Zilda Arns: cuidar a los niños como un bien sagrado

Jorge Rouillon
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25 de enero de 2010  

En el terremoto de Haití murió la pediatra brasileña Zilda Arns, de 75 años, especialista en salud pública, que fundó en su país la Pastoral de la Infancia, una obra en pro de la niñez que moviliza a una red de 260.000 voluntarios.

El objetivo es reducir las causas de la desnutrición y la mortalidad infantil y promover el desarrollo integral de los niños, desde su concepción hasta los seis años.

"La primera infancia es una etapa decisiva para la salud, la educación, la consolidación de los valores culturales, el cultivo de la fe y la ciudadanía, con profundas repercusiones a lo largo de la vida." Eso dijo la doctora Arns, viuda, madre de cinco hijos, en una charla en Puerto Príncipe el mismo día de su muerte. Allí recordó que ella era la número 12 de 13 hermanos, entre los cuales había tres religiosas y dos sacerdotes franciscanos. Uno de ellos, el cardenal Paulo Evaristo Arns, que fue arzobispo de San Pablo, la llamó en 1982 y le pidió su ayuda para preparar suero oral y salvar a muchos niños de morir por deshidratación.

Esa llamada fue la semilla de una obra inmensa. Comenzó así una acción social de los obispos de Brasil que está presente hoy en 42.000 comunidades pobres y en 7000 parroquias: llega a 1.985.000 niños y 108.000 embarazadas.

En 2003, Zilda comentó a este diario su experiencia, que iba desde enseñar el valor de la lactancia materna hasta aprovechar elementos que se tiran a la basura, como cáscaras de huevo -ricas en calcio-.

"El desarrollo empieza cuando el niño se encuentra aún en el vientre sagrado de su madre. Los niños, cuando son bien cuidados, son semillas de paz y de esperanza", recordó en Haití. Explicó: "El cariño de la madre acariciando la cabeza del bebito mejora la conexión de las neuronas".

"Estamos aquí porque sentimos dentro de nosotros una fuerte llamada a difundir en el mundo la buena noticia de Jesús", dijo. Y añadió que la construcción de la paz empieza en el corazón de las personas y se funda "en el amor, que tiene sus raíces en la gestación y en la primera infancia, y se transforma en fraternidad y corresponsabilidad social".

Concluyó que como los pájaros, que cuidan de sus hijos al hacer un nido en lo alto de los árboles, "lejos de los depredadores, las amenazas y los peligros, y más cerca de Dios, debemos cuidar de nuestros niños como un bien sagrado".

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