Xul Solar y la utopía espiritualista

En el Museo Nacional de Bellas Artes, a partir del próximo jueves, se exhibirá una retrospectiva del gran artista.
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6 de septiembre de 1998  

EN los últimos años, la obra de Xul Solar, durante mucho tiempo subestimada, olvidada o relegada al rincón de las curiosidades, fue revalorizada de manera notable. Las exposiciones se sucedieron casi sin pausa, no sólo en el país, sino en París, Indianápolis, Nueva York, Londres, Estocolmo, Madrid, Málaga. Por otra parte, en 1990 se inauguró el Museo Xul Solar, en la calle Laprida 1212, en el que se conservaron la vivienda y el taller del artista, además de exhibirse, en salas de reciente construcción, más de ochenta pinturas, documentos e "invenciones".

En la exposición de Xul Solar, que a partir del 10 de septiembre presentará el Museo Nacional de Bellas Artes, se exhibirán doscientas sesenta pinturas provenientes del Museo dedicado al artista y de colecciones privadas. Complementará la muestra un conjunto de documentos, manuscritos y objetos, entre ellos, el panjogo y los títeres astrológicos.

Durante doce años, Xul Solar (su nombre era Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari) residió en París, Florencia, Milán, Munich y otros centros culturales europeos. En 1916 se encontró con Emilio Pettoruti, con el que compartió largas temporadas de convivencia y colaboración. Tiempo después, ambos artistas introdujeron en la Argentina las primeras manifestaciones de la vanguardia del siglo XX.

Xul siguió desde sus comienzos (las pinturas más antiguas conservadas son de 1912) una vía del arte pletórica de poesía, espiritualista, refractaria a lo racional y en la que casi nunca estaba ausente el humor. Fundó la estructura plástica de su obra esencialmente en el color, en las transparencias, en los espacios imaginarios y en los ritmos. En todas sus creaciones -la observación es de Atalaya- aflora siempre una enorme frescura de espíritu, una notoria intención de asombrarse y divertirse, así como de asombrar y divertir a los otros.

La experiencia europea

Según manifestaciones del pintor, a los veinticuatro años de edad, aspiraba a una vida monástica en el Tibet y se embarcó con destino a Hong Kong. Pero no llegó a ese destino; en abril de 1912 se quedó en Londres y desde allí viajó a Turín. De inmediato, en una librería de esa ciudad, adquirió un ejemplar del Almanaque Der Blaue Reiter (El jinete azul), editado en Munich pocos meses antes. En una carta dirigida a su familia, comentó que era un libro "sobre el arte más avanzado de los fauves , futuristas y cubistas". Agregaba que estaba muy satisfecho porque, "sin ninguna inspiración de afuera, he trabajado en la tendencia dominante del arte más elevado del porvenir".

Ese libro, dirigido por Kandinsky y Franz Marc, es la publicación programática más importante del arte del siglo XX. No existe documento alguno que refleje de manera tan profunda la conmoción de los años previos a la guerra. Las ilustraciones del Almanaque, más de ciento cincuenta, son tan importantes como los textos. Entre las reproducciones de los cuadros de Kandinsky, Marc, Delaunay y otros, se mezclan sombras chinescas, dibujos infantiles, pinturas bávaras sobre vidrio, esculturas de la isla de Pascua y de Camerún. Abundan las pinturas de artistas naïfs y primitivos. La intención de los editores es notoria: pretenden valorizar todas las formas de creación artística ajenas a la tradición europea.

Kandinsky, en los textos del Almanaque así como en el pequeño libro De lo espiritual en el arte , elaboró una teoría ligada a las ideas espirituales corrientes en Europa en el siglo XIX y en el comienzo del siglo XX. Sobre esa base, que debe mucho a los escritos teosóficos y antroposóficos de Helena P. Blavatzky y Rudolf Steiner, concibió la idea de un arte ligado a una expresión espiritual utópica.

