Una vez más
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Kiev, Ucrania.– Sentada sobre una suerte de colchoneta y flanqueada por un cochecito, esta mujer abraza al niño y le murmura al oído probablemente palabras o una canción que lo tranquilice. Con su rostro cubre el del bebé para que no advierta donde están. Lo protege así del ensordecedor ruido de las sirenas de alerta por un inminente ataque aéreo en una estación de subte de Kiev. Sin embargo, se trata de una escena que ya es habitual en toda Ucrania desde que fue invadida por Rusia hace poco más de cuatro años. Es decir, cuando este niño aún no había nacido y, por eso, para él no son ajenos los sonidos, los miedos ni las acechanzas. Pero sí para ella, que vivía en un país en paz. Ahora, con todo el amor que transmite ese tierno abrazo, debe afrontar sola el espanto de la muerte y la destrucción, el desamparo de estar con lo mínimo indispensable para guarecerse y rogar que una vez más logren sobrevivir ambos al horror
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