Volar, tal vez soñar
Por segunda vez, logran una reacción de fusión con ganancia neta de energía
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Ante el espectáculo del humilde experimento de los hermanos Wright, el 7 de diciembre de 1903, muy pocos habrían anticipado los vuelos aerocomerciales, los jets supersónicos y los drones controlados por una computadora de bolsillo. Computadora de bolsillo que, dicho sea de paso, también usamos para hablar por teléfono (Graham Bell hizo su histórica llamada 27 años antes del primero vuelo de los Wright) y para sacar fotos (la toma más antigua que se conserva es de 1826 o 1827). Así que anticipar el futuro suena a menudo como un ejercicio de fe y de locura. El 30 de julio el laboratorio Lawrence Livermore de Estados Unidos logró por segunda vez (la anterior fue en diciembre) una reacción de fusión con una ganancia neta de energía. Es decir, sacaron más energía de la que debieron poner para iniciar la reacción. El primer vuelo de los bicicleteros Orville y Wilbur Wright recorrió 37 metros; el segundo, 53, y el tercero, 61. Casi 120 años después, aviones basados en el mismo principio trasladan a millones de pasajeros por todo el planeta. El nuevo experimento del laboratorio Livermore quizá sea visto por nuestros tataranietos como los primeros pasos torpes y tambaleantes de una energía limpia que para ellos será cotidiana. Pero primero hay que llegar hasta ahí.
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