Vivir para escribirlo, contarlo y publicarlo

Hugo Caligaris
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30 de marzo de 2012  

Ricardo Piglia no es el único escritor que ha llevado un diario. Lejos de eso: son muchísimos los que ceden a esa tentación. Alan Pauls explicó agudamente por qué lo hacen: por la pretensión -dijo- de escribir una cotidianidad en vivo. "El escritor mata (o cree matar) tres pájaros de un tiro: la relación con la actualidad (cómo ser contemporáneo), la relación con el lector (cómo saber que me leen) y la relación con la propia imagen (cómo constituirme en escritor visible)."

Muchos dudan en la mitad de la tarea: "Ayer me pregunté qué será de estos diarios. Si muriese, ¿qué haría Leo con ellos?", se preguntaba Virginia Woolf. Unos hacen de cada entrada un miniensayo. Otros cuentan, sobre todo, anécdotas. "Cuando repasas tu diario, lo que abre un surco en tu memoria son los apuntes más intrascendentes", dijo Truman Capote. Pero el diario más impresionante del último siglo, el de Cesare Pavese, tiene poco de frívolo. "Hoy, nada", anotó un 25 de abril. "El mayor error del suicida no es matarse, sino pensar en ello y no hacerlo", escribió un 6 de noviembre. Y el 18 de agosto de 1950, en la última entrada: "No más palabras. Un gesto. No escribiré más". Una semana después, Pavese se quitó la vida con una sobredosis de somníferos.

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