Ver bodrios, un placer sin culpas
Por Juana Libedinski Para LA NACION
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LONDRES.- El Barbican, el centro cultural más grande de Europa, es una mole de hormigón gris de interminables pasillos, donde todo exuda seriedad: actualmente, hay en cartel, por ejemplo, un festival de Mahler con la dirección de Valeri Gérguiev, el Festival de Cine Palestino y una serie de conferencias sobre la censura. Claramente, no es el ambiente donde uno se espera la proyección de "Glitter" (literalmente, "brillantina") la película de amor protagonizada por Mariah Carey, profunda bueno, como la brillantina y que "fue puramente diseñada para que Mariah Carey muestre su amplia sonrisa y más amplio aún escote" (The New York Times) ya que "los muebles de su cocina actúan mejor" (The Guardian).
Porque Glitter no es sólo violentamente superficial. Es muy mala ("decir que este film es un desastre es ser demasiado bondadoso" y "Merece todos los insultos que uno pueda imaginar" fueron algunas de las críticas más leves publicadas cuando salió). Y como tal califica para ser proyectada en el Bad Film Club que, en un claro ejemplo de humor inglés, periódicamente se reúne en el Barbican.
El Bad Film Club (Club de las Películas Malas) fue creado para celebrar el placer culposo de ver una película contemporánea verdaderamente espantosa. En sus encuentros, está más que aceptado reírse en los momentos inoportunos, chiflar, burlarse y, sobre todo, comentar en voz alta. Porque, según el lema del grupo, "nada es más divertido que ver malos films con amigos, pero nada puede destruir el alma tanto como verlos en soledad". Y para que nadie se pierda ni uno de los peores detalles, los organizadores van armados con lapiceras láser para ir señalando en la pantalla las gaffes más abismales.
Creado por el dúo de cómicos con conocidos como Nick and Joe como un pequeño club privado para un puñado de masoquistas que querían volver a ver "Bajos Instintos II" o "Tiburón IV" (no vale hacerse el profundo con clásicos como los de Ed Wood) el encuentro se ha convertido en el fenómeno de culto del momento. Hasta el South China Morning Post escribió que "la experiencia de ir al cine nunca podrá ser mejor que esto" y, ante la fiebre, hay decenas de libros de guía para repetir la experiencia en el hogar. Para abril ya no quedan entradas en el Barbican, muchos viajarán especialmente a Irlanda del Norte, donde el club proyectará "No se puede parar la música". Sí, la de los Village People...




