
Víctor Magariños D.
La búsqueda de grandes armonías preside sus trabajos, que impulsan reflexiones sobre un eje poético. Los collages de Alejandra Padilla
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Con la exposición de Víctor Magariños D. (Lanús, 1924 - Pinamar, 1993) la galería Van Eyck toca alturas pocas veces alcanzadas.
Las actitudes de Magariños lo comprometieron hasta en la vida misma con los principios más altos de la acción artística. Una convicción íntima rigió su obra, independiente de lo local tanto en su aproximación al arte europeo de vanguardia de su momento como a la búsqueda de las leyes generales del universo. Si hubiese que encontrar un epígono, éste sería Georges Vantongerloo, uno de los firmantes del manifiesto del grupo holandés De Stijl (El estilo) y colaborador de la revista homónima. Ese grupo, de gran influencia sobre todo en la arquitectura y el diseño, donde más perduró, tuvo en sus filas, entre otros, a Piet Mondrian y a Theo van Doesburg. Pero su escultor más destacado fue el belga Vantongerloo, que corporizó trabajos tridimensionales construidos con bloques cúbicos. En 1923, abandonó De Stijl y en los años treinta actuó en los círculos constructivistas de París. Con la aplicación de la curva se apartó del ritmo horizontal-vertical que constituía las superficies planas y las líneas y ángulos rectos que había aceptado con De Stijl en 1937 para buscar lo "indeterminado". Magariños, que lo conoció en 1950, le dedicó el libro que lleva su nombre con el subtítulo El arte cosmológico más allá de las últimas tendencias. En ese texto (trilingüe) recogió y comentó los escritos que el belga le había dejado a Ignacio Pirovano, de quien surgió la idea de publicarlos. Su fundación materializó la idea y su colección, centrada en el arte concreto, fue donada al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Esa entidad obtuvo así, entre otras, magníficas obras de Magariños, que se consideraba continuador de Vantongerloo.
Ahora bien, vincular a Magariños con la de los concretos no es fácil. Si bien se perfiló como un cultor de la geometría, hizo su labor con fantasía y con imaginación, pero, al menos en los comienzos, inspirado en la realidad inmediata. En eso se alejó de los concretos "puros", que buscaron las formas objetivamente, con independencia de toda consideración naturalista. Ya en los años veinte, Kandinsky, Kupka, Malevich, Mondrian se apartaron de las representaciones, de los símbolos y de toda ocurrencia lírica. Esas ideas continuaron en la primera mitad de la década siguiente en los integrantes de Abstracción-Creátion , de la que Max Bill fue el divulgador más renombrado y Vantongerloo uno de los fundadores. Pero Magariños, aunque prevaleció en la no figuración, se negó a la autonomía absoluta del proceso creador. Manejaba signos y símbolos y solía hablar de los ritmos del universo que, obviamente, no son representables en el sentido convencional. Trataba de interpretarlos desde una posición que obedecía a su carácter crítico y perfeccionista, pero nunca carente de emoción. Si bien no faltaron razones para considerarlo en sintonía con las cosas de la tierra, se diría que tuvo aspiraciones intelectuales extraterrestres. Buscaba principios estéticos de excelencia sostenidos por el control formal más riguroso, en consonancia con los avances de la ciencia y la tecnología. Los cuadros y las estructuras espaciales que hoy lo representan son, en ese sentido, de una elocuencia trascendental. Los gobierna un sistema de relaciones internas sostenido por progresiones geométricas cuya prehistoria puede rastrearse en el espacio cósmico de Vantongerloo, que basaba sus trabajos en cálculos matemáticos.
Sus exposiciones individuales en nuestro medio fueron muy pocas, no más de media docena, incluyendo las tres muestras póstumas que organizó Dolores Rubio, la presidenta de la Asociación de Amigos del artista que lleva su nombre. De ahí, que hay ahora una oportunidad poco corriente de acercarse a las pinturas que representan la parte abstracta de su producción, que incluye algunas estructuras en madera. Estas, en particular, podrían asociarse con el minimal art si no fuese porque sus relaciones con el espacio circundante tienen una energía que sobrepasa la idea de una obra cerrada sobre sí misma por la arquitectura del lugar. En realidad, la esencia de su volumen, como los cubos de Hinton, busca una proyección abierta a otras dimensiones.
La muestra no tiene el carácter general de la antología retrospectiva que presentó el Museo Nacional de Bellas Artes, pero responde a la misma exigencia en la selección. Las grandes piezas y las más pequeñas, que se alternan en el montaje. La diferencia en las medidas no implica otras diferencias. Unas y otras tienen análoga dignidad, porque resultan de una necesidad ajustada a los requerimientos superiores del artista. Hasta los marcos acompañan debidamente su obra en una opción inteligente, porque la lucen y protegen sin intervenir directamente en ella. (Hasta el 21 de octubre. En la galería Van Eyck, Santa Fe 834.)
Pintura sin pinceles
El collage es un procedimiento aplicado especialmente por los cubistas, quienes solían adherir papeles a sus pinturas. Pero, posteriormente, se pegaron también objetos (assemblage) que en principio eran de igual naturaleza y, más tarde, de todas clases (combine painting.) Pues bien, el primero de esos procedimientos, en su práctica más extrema caracteriza la labor de Alejandra Padilla hasta sus últimas consecuencias, como puede verse en estos días. La totalidad de las obras está resuelta con el recurso único de pegar papeles. Todas las variables, desde la simetría calidoscópica hasta la asimetría o la disposición serial entran en juego. En la mayor parte de los casos podrían considerarse técnicas mixtas portadoras de una figuración muy específica que forman una superficie perfectamente alisada; pero, en otros, están aplicadas como apretados amasijos de ese material arrugado para conseguir una superficie irregular sólo legible plásticamente. Si hubiese que definir esa porción de su obra, podría asimilársela al informalismo interesado en destacar la función de la materia.
Una tercera instancia la da Cóncavo, una de las piezas más interesantes, donde la imagen seriada de un sillón se desarrolla sobre un soporte curvo.
Padilla (San Miguel de Tucumán, 1961) comenzó a trabajar en 1992.
(Hasta el 19 de octubre. En Diana Lowenstein Fine Arts, avenida Alvear 1595.)




