
Una biografía indignada
Hernán Iglesias Illa
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<b> El pibe <br></br> Por Gabriela Cerruti </b>
Cerca del final de El Pibe , Gabriela Cerruti ancla el relato de una pelea entre Franco y Mauricio Macri con un comentario atribuido colectivamente a "parientes" y "gerentes" cercanos a la familia: "Franco es un capo. El pibe es un pelotudo". La frase es interesante por lo que dice sobre aquella pelea -en mayo de 2006, Franco se declara kirchnerista; Mauricio se siente traicionado-, pero, sobre todo, por cómo sintetiza en una sola línea el espíritu, las ideas y el tono del libro. Para Cerruti y su equipo de media docena de colaboradores-investigadores, Franco Macri es un empresario corrupto pero varonil y astuto, que domina a sus rivales y al Estado; su primogénito, en cambio, es un ser débil, hosco y fracasado que nunca ha hecho nada bien en su vida.
Cerruti, actual legisladora porteña en un minibloque que responde a Martín Sabbatella, ha escrito un libro que es tanto una biografía como un alegato: por los adjetivos que usa, las fuentes a las que da prioridad y los hechos sobre los que elige concentrarse, El Pibe . Negocios, intrigas y secretos de Mauricio Macri, el hombre que quiere ser Presidente tiene tanto de periodismo de investigación como de antorcha política. Esto no sería un problema si el visible disgusto que siente la autora por Mauricio Macri no hubiera interferido con el rigor y la paciencia para fundamentar sus acusaciones. El problema es que sí parece haberlo hecho.
Lo mejor de El Pibe es el jugo que le saca al contraste psicológico y sociológico entre Franco y Mauricio, entre el inmigrante exitoso y "siempre oficialista" que fabrica autos y construye autopistas, y el heredero tarambana y neoliberal que no entiende nada de negocios ni parece tener, según el libro, ninguna virtud personal. Al éxito de este contraste contribuyen ambos Macri, padre e hijo, que en entrevistas con la autora dicen cosas que muy pocos padres e hijos se atreverían a decir en público. "Crecí con el peor enemigo en mi espalda, y encima era mi papá", dice Mauricio en un momento. Franco responde: "Así es Mauricio. Se queja, se queja, pero siempre usó todo lo mío. Agarra todo lo que le conviene".
El libro, sin embargo, parece tomar demasiado partido por Franco, y este desequilibrio -Franco es inmoral pero al menos es industrialista; Mauricio es inmoral, malcriado y, para colmo, pro-globalización- le quita méritos a El Pibe , que habría ganado credibilidad y aire fresco si su autora se hubiera relajado un poco más y no se hubiera sentido obligada a embutir en cada página un delito o una anécdota humillante. Tampoco ayuda a El Pibe su prosa enojada, de dientes apretados, como escrita por un comisario. El libro pierde así sorpresa y musculatura, porque la única emoción que parece querer generar Cerruti en sus lectores es la indignación. Sometido a la exigencia de soltar una bomba de tiempo en cada párrafo, y probablemente perjudicado por la cantidad de manos que trabajaron sobre él, al texto le cuesta mucho levantar vuelo y encontrar una velocidad de crucero donde sentirse cómodo y confiado. No ayudan, tampoco, los múltiples errores en nombres y fechas, la torpeza con algunas cifras y los personajes presentados tres y hasta cuatro veces: errores provocados probablemente por el apuro de terminar a tiempo, pero que minan la credibilidad del texto. ¿Por qué debemos creerle a la autora cuando nos dice que los Macri usaron maniobras fraudulentas para comprar Sevel, en 1981, si nos dice que una de las "empresas fantasma" involucradas tenía un capital de "dos australes", cuatro años antes del lanzamiento del Plan Austral?. En cambio, cuando Cerruti habla de lo que conoce y cuando el enemigo está menos claro -como en el muy buen capítulo sobre las piruetas de Macri y Néstor Kirchner alrededor del negocio del juego en la Ciudad de Buenos Aires-, el libro gana espesor y un espíritu más seguro de sí mismo.
El Pibe es una biografía pero también es un libro de investigación periodística, género exitoso y valioso que adoptó buena parte de su formato actual después de Robo para la Corona (1991), de Horacio Verbitsky, y del cual el primer libro de Cerruti - El Jefe (1993), una biografía de Carlos Menem- fue uno de sus mayores éxitos comerciales. Dos décadas después, aquel formato -muy bueno para la anécdota privada y la denuncia pública; no tan bueno para el análisis de cifras o la explicación de fenómenos complejos- parece estar dando síntomas de agotamiento. En El Pibe , como en otros libros periodísticos recientes, la autora tiene más éxito con la creación del clima de sospecha -un fondo ominoso y de tambores, como en los informes de Telenoche Investiga- que con la propia demostración de aquella sospecha.
A pesar de todo esto, el libro se ha convertido en un éxito de ventas, demostrando la vitalidad comercial del periodismo de denuncia y, también, que muchos lectores están dispuestos a pagar casi 60 pesos por el placer extraño y masoquista de enfurecerse con los políticos, aun cuando no comprendan del todo las razones.
© LA NACION
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