
Una etnia que lucha por sobrevivir
Los Ainu intentan vivr de la caza y de la pesca, pero sólo logran que sus compatriotas los utilicen como atracción turística
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LAGO AKAN (Japón)- Los Ainu , indígenas de Japón con una cultura ancestral de adoración a los osos, luchan por sobrevivir en el remoto norte del país contra la tendencia homogeneizadora que los ha arrinconado durante siglos.
Los Ainu , una palabra que en su propio idioma significa ser humano , según un cable de la agencia española EFE, poblaron hace siglos un extenso territorio que iba desde el norte de la isla de Honshu (la principal isla japonesa), la isla de Hokkaido, las islas Kuriles, gran parte de Sajalín e incluso el extremo sur de la península de Kamchatka. Pero situaciones límites, como la guerra rusojaponesa de 1905, terminaron agrupando a la mayor parte de los Ainu en el sur de la isla más septentrional de Japón, Hokkaido.
La tribu, de contextura más sólidas y con más vello en el cuerpo que los japoneses (unas 20.000 en Hokkaido) tiene problemas para adaptarse al siglo XXI: entre otras cosas, ya no pueden continuar con el estilo de vida que definía su identidad, basada en la caza y la pesca.
En las orillas del Lago Akan Ryuji Hirasawa, ataviado con una bata tradicional y una banda en la cabeza, dijo que su pueblo pidió "un sistema de cuotas al gobierno japonés" para compensar con cierta discriminación positiva el aislamiento al que tradicionalmente se ha visto sometido. Los Ainu se han hecho dependientes del turismo y las ayudas gubernamentales.
La casa Ainu de Akan preside una pequeña colina sembrada por una docena de tiendas de souvenirs y varios totem que recuerdan a la estética de los pueblos nativos de norteamérica. Allí, varias mujeres de cuerpo rechoncho suelen interpretar para los turistas, principalmente japoneses, la danza de la grulla con pequeños pasos y bruscos movimientos de sus largas cabelleras negras.
Los Ainu se quejan amargamente de ya no pueden continuar con ritos ancestrales como el robo de un osezno durante la hibernación de la madre para emplearlo en una ceremonia básica para su religión.
La sociedad japonesa, que durante siglos ha basado su estabilidad en la homogeneidad, ha maltratado durante siglos a los Ainu y ha creado situaciones en las que los propios padres ocultaban a sus hijos su origen para que no fueran objeto de burlas en los colegios.
Hirasawa, presidente de la Asociación Ainu de Akan, en el centro de la isla de Hokkaido, no habla su propio idioma, como la inmensa mayoría de los integrantes de su pueblo, y reivindica que "se incluya la lengua Ainu en la educación obligatoria".
Aunque investigaciones aquejadas de romanticismo han tratado de vincular el idioma Ainu a múltiples lenguas, incluido el euskera (vasco), el idioma de estos indígenas está considerado una lengua aislada y en grave peligro de desaparición.
Los signos de decadencia son evidentes, sin embargo en años recientes se ha producido una modesta primavera de la cultura Ainu capitaneada por Shigeru Kayano, uno de los últimos hablantes nativos, que llegó a ocupar un escaño en el Senado nipón y murió el año pasado.
En la arena política, su impulso creó una inercia que terminó el pasado mes de septiembre con la petición de la Asociación Ainu de Hokkaido al gobierno japonés de que reconozca a estas gentes los derechos que otorga la declaración de derechos de los indígenas de la ONU.
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