
Vivir y celebrar la Pascua, un desafío para la vida de hoy
Intelectuales explican su sentido actual
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¿Cuál es el sentido de la celebración de la Pascua? La trascendencia que hoy adquiere esta fiesta central para el mundo cristiano, que este año coincide con la Pascua hebrea (Pésaj), remite -aunque con connotaciones diferentes- "a la idea fundamental de que es posible renacer de las cenizas", enfatizó el filósofo Santiago Kovadloff, ante una consulta de LA NACION.
Mientras el pueblo hebreo conmemora el fin de su sometimiento bajo el dominio egipcio y el despertar hacia la libertad, los católicos evocan la pasión, muerte y resurrección de Cristo, "el hecho más trascendental de la fe cristiana, ya que, como lo reafirma San Pablo, si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe", explicó José María Poirier, director de la revista Criterio.
Misterio de la encarnación para los católicos, la Pascua, según recordó Poirier, subraya "la íntima relación entre el pueblo judío y el cristiano; muestra al cristianismo como hijo y heredero del judaísmo, y esconde en la muerte de Cristo la clave más profunda de nuestra fe".
Para Kovadloff, celebrar la Pascua es hoy un desafío. "Vivimos en un mundo desbordado por la incertidumbre. El progreso material no ha redundado necesariamente en sociedades más justas."
Reconocer al otro
La filósofa católica Paola S. de Delbosco entiende el mensaje pascual como una invitación a asumir como propio el sentimiento del otro.
"La entrega de Cristo es muy difícil de entender porque el amor a los hombres es un concepto muy lindo en la medida en que no lo tengamos que vivir plenamente", reflexionó. "Y esto tiene una doble dimensión respecto del propio país y del prójimo: el camino de confrontación no es lo que nos enseña Cristo", precisó.
La importancia del mensaje de Pascua en la sociedad contemporánea, explicó Poirier, radica en que promueve "la esperanza y la superación del mal e invita a asumir el dolor del prójimo, manifestando solidaridad, ya que el paso de la muerte a la vida por el amor a tus hermanos es la entrega más grande que nos hace Cristo".
Más allá del significado teológico, Poirier mencionó una de las lecturas filosóficas que arroja la Pascua: la "promesa de la vida sobre la muerte; ese misterio insondable que es encontrar una raíz común en ambas, como también en el dolor y la felicidad. Pero la Pascua no es un discurso triunfalista, sino existencial".
"La resurrección de Cristo -agregó- no es un acto de venganza por todos los vejámenes y humillaciones padecidos en su calvario y prenunciados por el profeta Isaías. Es un acto de superación, de supremacía del espíritu. Justamente, en el misterio de su muerte y resurrección yace la clave más profunda de nuestra fe".
Según Kovadloff, en su acepción judía o cristiana, la Pascua promueve la idea de que el hombre se construye como tal haciendo de la adversidad una herramienta para su afianzamiento ético. "El sentido de la Pascua es hoy más propicio que nunca si consideramos indispensable ampliar y transformar el concepto de desarrollo y de lucha por la maduración espiritual del hombre."
"Los judíos en Pésaj celebramos el reencuentro con la libertad y, por lo tanto, el reencuentro con la responsabilidad personal en la construcción del individuo y la comunidad. El cristianismo celebra la resurrección de la esperanza dando a la muerte una interpretación decisiva: es posible sostenernos en la vida por la vía del amor al prójimo", expresó Kovadloff.
"La muerte -añadió el filósofo- es derrotada cuando el espíritu del encuentro con el prójimo supera al egoísmo y al aislamiento propios de esta sociedad hedonista."
Para Delbosco, los cristianos deben sentirse servidores y no dueños del mensaje de Cristo. "Tenemos la función profética de recordar qué es lo bueno para el ser humano. Y para que la vida tenga sentido tiene que ser dada como un don. Somos guardianes del ser humano al asumir el compromiso concreto de la vida de otro ser humano. No nos quedamos con la muerte; creemos en la vida", señaló.
Apuesta por la vida
Para el rabino Daniel Goldman, las pascuas cristiana y judía están vinculadas por un sentimiento de hermandad entre los pueblos. "Sobre todo porque lo que subyace es la apuesta por la vida. No olvidemos que la Ultima Cena no es otra cosa que la celebración del Pésaj."
A ninguno de los consultados se les pasa por alto el desvío turístico que actualmente acompaña a la celebración, en que la sintonía espiritual con los hechos que se conmemoran son siempre una opción individual.
Al respecto, dijo Poirier: "El filósofo de izquierda Máximo Cacciari dice que la figura del Cristo Rey no le dice nada, pero que el Cristo que está en la cruz sí es una imagen que tiene muchísimo para decirle. En todo caso, sólo la fe puede iluminar el misterio de la Pascua".
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