Una argentina expone en París las huellas de Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga en las ruinas jesuíticas
La historiadora y socióloga Myrna Insúa, residente en Francia, fue tras los pasos de los escritores en su expedición a Misiones en 1903; sus fotografías se muestran en el ensayo visual “Rastros del pasado colonial”
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En la Biblioteca Universitaria de la Universidad París Este-Créteil (av. du Général de Gaulle 94010) la historiadora, socióloga e investigadora argentina Myrna Insúa (Pergamino, 1968) expone hasta el 19 de junio la muestra fotográfica Traces du passé colonial: images des ruines jésuites Essai d’histoire visuelle (Rastros del pasado colonial: imágenes de las ruinas jesuíticas. Ensayo de historia visual) con 51 fotos impresas en tela y, en vitrinas, libros traídos de Misiones, mates y yerba. Doctora en Historia, en Lenguas y Literaturas Extranjeras e Internacional por la Universidad de Salamanca, Insúa integra el consejo del centro de investigaciones Imager de la Universidad París Este, que patrocina el proyecto sobre las ruinas jesuíticas de las tierras rojas.
“En 2024, Sergio Delgado, como director y yo, nos presentamos a un concurso de proyectos científicos de la universidad -dice Insúa a LA NACION desde París-. El proyecto se llamó ‘Arqueología de un imperio’ y tenía dos objetivos: el primero era viajar a las ruinas jesuíticas argentinas y paraguayas y trabajar con los archivos locales en vistas a la preparación de la edición crítica de El imperio jesuítico de Leopoldo Lugones”.
La obra de Lugones, elegida por Jorge Luis Borges para la colección Biblioteca Personal, formará parte de la colección El País del Sauce de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y de la editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Eduner), que dirige Delgado. Para la edición –que tendrá un análisis crítico a cargo del escritor argentino residente en España Edgardo Dobry– se sumará además la Universidad Nacional de Misiones. El estudio iconográfico y fotográfico quedará en manos de Insúa.
“En el momento en que Lugones hizo el viaje que dio lugar a su libro, fue acompañado por Horacio Quiroga cuando todavía este no era el Quiroga que conocemos –apunta Insúa–. Se suponía que él realizaría las fotos del viaje que serían incluidas ‘como ilustración’ del manuscrito, pero finalmente, por decisión del propio Lugones el texto definitivo se publica con algunos pocos dibujos, mapas y dos fotos. ¿Qué ocurrió con las fotos de Quiroga? Hay muchas teorías, pero lo cierto es que cuando en agosto de 2025 fuimos al lugar no pudimos confirmar ninguna de ellas. Sigo, seguimos, en la búsqueda. Mi rol entonces no fue el de ‘actualizar’ las imágenes sino pararme de alguna manera en el lugar de ese Quiroga ‘asistente’ y dejarme llevar por la dimensión devorante del paisaje y de su gente”.
Insúa propuso reeditar El imperio jesuítico con las ilustraciones originales y con una selección de imágenes suyas que, señala, “reflejan la ambigüedad tejida por la distancia entre los casi 120 años que pasaron desde la aparición del libro y las pujas memoriales de los distintos actores que custodiaron el relato de las piedras durante todos estos años”.

“La propuesta es una visión personal, pero quiero creer que está inspirada no solo por las fotos que se conocen de Horacio Quiroga, sino también principalmente por la pluma del escritor que emerge después de su primer viaje a Misiones”, destaca.
El proyecto contemplaba dejar “rastros” escritos y visuales del legado de La Compañía de Jesús en el enclave guaraní. “Crear un nuevo relato, realizar una nueva descripción del territorio, destinadas a colegas y estudiantes que desconocen esta parte de la historia de la Argentina y del país hermano –anticipa–. Y organizar actividades científicas, como presentaciones del libro y jornadas de estudio, y además realizar un registro de historia visual, con fotografías y un estudio crítico sobre la base de entrevistas. Durante el viaje fui conformando un pequeño archivo gracias a la amabilidad de nuestros interlocutores, principalmente de nuestra guía sobre el terreno, la escritora, periodista y especialista de la cultura regional María Irene Cardoso”.
La muestra en la Universidad París Este-Créteil es el primer resultado concreto del proyecto. “Como historiadora y socióloga, a lo largo de mi carrera el archivo fotográfico ha sido una obsesión y poco a poco se fue convirtiendo en otra manera de narrar los hechos sociales -dice Insúa-. Aquí partí de la idea de las ruinas como ‘lugar de memoria’, un espacio donde se producen las disputas identitarias para imponer un relato hegemónico del pasado, dejando simultáneamente otras voces y ‘memorias sumergidas’, manipuladas, despreciadas”. La preservación de los siete conjuntos históricos y arquitectónicos que visitaron, dice, es dispar (cinco fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco).
“Quizás la paradoja central de este ensayo de historia visual sea que mientras los relatos oficiales separan y categorizan la población originaria, en el cementerio de tierras rojas, todos ellos conviven junto a los vecinos de los pueblos que se fueron asentando alrededor de las ruinas. Cada foto cuenta una historia”, señala.
Las imágenes resaltan “la belleza del tallado de las manos de los guaraníes, los ángeles autoctonizados con sus caras redondas chatas y cachetes salientes, los pies en la piedra, la hoja de yerba mate en los frisos de las iglesias, la disparidad de la urbanización, la sepultura tradicional de los caciques”, dice Insúa. “De ahí que la muestra va haciendo dialogar la majestuosidad de las huellas que han quedado de los actores de los siglos XVI y XVII con los guiones que hoy cuentan el pasado omitiendo, entre otras cosas, el presente de los descendientes de los artesanos de las ruinas”.
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