Verticalismo
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Si no fuera grotesco, podría resultar simpático. Si no fuera penoso, podría parecer artístico. Si no fuera producto de la más absoluta indiferencia, podría pensarse que fue planificado. Inclinadas de manera casi calcada las dos mujeres apuntan sus teléfonos móviles hacia algo que imaginamos que debe ser muy atractivo. Ciertamente, mucho más que la tienda típica de suvenires tan prolijamente exhibidos tras el vidrio. Y, sin ninguna duda, mucho más cautivante que el hombre que duerme en el piso, aprovechando el reparo de la tienda y el abrigo del sol en ese lugar. La verticalidad de ellas contrasta con su horizontalidad. Pero no solo llama la atención la posición de ellas respecto de él. Hay una cruel ironía que convierte la postura de las dos mujeres en un verticalismo que excede lo meramente físico para reflejar una jerarquización social. Dichosas ellas que probablemente ni lo advirtieron.
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