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ASUNCION (De nuestros enviados especiales).- Sonará insólito, pero fue real. Roberto Acuña, uno de los jugadores más representativos de Paraguay, abandonó anteanoche la concentración de San Bernardino porque el menú del día incluía pescado y no carne o pollo como había pedido.
Después de una fuerte discusión con los colaboradores del entrenador Ever Almeida, porque éste no estaba en el hotel, la tragicómica escena terminó con un portazo del volante de Zaragoza, que gritó a los cuatro vientos que su ciclo con el técnico había terminado. Pero la situación, que ganó suspenso a medida que pasaron las horas, terminó con un final feliz, porque después de conversar con los jugadores Carlos Gamarrra, Celso Ayala y Francisco Arce, y el dirigente Juan Angel Napout, Acuña revirtió la decisión y se reincorporó al plantel.
"No queríamos aparecer como los jugadores que quisieron destituir al técnico", dijo el capitán Gamarra durante la conferencia de prensa que brindó para explicar la charla que mantuvieron durante cuatro horas con Acuña.
El Operativo Regreso comenzó poco depués de conocerse la noticia, cuando los dirigentes de la Asociación Paraguaya intentaron contactarse con el jugador en su hogar, pero no lo consiguieron porque Acuña durmió en la casa de su hermana.
Enterado del entredicho ocurrido en su ausencia, Almeida permitió que los tres jugadores citados se reúnan con Acuña para que cambie su opinión.
Por más ridícula que suene esta historia, la partida del mediocampista tiene una lectura que va más allá a la de un plato de pescado. Lo cierto es que la relación entre los jugadores de Paraguay y el técnico no es de lo más amistosa y Acuña resultó apenas un fusible.
Según aseguró el futbolista después de abandonar la concentración, "son más de 20 los jugadores que están en desacuerdo con el régimen cuartelario que impone el entrenador", aunque nadie siguió al volante en su solitaria cruzada.
El problema con el pescado no nació antenoche, pues la semana última Acuña prefirió irse a dormir sin comer antes de armar un escándalo porque los cocineros no le habían preparado pollo o carne, como había solicitado con anticipación. "Nos quieren tratar como a juveniles a los que les controlan todo. Hambre no voy a pasar y prefiero estar en mi casa para comer lo que quiera", dijo el futbolista que pertenece a Zaragoza.
Este fue apenas uno de los choques que tuvo el volante con Almeida, pues días atrás, él y otro compañero le habían pedido al técnico si podían vestirse con ropa diferente de la que usa el seleccionado.
A pocas horas del debut, un fusible saltó en Paraguay y, según comentan, bien puede ser el anticipo de un prolongado cortocircuito.


