Una sola carrera de Medicina fue aprobada
La Universidad Nacional de Tucumán es la única que logró la acreditación; otras tres alcanzaron un reconocimiento parcial
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Sólo una carrera de Medicina en el país puede garantizar la calidad de la formación de sus estudiantes.
De las 12 sedes que se presentaron voluntariamente para lograr el reconocimiento de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán es la única que obtuvo el sello de calidad por seis años.
Creada en 1995 con la sanción de la ley de educación superior, la Coneau es un organismo autárquico, integrado por 12 miembros de trayectoria académica y científica, que se encargan de evaluar las ofertas académicas de todas las universidades.
En el caso de Medicina, tres facultades lograron una acreditación provisional: la de la Universidad Austral, la Católica de Córdoba y la Favaloro. El resto no alcanzó la acreditación y deben poner en práctica una serie de reformas recomendadas por la Coneau. Se trata de las carreras de Medicina que dictan la Universidad del Salvador, el Instituto de Ciencias de la Salud (que tiene sedes en Buenos Aires y en La Rioja), la Universidad Abierta Interamericana (en Buenos Aires y en Rosario), y las nacionales de Córdoba, del Comahue y de La Rioja.
Según los resultados de las evaluaciones, a los que accedió La Nación , las principales objeciones hablan de una escasez de docentes con dedicación full time, excesiva cantidad de alumnos, deficiencias en los servicios hospitalarios en los que los estudiantes hacen las prácticas y falta de infraestructura adecuada en las facultades.
Ahora, las universidades tienen la oportunidad de responder a la Coneau y, en algunos casos, las que no obtuvieron la acreditación esperan poder lograrla al menos por tres años.
En el país hay actualmente 26 carreras de Medicina. Las que no se presentaron a la convocatoria voluntaria están obligadas a hacerlo ahora. La Universidad de Buenos Aires (UBA), que desconoce la autoridad de la Coneau, ya adelantó que no presentará su carrera ante ella y analiza acreditarla ante un organismo canadiense.
Contenidos básicos
"Es la primera vez que se evalúan carreras de Medicina en el país, lo que es importante, sobre todo si tenemos en cuenta que en los 130 años que van desde que se creó la primera carrera de Medicina hasta 1990 se establecieron ocho carreras, pero en estos últimos diez años se crearon 18", dijo a La Nación el presidente de la Coneau, Juan Carlos Pugliese.
El organismo trabajó sobre la base de los contenidos básicos que deben cumplir las carreras de Medicina, elaborados por el Ministerio de Educación, junto con el Consejo de Universidades, en agosto de 1999.
En diciembre de ese año se abrió una convocatoria voluntaria, a la que respondieron doce carreras. El proceso comenzó con una autoevaluación que realizaron las propias casas de estudios. Luego se formaron comités de pares -profesionales reconocidos de la comunidad médica universitaria- para visitar las instituciones, analizar las autoevaluaciones y hacer una recomendación final.
"Las carreras pueden acreditar por seis años, por tres -cuando no tienen aún graduados o presentan algunos problemas que pueden ser resueltos fácilmente- o se puede suspender la acreditación, cuando la carrera tiene complicaciones que requieren un proceso mayor para resolverlas", dijo Pugliese.
A pesar de los críticos resultados, el presidente de la Coneau remarcó con satisfacción que "las universidades evaluadas estuvieron conformes con el procedimiento, incluso aquellas a las que les fue peor".
La Universidad Favaloro, por ejemplo, logró acreditar por tres años. "La evaluación fue muy correcta. Les enviamos las respuestas y confiamos en que puedan reconsiderar el resultado", dijo a La Nación el rector de la institución, Ricardo Pichel. Contó que las objeciones de la Coneau se refirieron a un exceso de carga horaria en determinados temas y una falta de jerarquización en otros, "cosas perfectamente atendibles".
Entre las que no lograron la acreditación en una primera instancia está la prestigiosa Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba, entre cuyos egresados se encuentra el ministro de Educación, Hugo Juri, que fue decano de esa casa antes de ser elegido rector de la institución.
Las autoridades de la facultad afirmaron haber remitido una autoevaluación hipercrítica . "Nos objetaron la desproporción entre la capacidad de las instalaciones, los docentes y el número de alumnos -tenemos 10.500-, las cátedras desparejas en cuanto a carga horaria y contenidos y temas administrativos. Nos señalaron que debemos garantizar 1600 horas de práctica después del último año", contó a La Nación el vicedecano, José María Willington.
Al respecto, el médico contó que están discutiendo una modificación del sistema de ingreso, crearon una comisión de gestión docente, hicieron algunas reformas administrativas y firmaron un convenio con el Ministerio de Gobierno de la provincia que habilitó los hospitales de unas 290 comunas para prácticas.
Consultado por La Nación sobre este resultado, Juri interpretó que "se le dio un plazo a la facultad para solucionar un problema, lo que va a suceder. En cambio, se superaron las expectativas en otras áreas".
Mientras tanto, en otra de las casas de estudio que no acreditaron, la de la Universidad del Salvador, la Coneau mencionó la necesidad de incrementar la formación docente, incorporar más docentes full time y dar más participación a los alumnos.
"Vemos con preocupación que las facultades no tengan la currícula actualizada, muestren fallas de infraestructura y docentes que no pueden ocuparse de los alumnos por su número excesivo, falta de tiempo y bajos salarios", evaluó el presidente de la Academia Nacional de Medicina, Miguel Tezanos Pinto.
La mejor de todas
En la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, la única que logró la acreditación por seis años, los alumnos cursan cinco años de formación básica y clínica y dos de práctica supervisada; el primero en hospitales, centros de salud y escuelas, y el segundo en la forma de una pasantía rural en cualquiera de las cuatro provincias del Noroeste. Según contó a La Nación la decana, Rita Waserman, se pone además énfasis en las patologías más frecuentes en la región -desnutrición y enfermedades respiratorias- y el trabajo de investigación epidemiológica obligatorio para graduarse.




