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Cien años atrás, mientras viajaba rumbo al Perú, el poeta, narrador, pintor y filósofo indio Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura 1913, visitó Buenos Aires, donde tuvo que permanecer más tiempo del previsto por un problema de salud. Corría noviembre de 1924. Enterada de su presencia, Victoria Ocampo lo invitó a su residencia familiar en Beccar (hoy Villa Ocampo). Ella, que conocía los poemas de Tagore, había publicado en LA NACION la columna “La alegría de leer a Rabindranath Tagore”. Finalmente, el escritor debió instalarse en la quinta Miralrío, hasta el 12 de enero de 1925. Ocampo tuvo que vender una joya para pagar la estadía de Tagore y de su único acompañante, Leonard K. Elmhirst, en la mansión sanisidrense.
