonio.
El violín tiene, según Saraví, un sonido "más baritonal y cavernoso" que otros, y es "de una nobleza tal que conserva intacta su voz vibrante, poderosa, varonil y brillante".
Saraví es concertino de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, miembro de la Violin Society of America y autor del libro L utería italiana en la Argentina. Ayer tocó escoltado por un retrato pintado por León Bonnat que muestra a Fernández Blanco blandiendo el Guarnerius. Lo hizo acompañado por la pianista Alicia Belleville y un grupo instrumental, surgido del Cuarteto Petrus, cuyos músicos ejecutaron otros dos violines de la colección del Fernández Blanco restaurados por Piñeiro. Tales instrumentos podrán ser apreciados por los visitantes del museo en el mismo edificio donde estuvo originalmente, la casa de su mentor, en Hipólito Yrigoyen 1420.





