Una vida sin misterios
Por Hugo Gambini
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<b> Juan Domingo <br></br> Por José Ignacio García Hamilton <br></br></b>
Escribir sobre Juan Domingo Perón no es una novedad, aunque es poco frecuente mostrarlo tal como era. Existe la idea generalizada de que su primer gobierno fue bueno, tal vez porque sus errores se desdibujan a la distancia con tantas cosas que ocurrieron en el país. Esto entre nosotros, los argentinos, porque afuera se lo ve como un dictador, instalado cuando el fascismo era derrotado en el mundo. Consiguió la mayoría de votos y les ganó a los viejos partidos por una diferencia del diez por ciento.
José Ignacio García Hamilton autor de Juan Domingo , dice que a Perón, hombre fuerte del gobierno militar de 1943, "algo lo movía a seguir destacándose, a sobresalir, a ser reconocido y admirado". Afirma que le gustaba castigar y humillar, y que para eso empleó una política represiva "que perseguía al periodismo, a los políticos opositores, a los dirigentes sindicales de izquierda, a los intelectuales y universitarios que buscaban restablecer las ideas liberales". Quería llegar a presidente, "pero con el estilo totalitario y dominante del Duce Mussolini, a quien había admirado en su paso por Italia".
Recuerda que Perón pronunció un muy estudiado discurso en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, donde pretendió asustar a los empresarios con la versión de que los trabajadores se harían comunistas si él no los organizaba y los conducía. "Pero la mayoría de los patrones tenía una ideología liberal -señala- y los aliados luchaban en Europa junto a los rusos, por lo cual la amenaza comunista no los asustaba." En Juan Domingo , esta biografía, asoma, claro, la figura del embajador estadounidense Spruille Braden, con su escasa sensibilidad hacia los sentimientos nacionalistas, que Perón supo aprovechar muy bien. Y se evoca que cuando el líder fue detenido, Cipriano Reyes llamó a defenderlo: el 17 de octubre de 1945 movilizó a los gremios a Plaza de Mayo. En esos días, lo único que hizo Evita fue pedirle a Atilio Bramuglia un habeas corpus en favor de Perón para sacarlo del país, "pero éste le recriminó su deseo de procurar la libertad para irse a vivir juntos a otra parte". Por más que al final se citen las fuentes bibliográficas, como biografía, el libro de García Hamilton carece de rigor histórico. Pero sabiendo quién era su biografiado, basta con apelar a la memoria. Con Perón no hay tanto misterio; se lo reconoce por infinidad de episodios: las clausuras de los diarios, la persecución a sus directores y la falta total de libertad de prensa, la cadena oficial de radios, diarios y revistas; la extorsión a las empresas para donar productos a la Fundación, los presos políticos, los sindicalistas detenidos, los estudiantes y los huelguistas torturados en los sótanos policiales, las circunscripciones alteradas, la imposición del luto, la afiliación obligatoria, el incendio de sedes partidarias y templos religiosos; los textos escolares, el cinco por uno, etcétera.
¿Todo esto se puede omitir en la vida de Perón? Claro que no. Es como dice el ingeniero Jaime Gelbstein en una reciente carta de lectores: "El mito peronista está montado sobre un pedestal de falsedades". Una de ellas es la suposición de que puede ser recobrado, cuando en verdad -como sostiene el historiador radical José Bielicki- el peronismo murió el 1° de julio de 1974. García Hamilton no se atrevió a decirlo en su libro anterior, Por qué crecen los países , pero antes de morir quiso dejar testimonio de que fue el peronismo quien detuvo nuestra marcha.
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