Xul Solar, pintor, astrólogo, estudioso de la tradición hermética, de las religiones y de los simbolismos, no permaneció ajeno a esas sugerencias, que coincidían con muchas de sus aspiraciones. Desde entonces, en la dirección del espiritualismo estético, consideró al arte como una actividad visionaria, creadora de modelos utópicos para una nueva sociedad.

Después de la guerra, la obra de Xul Solar, siempre de reducidas dimensiones, adquirió cierta vehemencia vinculada con el expresionismo espiritualizado. En ese período pintó las primeras arquitecturas, coincidentes con el expresionismo visionario-utópico alemán. Además, en su iconografía aparecieron montañas con desfiladeros de difícil ascenso, personajes geometrizados con aura, rostros y máscaras rodeadas por formas abstractas, barcas voladoras, símbolos herméticos: letras, palabras, números, flechas y serpientes.

En Buenos Aires

En julio de 1924, Xul Solar retornó a Buenos Aires junto con Pettoruti. Poco después se relacionó con los escritores que batallaban por la revolución estética, por lo "nuevo", entre quienes estaban Macedonio Fernández, Victoria Ocampo, Oliverio Girondo, Norah Lange y Evar Méndez. Con Jorge Luis Borges nació de inmediato una amistad singular, plena de mutua admiración. Leopoldo Marechal, por su parte, lo convirtió en el astrólogo Schultze, un singular personaje de Adán Buenosayres.

En las artes plásticas casi nada podía interesarle. Era un campo en el que, como señaló el arquitecto Prebisch, dominaba "una adocenada vulgaridad" y la más absoluta ignorancia de las corrientes del siglo XX. El crítico José María Lozano Mouján, en 1922, afirmaba con satisfacción que aquí "no hemos tenido las fantochadas cubistas, dadaístas, expresionistas, etcétera".

A pesar de esa situación, Xul participó en varias muestras colectivas. Su primera presentación individual en Amigos del Arte se concretó tan sólo en 1929. Desde entonces fue reacio a las exposiciones.

En Buenos Aires Xul pintó acuarelas con temas festivos, con marchas gozosas o rituales, con banderas argentinas y de otras naciones. Algunas escenas no eran ajenas al criollismo urbano difundido por la revista Martín Fierro. Luego trabajó en los "países imaginarios", con muros-biombos, personajes extraños y banderas rígidas sobre sus mástiles. Creó ciudades voladoras, retomó el tema de las arquitecturas con los Proyectos y fachadas para casas en el Delta. En los últimos años de su vida proyectó las "grafías plasti-útiles", un conjunto de sistemas pictóricos en el que los signos y las formas constituían un alfabeto de complejas combinaciones.

La actividad de Xul Solar fue siempre intensa, nunca dejó de pensar en algún proyecto utópico. Esas "invenciones" no eran ajenas a su poética espiritualista y a su idea de que el arte sólo se justifica si contribuye al mejoramiento de la comunicación entre los hombres. En época muy temprana creó una lengua para ser usada por los países de América Latina: el creol, también denominado neocriollo. Otro proyecto lingüístico, en el que trabajó largo tiempo, fue la panlingua, o lengua universal: "una lengua monosilábica, sin gramática, de base numérica y astrológica y combinable a voluntad".

El panjogo, conocido también como panajedrez o Pan-chess, fue uno de los inventos más complejos y originales de Xul. Lo elaboró sobre la base de la astrología, sistema que le sirvió para establecer la correspondencia entre todo lo existente. Ese juego se completaba con las cartas del tarot modificadas (Tarot con correspondencia astrológica). También trabajó durante algún tiempo en la modificación del piano tradicional y creó un teatro de títeres con personajes astrológicos y temas místicos o herméticos.

En abril de 1963, Xul Solar murió en su casa del Delta, sobre el río Luján. En sus manos tenía un rosario tallado por él mismo. Según parece, no le daba mayor importancia a la muerte; creía en la reencarnación.

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